Bicentenario de la independencia del Cono Sur (II)
La independencia hispanoamericana adquiere un rasgo muy diferente a la que tuvieron los países de habla francesa o portuguesa de América Latina.
Haití en 1804 fue la primera república latinoamericana y negra en conformarse, y su proceso de dio en base a una rebelión de esclavos.
Brasil en 1822 se separó de Portugal pero sin que hubiese habido una cruenta guerra o revolución republicana. La monarquía de los Braganza se había trasladado de Lisboa (ocupada por los franceses) a Río, desde donde administró sus colonias en América, África y Asia. Cuando el rey portugués le pidió a su hijo Pedro II que retorne a Lisboa y él dijo ‘me quedo’ es que la monarquía portuguesa se dividió en dos alas familiares. Brasil no pasó por el proceso de desmembramiento y terribles guerras que balcanizaron a los Andes y América central. Por más de su primer medio siglo fue una monarquía unitaria.
Las repúblicas hispanoamericanas no nacieron de una insurrección de esclavos ni fue una división pacífica de la casa real. Se trató de un proceso intermedio entre ambos.
La independencia hispanoamericana se pareció a la haitiana en que se rompió con el viejo imperio y se dio paso a una nueva república, pero también tuvo muchos de los rasgos del Brasil pues los esclavos no fueron liberados y se mantuvo la vieja elite social en el poder.
Un elemento que distingue a las independencias hispanoamericanas de las que tuvieron Haití o Brasil es el gran rol que Londres tuvo en ellas. Londres fue la ciudad donde se concentraron los grandes libertadores de los Andes como Francisco Miranda, Simón Bolívar, Bernardo O’ Higgins, Andrés Bello y José de San Martín. En esa gesta merece mención especial al único de los próceres hispanoamericanos que murió en Londres; Juan Pablo Viscardo y Guzmán, quien fue al autor de la proclama independentista que todos esos movimientos usarían: la célebre carta a los españoles americanos.