Brasil decide su destino
Nunca en la historia de Brasil el destino de la gran nación sudamericana, la cuarta democracia, del mundo ha estado en el cerebro de un obrero metalúrgico, socialista de convicción, leal a los pobres de corazón. Como sucedió con Francois Mitterrand en Francia, Luiz Inácio da Silva, conocido como Lula en las favelas y en los gabinetes de los ejecutivos de las trasnacionales, intenta por enésima vez romper la aglutinación de sus adversarios en la segunda vuelta y se juega el todo por el todo para ganar en la primera ronda de las elecciones.
Pero aún en la segunda vuelta, a diferencia de lo que antes aconteció, los brasileños decepcionados por los anteriores gobiernos de corte centrista o neoliberal, pueden darle una oportunidad, tal como vaticinan las encuestas de voto.
En estos adelantos de la voluntad popular gana Lula con porcentaje que roza el 50% más uno, requerido para ganar en el primer envión. Pero en los sondeos de las calificadoras de riesgo, en los medios de Wall Street y en general en los ámbitos empresariales de América Latina, se teme que Lula dirija un gobierno más o menos desastroso, que ahuyente la inversión privada extranjera.
Pero si las antítesis políticas a Lula fueran positivas, Brasil no estaría como está ahora, con una gigantesca deuda externa, con una moneda cíclicamente devaluada, desempleo galopante y males sociales demostrativos de la inefectividad de las recetas neoliberales que aplicaron los ministros de Fernando Henrique Cardoso y otros ministros de regímenes anteriores.
Un razonamiento algo cínico pero realista de que ya no se puede estar peor, lleva a muchos brasileños a pensar en una salida de tipo socialdemócrata que proteja a las masas de los remezones de la economía globalizada, que no ha exportado bienestar sino pobreza, que propicia el contagio del descalabro de países vecinos como Argentina y Uruguay.
En una región mucho tiempo gobernada por generales o poderosos, la presidencia de Lula constituiría una indiscutible mudanza de dirección, proclama The Economist de Londres.
Falta experimentar el costo del cambio ideológico para salir de dudas y determinar si el nuevo gobierno brasileño logra reestructurar, favorable o negativamente, el estilo de vida de un país muy grande, muy influyente, muy decisivo sobre el rumbo general de la región.
Pero aún en la segunda vuelta, a diferencia de lo que antes aconteció, los brasileños decepcionados por los anteriores gobiernos de corte centrista o neoliberal, pueden darle una oportunidad, tal como vaticinan las encuestas de voto.
En estos adelantos de la voluntad popular gana Lula con porcentaje que roza el 50% más uno, requerido para ganar en el primer envión. Pero en los sondeos de las calificadoras de riesgo, en los medios de Wall Street y en general en los ámbitos empresariales de América Latina, se teme que Lula dirija un gobierno más o menos desastroso, que ahuyente la inversión privada extranjera.
Pero si las antítesis políticas a Lula fueran positivas, Brasil no estaría como está ahora, con una gigantesca deuda externa, con una moneda cíclicamente devaluada, desempleo galopante y males sociales demostrativos de la inefectividad de las recetas neoliberales que aplicaron los ministros de Fernando Henrique Cardoso y otros ministros de regímenes anteriores.
Un razonamiento algo cínico pero realista de que ya no se puede estar peor, lleva a muchos brasileños a pensar en una salida de tipo socialdemócrata que proteja a las masas de los remezones de la economía globalizada, que no ha exportado bienestar sino pobreza, que propicia el contagio del descalabro de países vecinos como Argentina y Uruguay.
En una región mucho tiempo gobernada por generales o poderosos, la presidencia de Lula constituiría una indiscutible mudanza de dirección, proclama The Economist de Londres.
Falta experimentar el costo del cambio ideológico para salir de dudas y determinar si el nuevo gobierno brasileño logra reestructurar, favorable o negativamente, el estilo de vida de un país muy grande, muy influyente, muy decisivo sobre el rumbo general de la región.