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'bfEn guerra comercial contra China?



Empezó con acusaciones contra el comercio desleal de China, imputadas principalmente por Estados Unidos y algunos países de la Unión Europea. En especial se aludía a las jornadas de trabajo abusivas y salarios de hambre, que permitían al gigante asiático competir con ventaja. A ello se agregó el supuesto irrespeto del medioambiente y la subvaloración de su moneda, el yuan.
China siempre lo negó e hizo lo posible por acallar las críticas y los señalamientos, comprometiéndose a respetar las marcas y patentes, y firmando tratados - incluyendo su ingreso a la Organización Mundial de Comercio- , indicativo de que estaba dispuesta a respetar las reglas de juego de un comercio libre y leal.
Pese a lo anterior, prosiguieron las acusaciones, esta vez por proteccionismo. China se deleita vendiendo sus productos a un mundo abierto a precios insuperables, mientras cierra las fronteras de su inmenso mercado. No obstante, respondió con habilidad argumentando que ella era aun un país en vías de desarrollo que requería algún grado de protección. A regañadientes, su defensa fue más o menos aceptada.
Pero estalló el caso del dietilenglicol, un veneno vendido al Seguro Social de Panamá, como si fuera glicerina medicinal, y que provocó hasta ahora más de cien muertos y más del triple de víctimas con daños renales incurables. Se abrió la Caja de Pandora, esta vez cuestionando la calidad de los productos chinos.
Las autoridades de salud de Estados Unidos y Europa han puesto en la lupa todas las medicinas, dentríficos y alimentos procedentes de China. Poco después, estalló el escándalo de los juguetes de Mattel fabricados en ese país, esmaltados con pinturas con plomo. Fue el tiro de gracia.
Hoy se objeta desde la ropa hasta los lápices de crayola para niños, del mismo origen. Se acusa de que la ropa china viene con sustancias tóxicas y cancerígenas. La campaña internacional arrecia, al punto que da la impresión que todo cuanto provenga del gigante asiático es dañino o no sirve.
Asediada, China está devolviendo el golpe con la misma fórmula. No pasa un día sin que denuncie algún defecto en los productos occidentales que importa, como es el caso de bacterias en la soya de Estados Unidos y tóxicos en cosméticos europeos. Ojalá la Organización Mundial de Comercio o alguno de los tantos foros internacionales sobre la materia, propicie un retorno a la armonía y al sentido común. China y todos los exportadores tienen que esmerarse más en ofrecer a los consumidores de un mundo global productos sanos y de buena calidad, y no sólo a buenos precios.

101 años de Panamá América

 
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