default

Buen comienzo de la Procuradora


CONTRARIO A lo acontecido en el Organo Judicial, donde han fracasado todos los intentos por implantar una administración de justicia honesta y eficiente, la nueva procuradora general de la Nación, Ana Matilde Gómez, acaba de manifestar que no es posible conseguir dichos objetivos para el Ministerio Público, sin antes depurar los nichos de ineficiencia y corrupción existentes dentro del aparato.
Durante demasiado tiempo, fiscales y personeros se dedicaron a perseguir a denunciantes y periodistas, y a viciar intencionalmente las investigaciones penales, para posibilitar la defensa y liberación de criminales, incluyendo de narcotraficantes y de delincuentes de cuello blanco, responsables de delitos financieros. En otras ocasiones -acaso en la mayoría- sus expedientes son armados con tal desgreño, que hace pensar en una actitud dolosa.
Con frecuencia, los jueces ordenan ampliaciones porque se omite la práctica de elementales pruebas periciales, interrogatorios y ratificaciones. Y en otras, incurren en nulidades, permitiendo que prescriban las acciones. Contrasta, sin embargo, esa cuestionable práctica, con la agilidad y diligencia que exhiben para citar a periodistas y comunicadores por delitos obsoletos y ridículos como los de calumnia e injuria, que en países modernos tienen otro tipo, más eficaz, de tutela. Afortunadamente, la Procuradora Gómez conoce el monstruo por dentro, porque sirvió dentro de él durante la mayoría de sus años de práctica abogadil. Y sabe perfectamente que las buenas intenciones no bastan; y que es menester dotarse de un equipo de gente buena, eficiente y honesta.
Crear nuevos recursos en medio de borrascas políticas o económicas, eso no lo hace cualquier institución ni cualquier funcionario. El Banconal lo han hecho estoicamente durante décadas.
La Banca privada no tiene las responsabilidades sociales que sí cumple el Banconal. Hasta en el más recóndito lugar del país está su personal para orientar, guiar y prevenir las malas prácticas que pudieran destruir la producción.
No es justo, entonces, que intermediarios financieros utilizaran su capital, quedándose para sí las mejores tajadas de la sandía y dejándole a la institución estatal sólo migajas, rescoldo de un placer desventurado.
No hay razón justificable para recortarle funciones bancarias de ningún tipo, aunque no es esta la primera vez que se lanza al aire esta descabellada idea para ver quién la recoge para sustituirla por otra que convenga más a determinados intereses. Su personal no lo permitirá, demostrando plena capacidad competitiva dentro del mercado panameño.
¿Será esto último lo que le molesta a algunas personas?
Démosles más capacidad de acción al Banco Nacional de Panamá y endurezcamos los artículos del Código Penal para los futuros administradores que no levanten el honor y la riqueza de la Institución cada día más.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América