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Bolívar ganó otra batalla


 

Los libertadores

?Compatriotas: si dóciles a la experiencia de diez años de conflictos no dais a vuestros deseos una dirección más prudente, temo que cansados de la anarquía suspiréis al fin por la opresión y recibáis el yugo del primer aventurero feliz que se presente. Quien, lejos de fijar vuestros destinos, no hará más que prolongar la incertidumbre?.

Es difícil sustraerse del fenómeno Chávez. Desde su fracasado intento golpista compartido por el ex coronel carapintada argentino M. Seineldín, en un proyecto regional de bayonetas caladas. Desde entonces el venezolano no cejó en el empeño.

Lo consiguió cuando menos lo esperaba. Gracias a la incapacidad de los partidos políticos, a la ineptitud de un sistema corrupto, a la ceguera de la clase dominante y al hartazgo de las masas empobrecidas. El boom del petróleo y la coincidencia de gobiernos regionales surgidos del fracaso neoliberal al uso nostro, es decir: quitarle a los vasallos para dárselo a los señores, fueron los abrebocas que antecedieron al plato principal.

Al señor Hugo Chávez le han dicho más piropos que a Mis Venezuela. Loco, déspota, entrometido, charlatán, demagogo, teatrero, títere, bravucón, tirano, demonio, comunista, dictador, mesiánico y últimamente fascista, son los títulos que la prensa le dirige al presidente constitucional de Venezuela, el país que liberó a la mitad de América de la monarquía española, la misma que en Chile lo mandó callar.

El hartazgo y el vengativo pensamiento popular de que muerto Sansón hay que acabar con todos los filisteos no son suficientes para sostenerse en el poder. Se puede estar en desacuerdo con ciertas políticas neoconservadoras y en especial con las dirigidas hacia América Latina en los últimos años, pero lo que no se puede es utilizar la mala democracia para tirarse al vacío de un proyecto incierto. La respuesta ha sido un rotundo no.

La verborrea en los medios y en los corrillos del patio sobre el alcance del rechazo a este proyecto llamado genéricamente socialista y armado también al uso nostro, de golpe y porrazo, no se hizo esperar. Chávez postergó su proyecto, pero el azar terminó por legitimar su gobierno. La oposición podrá seguir piropeándolo, pero no podrá decir que burló la democracia. El pueblo ha dicho que no acepta cambio de sistema, pero quiere cambio de actitudes. A mi modo de ver perdió la ideología, el bolivarismo vernáculo y ganó la libertad. La idea de Bolívar.

101 años de Panamá América

 
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