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Bien por Pedro Meilán


Superando el escepticismo inicial y su falta de experiencia, el administrador de la Autoridad de Protección del Consumidor y Defensa de la Competencia, ha empezado con buen paso su labor. Ahora es uno; antes, con la antigua CLICAC el trabajo se compartía entre tres comisionados.
Empieza recargado, dando la sensación que cuenta con muy poco apoyo de un equipo inexperto y errático. Parece moverse más por instinto que con base y lógica. Más propenso a aporrear que a conciliar, a multar que a aconsejar, a la imposición que a la transacción. Con todo y eso, lo está haciendo bien.
Los agentes económicos se mueven con la cautela propia de un primer asalto de estudio; y procuran hacer las cosas correctamente. Ninguno se atreve a estrenar sus poderes casi omnímodos, producto de la reestructuración de la entidad. El recelo es justificado, porque hay señales de arbitrariedad e interpretaciones antojadizas. El equilibrio entre razón y fundamentalismo es precario; y seguirá siéndolo hasta que tome completo control de la nave armada con poder atómico. Las multas son ahora altísimas y los recursos escasos y endebles, frente a una institución que hace de juez y parte.
No obstante, cuando compareció ante los medios para dar nombres y direcciones de las empresas dedicadas a la venta de comida rápida que recalentaban aceite para freír, bajo marcas de servicio rimbombantes, tanto los consumidores como el resto del mercado y la ciudadanía quedaron pasmados de asombro. En contraste, antes los informes de prensa de la CLICAC se limitaban a dar reportes sin nombre, que hablaban en general de algunos establecimientos con tal o cual mala práctica, sin especificar. Ya no. El aceite refrito es cancerígeno.
Más recientemente, dio una lista de marcas de arroz que vendían grano de inferior calidad al anunciado en el paquete. Reveló sólo dos excepciones de marcas, entre una veintena, que ofrecían el grano anunciado. Ahora aprenderán.
Aquí no cabe escudarse tras el deber de confidencialidad. Los agentes económicos se deben al público consumidor, que tiene derecho a saber. Y por eso, por esta vez, ¡Bien por Pedro Meilán!

101 años de Panamá América

 
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