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Brasil: ¿cambio de rumbo o continuidad?


En su particular manera de ver la realidad, el viejo Hegel decía que ésta podía ser entendida como “síntesis” de múltiples determinaciones. Con ello expresaba, entre otras ideas, que la realidad siempre compleja tenía que ser estudiada a profundidad si se deseaba entender en toda su dimensión. Lo de Brasil se convierte en un excelente tema para analizar la validez de aquella vieja dialéctica.
El 6 de octubre ocurrieron las elecciones presidenciales en Brasil, país continente a decir de muchos, cuyos resultados revisten mucha importancia y que abren una ancha perspectiva no sólo a la situación política de la nación sudamericana, sino que al conjunto del continente. Brasil es la novena economía del mundo, con un peso demográfico de 180 millones de habitantes, de los cuales cerca de 53 millones son pobres, con un grado de concentración de la tierra cultivable que implica que dos terceras partes de la misma están en manos privadas y con un crecimiento del PIB durante los últimos cuatro años que no supera el 1.7%; es decir, con una economía en recesión. Las consecuencias sociales de esa situación objetiva no debiera extrañar a nadie. El movimiento social, encarnado en la protesta popular en las grandes ciudades brasileñas y un movimiento de campesinos sin tierra sin precedentes, han logrado constituir una sólida plataforma social que ha podido construir un partido obrero con opción de poder.
En las elecciones del 6 de octubre, la primera enseñanza es que el electorado, por razones múltiples, se ha corrido hacia la izquierda política. Más allá de sus diferencias, de los seis candidatos a la Presidencia del Brasil, cinco tienen un perfil de izquierda. Entre ellos obtuvieron cerca de 70 millones de votos y ganaron 26 de los 27 estados federados.
Pero lo más notable es que, dentro de la izquierda brasileña, el peso del Partido de los Trabajadores es muy grande. La candidatura de Lula obtuvo cerca de 40 millones de votos, ganando aún en el Estado de Sao Paulo, tradicional sitio de la poderosa burguesía brasileña. Una situación tal que sólo se había dado, nos parece, en Chile en 1970, en que el peso de los partidos obreros en la Alianza triunfadora era notablemente más importante. Con todo, las diferencias entre el Chile de entonces y el Brasil de hoy no son de poca monta. Aquel proceso chileno se dio en el marco de la lucha por el socialismo, en un período de ascenso de la lucha mundial y de equilibrio de la guerra fría; en tanto que Brasil actual se produce en el marco de una recuperación democrática, de recuperación del movimiento de masas y en un mundo polarizado y sin los equilibrios del anterior a 1989. Ello imprime notables diferencias. Lo mismo con la Alianza que gobernó la Argentina, en la que el Frente País Solidario (sector de la izquierda) no tuvo ni el perfil ni el peso del PT brasileño.
Aunque sólo se ha ganado la primera vuelta, no parece posible que Lula pueda perder la segunda, dado el apoyo del PPS, de figuras legendarias como Brizuela o Magalhaes y de los votos del conjunto de la izquierda más radical.
¿Qué se puede esperar del triunfo de Luiz Ignacio da Silva ? Creo que dos escenarios son posibles: O el movimiento social impulsa la radicalización del proceso brasileño, incorporando métodos de lucha distintos, desbordando al gobierno o, por el peso de la burguesía brasileña en la alianza gubernamental, el gobierno puede contener las movilizaciones sociales, con las consecuencias previsibles.
La presión norteamericana no dejará de expresarse a través de los organismos financieros internacionales y de la presión militar.
Sólo que las condiciones del entorno sudamericano empieza a moverse en sentido distinto y los movimientos políticos y sociales alternativos parecen empezar a recuperarse de años de violencia y persecución. La crisis política de la Argentina parece profundizarse; la situación del Uruguay parece inclinarse hacia la izquierda (una reciente encuesta determinó que si las elecciones presidenciales fueran hoy, el Frente Amplio, es decir, la izquierda ganaría las elecciones en la primera vuelta), la situación del Paraguay tiende a deteriorarse, y qué decir de Venezuela y Colombia.
Lula triunfará en la segunda vuelta el 27 de octubre. El proceso brasileño empieza a sentirse en el conjunto del continente e inclinará la balanza hacia las fuerzas populares. Sin duda vivimos en un continente terco. Aprendamos en Panamá la lección del Brasil.

101 años de Panamá América

 
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