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'bfPara qui'e9n o qui'e9nes es el desarrollo?


Luego de finalizada la 37 Asamblea General de la OEA, en nuestra ciudad Capital, el país ha intensificado el proceso de integración histórica, económica y política con los países de la región latinoamericana y del Caribe, abierto también a todos los pueblos del mundo. Y es que Panamá tiene que buscar en la lección de Ricardo J. Alfaro y Octavio Méndez Pereira un modo de ver las cosas del mundo, con su misma frescura, inteligencia y amplitud.
Hoy día no se puede ver el mundo, ni la política de un país, ni la acción de ningún gobierno sino con perspectiva amplia, generosidad del espíritu y amplitud del corazón. Ya pasó la época en que los gobiernos podían ser mezquinos y reducirse a un interés parcial de su momentánea circunstancia. La acción del gobierno moderno debe ser una acción de conjunto sobre la sociedad. Y una acción de mano franca y abierta, y de entendimiento de todos los sectores y de la vida de un país es fundamental para vivir y moverse en el mundo de hoy, como lo son igualmente la apertura interna para todos los sectores, cualquiera que sea su posición política, y la apertura al exterior (particularmente para Panamá, por su posición geográfica y por su Canal) con todos los países, cualesquiera que sean sus sistemas económicos y políticos.
Durante los últimos 17 años del proceso democrático, en Panamá se ha venido manifestando un proceso político que tiene numerosas e inocultables imperfecciones; pero ese mismo proceso político ha logrado ya desarrollar una conciencia de pueblo, educar a una opinión pública racional, madura y ávida de aprender la enseñanza continua de la democracia. Panamá tiene su democracia social profundamente arraigada en su sensibilidad de pueblo y nación; lo cual le da una ventaja como país para asimilar otras formas de experiencia política y para fortalecer otras maneras de conducta democrática.
Empero, conviene hacer una observación muy importante: el proceso de la democracia política tiene que darse simultáneamente con el desarrollo de la sociedad. Es decir, tiene que ser una democracia social profunda, una democracia que no sea privilegio de unos pocos ni la esgrima momentánea de intereses políticos que se encuentran accidentalmente, sino un modo de vivir y de hacer, de distribuir y de crear.
Resulta que al producirse la necesidad de vincular el desarrollo político al desarrollo económico y social, hemos llegado a una de las más difíciles etapas de nuestra vida política. Porque el desarrollo social no es precisamente una colección de obras materiales, ni una exhibición de autopistas lujosas y de kilómetros de carreteras, ni tampoco una enorme cantidad de artefactos para exhibir la vanidad de una sociedad de fáciles ingresos.
Tampoco el desarrollo social se mide por el monto del producto interno bruto (PIB). Al contrario, el desarrollo social consiste en que la producción de la riqueza material esté al servicio de los canales de distribución de la sociedad; consiste en que no sean unos pocos dentro o fuera del país los que se beneficien y aprovechen de ese producto, sino la gran masa social; y las gentes de todas las posibilidades, de todos los recursos, se incorporen a ese grado de riqueza acumulada por el progreso económico.
Finalmente, ¿cómo se mide el desarrollo social? ¿Desarrollo para qué y para quiénes? El desarrollo social no se mide con gráficos tradicionales basados en el crecimiento económico, sino en el bienestar de los ciudadanos y ciudadanas; no se mide por las alturas o por los bajos del PIB, sino por la forma como una sociedad se integra, con el mejoramiento de la educación, la protección y la seguridad social; y también por la forma como los menos protegidos económicamente pueden incorporarse al crecimiento continuo de la vida de la Nación. Concebido, planificado y ejecutado de esta manera, entonces sí podemos hablar de desarrollo social, el cual tiene mayor trascendencia para la vida de la Nación que el mero desarrollo económico.
Además corren el riesgo de que su vehículo sea removido con grúa y trasladado a un depósito de custodia, advirtieron autoridades de la Alcaldía de Panamá.
Los Decretos Alcaldicios N° 4 del 23 de febrero de 1979 y el 285 del 10 de julio de 1997, prohíben transitar y estacionar vehículos sobre la grama o césped de los parques, jardines y espacios municipales, así como arrojar desperdicios o dañar bancas, plantas, monumentos u otras instalaciones.
Esta medida se reitera debido a que cientos de conductores incurren a diario en esta falta administrativa.
  • Abandono de vehículo en vía pública (chatarra): B/.75 y retención del vehículo.

  • Estacionar autobuses, camiones y unidades de arrastre en áreas residenciales, en vía pública o en el hombro B/.75 y B/.50.

  • Vehículo mal estacionado: B/.10.

  • Estacionar en espacio para personas con discapacidad: B/.50 y duplicar sanción por reincidencia.

101 años de Panamá América

 
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