Berlineses: un ejemplo para Panamá
Regocijo ajeno sentí cuando los canales de televisión transmitían, desde Europa, sobre todo desde los países que fueron satélites de la ex Unión Soviética, los actos de conmemoración del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. El día clave fue el 9 de noviembre, porque en esa fecha, hace 20 años, se abrió el paso de control llamado Chek Point Charlie entre Berlín oriental y occidental. Desde los días previos se generó una efervescencia lógica por la trascendencia del evento. Lo conmemoraron en grande, recordando la historia desde que se instauró la división hasta que se eliminó. Sus muertos, sus reprimidos, sus encarcelados, sus familias divididas, en fin toda la barbarie de los regímenes de fuerza contra su población.
Nación que no conoce y reverencia su historia está condenada a repetir los malos episodios y a estar como veleta al viento bajo los intereses de otras naciones.
Panamá va a cumplir 20 años de la caída de la dictadura con su paso a la democracia imperfecta y frustrante, pero democracia en fin, siendo benevolentes. Nuestro paso fue cruento, por la invasión que padecimos. En menos de 36 horas del accionar del ejército invasor hubo más muertos y lesionados que en 21 años de dictadura.
Se restablecieron las libertades democráticas conculcadas desde el primer Torrijos. Se reorganizó la vida del país. Hubo un hálito de optimismo.
¿Los panameños podremos conmemorar como lo han hecho los alemanes y otros pueblos su paso a la democracia? Pareciera que por parte de la clase política, la tradicional, esa que hoy ocupa los cargos públicos y los que fueron desplazados, no hay mayores esperanzas. Los gobernantes por lo que pareciera una sumisión a los gringos, culpables de la instalación y sostenimiento de la dictadura, como también de la barbarie que desataron para llevarse a uno de sus empleados. Y los que hoy están en oposición, porque no quieren que recordemos todo los que le hicieron a este pueblo durante los 21 años de dictadura.
Lo más importante de la conmemoración debe ser que en el altar de la patria, esa patria que durante este mes se festeja, se haga un compromiso solemne de que todas las acciones contrarias a la democracia que hoy todavía padecemos, sean eliminadas en un acuerdo nacional que nos dé la Nueva República. Dotarnos de un nuevo sistema de justicia donde no haya cabida para el tráfico de influencias y demás corruptelas, como también de un nuevo sistema político, donde el uso del dinero y el adocenante clientelismo sean perseguidos. Donde acabemos con el nepotismo y el amiguismo. Donde un funcionario no sienta que le debe el puesto a nadie, sino a su competencia. Donde los cacareados valores cívicos y morales no sean solo un enunciado sino una práctica diaria y donde rescatemos la institución familia, esa que es donde se forjan los ciudadanos.
¿Acaso podremos conmemorar adecuadamente nuestro vigésimo aniversario del 20 de diciembre?