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Brasil: Un futuro con Lula


Hace cuatro meses, un reportero de National Geographic visitó Salvador Bahía, en un encuentro con las raíces africanas del pueblo brasileño. Indiscutiblemente, lo maravilló la danza llamada samba, las hermosas playas del Atlántico y la amistad de ese pueblo.
Pero descubrió algo muy sutil, que denotaba algo raro en la clase política del coloso sudamericano. Supo que una nueva gobernadora había sido electa en Bahía, siendo la primera mujer negra en llegar hasta semejante puesto gubernamental. De inmediato, el reportero norteamericano se preguntó: ¿cómo puede ser que los mestizos, los afroamericanos y la clase baja brasileña nunca logró acceder a altos puestos de gobierno, en 500 años de vida occidental?
Igual imagen descubre uno cuando llega a Río de Janeiro, la otrora capital de Brasil. Mientras la opulencia predomina en los barrios lujosos frente a las playas de Ipanema y Copacabana, a pocos kilómetros las favelas reflejan un recodo de indiferencia a las clases obreras, pues la pobreza extrema, la falta de servicios públicos como agua y luz eléctrica, además de la delincuencia, se han apoderado de esas zonas de la ciudad carioca.
Luiz Inácio "Lula" da Silva, un jornalero metalúrgico que ha luchado por hacer un programa social abierto para los más de 170 millones de brasileños, aparece favorito en los comicios que se efectúan en el coloso sudamericano. El líder obrero conoce muy bien los casos arriba expuestos, en donde la política tradicional brasileña, conformada por partidos de la clase media alta apoyados por los frentes empresariales, ha menospreciado al motor mismo del poderío industrial verde amarela: los trabajadores brasileños.
En el lado contrario, aparece José Serra, cuadro de los empresarios y de los políticos tradicionales. El ex ministro de Salud y actual senador oficialista, Serra tiene escasa popularidad -aunque ocupa un segundo lugar en los sondeos de opinión (20%)- y ahora enfrenta todos los males del gobierno de turno: los déficit del partido del presidente Fernando Enrique Cardoso, el Social Demócrata Brasilero (PSDB): su falta de estructura y cuadros, su limitada capacidad de convocatoria, además de la incapacidad para acabar con la delincuencia, la caída del real (la moneda brasileña) y el desempleo.
Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, tiene más del doble de intención de voto a su favor (45%) y se piensa que pueda lograr el 51% de los votos de los más de 115 millones de electores, lo cual le permitiría ganar en la primera vuelta los comicios.
Según el periodista Juan Gaundezi de Radio Netherland, el resultado de estas elecciones (haya o no segunda vuelta) ya está definido en favor de Lula, como opinan analistas y académicos de la talla de Jose Arthur Gianotti, filósofo de la Universidad de San Paulo.
Gianotti dice que el modelo neoliberal brasileño, que en la última década impusieron los economistas de la Pontificia Universidad Católica (PUC), de Río de Janeiro, con el ex presidente del Banco Central, Gustavo Franco, a la cabeza, será el gran perdedor de las elecciones, si gana Lula.
La BBC de Londres describe a Lula como un vívido personaje de un cuento de Charles Dickens. El líder obrero se postula a la Presidencia de Brasil por cuarta vez en 13 años, tras ser derrotado en 1989 por Fernando Collor de Melo, y en 1994 y 1998 por el actual presidente, Fernando Henrique Cardoso.
Lula trabajó desde los siete años de edad como vendedor callejero, lustrabotas y más tarde obrero metalúrgico. A los 19 años, ya convertido en mecánico tornero, vio el dedo meñique de su mano izquierda amputado en una prensa mecánica, cuando un compañero de trabajo fue vencido por el sueño en el turno de la madrugada.
A los 24 años empezó a militar en el sindicato de metalúrgicos y su vida cambió. En 1975 fue elegido presidente de un sindicato de 180,000 miembros, y en 1979 proclamaba la necesidad de crear un partido propio, de los trabajadores. Movido por esta idea, al año siguiente fundó el Partido de los Trabajadores (PT), del cual es hasta hoy presidente honorario, y tres años más tarde participó en la creación de la Central Única de Trabajadores (CUT).
Para sus partidarios, decepcionados ante los escasos logros sociales alcanzados por Cardoso en sus ocho años de gobierno, Lula es la única esperanza para 30 millones de desposeídos en un mundo globalizado, que consideran gobernado por el Fondo Monetario y las grandes empresas transnacionales.

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