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Botar el voto


A medida que se aproxima el 2 de mayo de 1999 como fecha de las elecciones nacionales para elegir al nuevo (a) presidente, a los legisladores, a alcaldes y a representantes de corregimiento y concejales, se acerca la hora para decidir por quién votar para mucha gente que tiene serias dudas en cuanto a depositar su voto por un candidato presidencial que, con su candidatura, más bien tiende a favorecer las opciones de otro.
En la presente circunstancia, se presentan dos claros favoritos con posibilidades para triunfar en los comicios aludidos, mientras que existe un tercero que, aunque no se lo haya propuesto, está contribuyendo a restarle votos a quien tiene la real probabilidad de vencer a la alianza encabezada por el P.R.D.
Es una situación casi idéntica a la de 1994, cuando surgieron, de seis candidaturas presuntamente contrarias al P.R.D.: la de M. Moscoso como verdadera contendora; las de los Rubenes (Blades y Carles) como divisionistas de las fuerzas civilistas; y, las de mantequilla que, para donde se fueran, no hacían ni fu ni fa (Eduardo Vallarino por el P.D.C. Lewis por Solidaridad y S. Muñoz por el Panameñismo Doctrinario) ni alteraban resultado alguno.
Obviamente que el P.R.D le resulta indispensable que la oposición a su alianza, que lo venció por 65% a 35% en el referéndum del pasado agosto, se mantenga dividida hasta el final para con su caudal de 35% a 38% de votos válidos triunfar sobre los divididos, de igual forma que sobre ellos triunfó con un 33.3% en 1994. Por eso no ha escatimado esfuerzo por convertir en perseguida a la nómina más débil con el propósito de granjearle simpatías dentro de la masa de la oposición, las que se restarían del caudal de la más fuerte. Con ello, buscan igualarlas lo más posible para que la mayor nunca alcance a sobrepasar ese 38%, que es el techo posible del P.R.D. y sus aliados.
Por otro lado, y como parte de su estrategia, tratan de desanimar al votante opositor para que no vote por nadie, desacreditando a los candidatos que encabezan esas nóminas presidenciales por cualquier supuesta deficiencia, que el P.R.D. quiere tachar de falta, como si eso fuera suficiente motivo para abstenerse de votar por la oposición, o para hacerlo en blanco. Independientemente de cualquier crítica que pueda caberle a las candidaturas opositoras, ninguna puede arribar a la categoría de las que con holgada razón se le calzan al P.R.D. desde que este nefasto partido fue fundado por la dictadura militar dirigida por un señor Torrijos.
Por ello, por más que en la campaña electoral actual el P.R.D. quiera cubrir a su candidato con piel de oveja, haciéndolo aparecer inocente de los atropellos y crímenes perpetrados durante la dictadura -lo cual es cierto porque como niño y joven no tuvo injerencia- y, luego, de las lesiones patrimoniales y desafueros asestados al país y a la mayoría de sus habitantes, respectivamente, durante la actual gestión gubernamental en una abusada democracia- en los que él sí ha participado, aunque sin saberse el grado de responsabilidad-; no pueden tapar las orejas del lobo que se asoma detrás de la figura del de la piel de oveja. Porque definitivamente ese candidato fue partido por el P.R.D. y es ingenuo pensar que se pueda transformar en un matricida que acabe con su progenitora. El tendrá que honrarla y obedecerla sin poder zafarse de sus tentáculos aunque se lo propusiera. Por algo se dice "que no se le pueden pedir peras al olmo", por lo que sería un milagro que de semejante árbol tal fruta se produjera.
Ante la real amenaza de que por la división de la oposición al P.R.D. este partido lograra la victoria, no hay argumento lo suficientemente válido como para que los simpatizantes de la candidatura más débil (la de Alberto Vallarino) o los que no simpatizan por ninguna, no reflexionen o voten por la más fuerte (la de M. Moscoso), para evitar cometer el error de 1994. No deben dejarse engañar por la propaganda que insiste que lo más importante es escoger entre las propuestas de las alianzas sin voltear a ver quiénes son sus proponentes, como si los programas de gobierno para atraer votantes fueran viables con su mera promesa y los ejecutara con probidad la Divina Providencia. Si sólo de prometer se tratara, cualquiera puede ofrecer la luna y las estrellas, y después, que los decepcionados vengan a reclamar.
La disyuntiva y el peligro son reales: o se vota por la candidatura de oposición más fuerte, aunque no sea de su completo agrado, o puede ganar el P.R.D. Por lo que tampoco hay que cegarse y, por una mal entendida sobrevivencia de partidos o por insuperable antipatía, se vote obstinadamente por la candidatura más débil y se ponga en riesgo el triunfo de la oposición. Ello equivaldría a quitarse un dolor de cabeza con guillotina, por no usar aspirina, Dios los ilumine y evite que boten su voto. De nada sirve que, si lo botan, después se arrepientan, pues de arrepentidos está el infierno lleno.

101 años de Panamá América

 
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