Bolívar, Marx y Chávez
El presidente venezolano Hugo Chávez sufre de una gran confusión de ideas; eso tan sólo sería un comentario anecdótico si no fuera el presidente de la principal potencia petrolera de la región y no se hubiera embarcado en una carrera armamentista realmente preocupante. A fuerza de sus delirios y contradicciones llevará a su país, y tal vez a la región, a una grave crisis. Mientras acusa al gobierno norteamericano de todos los males del planeta y se opone al libre comercio, al pago de la deuda externa y todos los demás lugares comunes del discurso de la izquierda trasnochada, Venezuela exporta, libremente valga decir, el 90% de su producción petrolera al mercado norteamericano, y ya lleva pagado el 60% de su deuda externa.
Así de contradictoria es también la llamada revolución bolivariana marxista. Cualquiera que se preocupe en leer un poco de historia descubrirá que Bolívar era lo menos parecido a un socialista y que Marx lo detestaba. En 1858, un editor norteamericano llamado Charles Dana le pidió que redactara un ensayo biográfico sobre Bolívar para la "New American Cyclopedia". En él Marx describió a Bolívar como un ser cobarde, traidor, corrupto, débil, desertor, vano y déspota. Específicamente lo acusó de haber secuestrado a Miranda para entregárselo a los españoles y lo llamó "Napoleón de las retiradas". Para Marx, las victorias militares de Bolívar se dieron gracias a los oficiales y mercenarios extranjeros, particularmente británicos, y no a las capacidades militares del Libertador, al cual sólo le concedía una gran capacidad oral y de redacción de manifiestos. Cuando Dana le reclama el "estilo prejuiciado" de su ensayo, este le comenta a Federico Engels, en una carta del 14 de febrero de 1858, que "Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable".
Ante tal andanada marxista, cabe preguntarse cómo se puede ser marxista y bolivariano a la vez. Sólo una personalidad completamente esquizofrénica podría pretender la simbiosis de dos pensamientos tan distantes como el de Marx y el de Bolívar. Cuando este dechado de contradicciones y delirios se pone a financiar a círculos afines, tan ignorantes o mandases que no reconocen la contradicción, para exportar su revolución a nuestras tierras, no podemos tomar la amenaza a la ligera sólo porque pensemos que el hombre está loco. No hay nada peor que un loco con iniciativa.
Así de contradictoria es también la llamada revolución bolivariana marxista. Cualquiera que se preocupe en leer un poco de historia descubrirá que Bolívar era lo menos parecido a un socialista y que Marx lo detestaba. En 1858, un editor norteamericano llamado Charles Dana le pidió que redactara un ensayo biográfico sobre Bolívar para la "New American Cyclopedia". En él Marx describió a Bolívar como un ser cobarde, traidor, corrupto, débil, desertor, vano y déspota. Específicamente lo acusó de haber secuestrado a Miranda para entregárselo a los españoles y lo llamó "Napoleón de las retiradas". Para Marx, las victorias militares de Bolívar se dieron gracias a los oficiales y mercenarios extranjeros, particularmente británicos, y no a las capacidades militares del Libertador, al cual sólo le concedía una gran capacidad oral y de redacción de manifiestos. Cuando Dana le reclama el "estilo prejuiciado" de su ensayo, este le comenta a Federico Engels, en una carta del 14 de febrero de 1858, que "Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable".
Ante tal andanada marxista, cabe preguntarse cómo se puede ser marxista y bolivariano a la vez. Sólo una personalidad completamente esquizofrénica podría pretender la simbiosis de dos pensamientos tan distantes como el de Marx y el de Bolívar. Cuando este dechado de contradicciones y delirios se pone a financiar a círculos afines, tan ignorantes o mandases que no reconocen la contradicción, para exportar su revolución a nuestras tierras, no podemos tomar la amenaza a la ligera sólo porque pensemos que el hombre está loco. No hay nada peor que un loco con iniciativa.