Borrón y cuenta nueva
En el pasado reciente con demasiada frecuencia me sentí cohibido por estar escribiendo repetidamente acerca de la corrupción que campea en nuestro país, en todos los sectores. También sentí ganar muchos malquerientes por decir verdades descarnadas. No obstante, me complace observar que muchas otras personas dicen lo mismo. Igual me siento ahora que estoy empezando a cantaletear sobre la ausencia de prácticas democráticas en todos los sectores, pero principalmente en el ámbito político. Nadie puede negar que la tosudez de los funcionarios públicos, a todos los niveles, al negarse a tomar acciones que las grandes mayorías claman, puede llevar a explosiones que bien se pudieran prevenir.
Si los políticos prestaran mayor atención a los problemas reales del país, comenzando con la corrupción rampante, el desempleo, y la cuasirecesión, no tendríamos, creo, que preocuparnos por tranques de los transportistas, de los trabajadores, de los estudiantes. Peor, dirigentes empresariales del CONEP y el SIP no organizarían sus propios “tranques” negándose, por ejemplo, a participar en los grupos que estudian los problemas de la CSS, o creando divisiones nocivas entre sus propios colegas. Y es que parece que todo el mundo está por su bolsillo y poco le importa Panamá y su gente.
Los más humildes contribuyen al desbarajuste cerrando constantemente las calles y organizando demostraciones que las más de las veces afectan adversamente la ya desmejorada economía nacional y de paso empeoran la situación de las personas que dicen representar. Un ejemplo, que sería cómico, de no ser porque demasiada gente está comiéndose un cable, es el que oí recientemente: Durante una demostración de MODESCO en Colón un comerciante que observa llama a uno de los manifestantes y le ofrece un camarón. Este inmediatamente se apoya contra la pared, alza el brazo izquierdo y coloca su mano derecha sobre su pecho y exclama, ¡Por qué me la velas a mí! Conclusión, las soluciones que el país necesita no son cuestión de clases sino de corazones, de voluntades. Otro ejemplo que nadie puede negar es la tiradera de basura en calles, ríos y quebradas.
Y volvamos a los políticos. Los del gobierno han fallado porque no han demostrado que sinceramente van a combatir la corrupción. El escudo de que los acusadores de prácticas corruptas deben presentar pruebas tiene más huecos que un cernidor. Una acción tan sencilla como la de divulgar detalles sobre los fondos discrecionales de la presidencia hubiera ganado mucha credibilidad para el gobierno. Los de la oposición, que están más visibles en el Legislativo, también prometen muchas bellezas, sin embargo, nunca han divulgado las planillas de la Asamblea. Y todos sabemos por qué. El nuevo presidente de la Asamblea ha empezado su turno con afirmaciones que denotan buena voluntad pero seguidamente anuncia que se tratará de rebajar el salario de los altos funcionarios, menos el de los ministros. Y los ingresos de los “honorables” legisladores quedan en el vacío.
Aparentemente el Ejecutivo no quiere tocar las famosas partidas circuitales. Tal vez será porque la mayoría META le caería en pandilla o quizás porque las mismas pueden ser un as bajo la manga. Fuera de la Asamblea, otros supuestos líderes se aprovechan del sistema político antidemocrático imperante para preservar cascarones de partidos políticos y ocupar puestos públicos. Poco les importa acabar con la podredumbre política. No reformarán la constitución, las leyes, el `statu quo´. No impondrán un borrón y cuenta nueva. Maniobrarán, aplicarán estrategias y tácticas para salirse con la suya. Los principios morales no cuentan. Apoyarán a quien les convenga. ¡Cuándo arrasaremos con los politiqueros saltimbanquis!
Si los políticos prestaran mayor atención a los problemas reales del país, comenzando con la corrupción rampante, el desempleo, y la cuasirecesión, no tendríamos, creo, que preocuparnos por tranques de los transportistas, de los trabajadores, de los estudiantes. Peor, dirigentes empresariales del CONEP y el SIP no organizarían sus propios “tranques” negándose, por ejemplo, a participar en los grupos que estudian los problemas de la CSS, o creando divisiones nocivas entre sus propios colegas. Y es que parece que todo el mundo está por su bolsillo y poco le importa Panamá y su gente.
Los más humildes contribuyen al desbarajuste cerrando constantemente las calles y organizando demostraciones que las más de las veces afectan adversamente la ya desmejorada economía nacional y de paso empeoran la situación de las personas que dicen representar. Un ejemplo, que sería cómico, de no ser porque demasiada gente está comiéndose un cable, es el que oí recientemente: Durante una demostración de MODESCO en Colón un comerciante que observa llama a uno de los manifestantes y le ofrece un camarón. Este inmediatamente se apoya contra la pared, alza el brazo izquierdo y coloca su mano derecha sobre su pecho y exclama, ¡Por qué me la velas a mí! Conclusión, las soluciones que el país necesita no son cuestión de clases sino de corazones, de voluntades. Otro ejemplo que nadie puede negar es la tiradera de basura en calles, ríos y quebradas.
Y volvamos a los políticos. Los del gobierno han fallado porque no han demostrado que sinceramente van a combatir la corrupción. El escudo de que los acusadores de prácticas corruptas deben presentar pruebas tiene más huecos que un cernidor. Una acción tan sencilla como la de divulgar detalles sobre los fondos discrecionales de la presidencia hubiera ganado mucha credibilidad para el gobierno. Los de la oposición, que están más visibles en el Legislativo, también prometen muchas bellezas, sin embargo, nunca han divulgado las planillas de la Asamblea. Y todos sabemos por qué. El nuevo presidente de la Asamblea ha empezado su turno con afirmaciones que denotan buena voluntad pero seguidamente anuncia que se tratará de rebajar el salario de los altos funcionarios, menos el de los ministros. Y los ingresos de los “honorables” legisladores quedan en el vacío.
Aparentemente el Ejecutivo no quiere tocar las famosas partidas circuitales. Tal vez será porque la mayoría META le caería en pandilla o quizás porque las mismas pueden ser un as bajo la manga. Fuera de la Asamblea, otros supuestos líderes se aprovechan del sistema político antidemocrático imperante para preservar cascarones de partidos políticos y ocupar puestos públicos. Poco les importa acabar con la podredumbre política. No reformarán la constitución, las leyes, el `statu quo´. No impondrán un borrón y cuenta nueva. Maniobrarán, aplicarán estrategias y tácticas para salirse con la suya. Los principios morales no cuentan. Apoyarán a quien les convenga. ¡Cuándo arrasaremos con los politiqueros saltimbanquis!