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Buscando la convergencia


EN EL ARTÍCULO QUE publiqué la semana pasada concluí afirmando que con sólo suspicacia nada puede construirse que represente el comienzo de un segundo siglo aún más positivo y más justo que el primero para nuestra Patria y nuestro pueblo.
Esto es particularmente verdad cuando de lo que se trata es de alcanzar para un pueblo, un desarrollo humano sostenible dentro de un marco auténticamente democrático. Montesquieu en su "El espíritu de las Leyes", explica por qué lo anterior es así:
"La virtud, dice él, en una República, es la cosa más sencilla: es el amor a la República, es un sentimiento y no una serie de conocimientos, el último de los hombres puede sentir ese amor como el primero. Cuando el pueblo tiene buenas máximas, las practica mejor y se mantiene más tiempo incorruptible que las clases altas. Es raro que comience por él la corrupción. Muchas veces, de la misma limitación de sus luces, ha sacado más durable apego a lo estatuido". (Libro V, Cap. 1 a 3).
En otras palabras, el régimen político democrático requiere no solo ciertos conocimientos que pueden ser relativamente mayores o menores según la circunstancia de la cultura del pueblo y de sus élites. Requiere sobre todo, una afectividad orientada hacia lo que podríamos llamar una amistad cívica, en la cual sentimos benevolencia los unos por los otros y conjuntamente sentimos apego a las instituciones. La lealtad es un fruto de esta amistad y se orienta tanto hacia las instituciones que caracterizan al régimen democrático como hacia a las personas que forman parte de él.
No puede darse la amistad cívica, que ella es un componente de la lealtad, ni por lo tanto la misma lealtad puede subsistir, si no están enraizadas en el mundo de las virtudes afectivas. Estas requieren un sentido de la igualdad fundamental entre los ciudadanos por lo menos la igualdad ante las Leyes. Para ser real esta libertad ante las Leyes hace falta que la lealtad no se vea condicionada por drásticas diferencias en la educación y en el bienestar de los conciudadanos. Este sentido de la igualdad le pone límites a una ambición excesiva y a la concentración, también excesiva, del poder.
El amor patrio se acompaña de un agudo sentido de fraternidad política entre los hombres y de una aceptación de que todo poder político debe ser limitado y encontrar su contrapeso en la sociedad. Si tenemos esto en mente y en nuestra práctica de vida, tendremos más predisposición a evitar la corrupción y también a rendir un servicio a nuestro prójimo y a nuestro Estado que favorezca la equidad.
Muchos de los artículos que se han escrito sobre la ampliación del Canal, la consideran como un acto meramente físico con implicaciones financieras y económicas. No caen en cuenta que así como nuestros próceres estaban conscientes que ellos aspiraban a la República y al Canal indisociablemente, nosotros debemos buscar alcanzar a la vez una identidad cada día más profunda y alcanzar el perfeccionamiento de nuestras instituciones democráticas lo más efectivo posible.
Solo en la medida en que logremos que un Canal más amplio y más productor de riqueza, conduzca a una sociedad panameña más transparente, porque es más limpia; más justa, porque es más equitativa; y más beneficiosa, porque es más productiva, solo en esa medida será la ampliación del Canal no solamente posible sino necesaria para que los panameños y panameñas podamos realizar nuestro sueño para Panamá y para nuestro pueblo en el segundo siglo como nación independiente.
El Licdo. Manfredo ha tenido un papel importante en el debate que se ha estado dando en los últimos meses sobre la ampliación del Canal. Desgraciadamente él no ha explicado por qué razón ha cambiado su posición tan radicalmente a pesar de que se puede argumentar que él tiene el deber de hacerlo, precisamente por los altos cargos que ejerció durante 11 años, ya que fue en ese período el panameño con más alta responsabilidad canalera.
En el Foro sobre la "Competitividad del Canal de Panamá y el Tercer Juego de Esclusas", organizado por Panamá América, el 12 de julio del 2000, el Licdo. Fernando Manfredo afirmó lo siguiente con respecto a las ventajas para Panamá del tercer juego de esclusas:
1. "Dará seguridades a la industria marítima y a los dueños de cargas, que son usuarios del Canal, que de materializarse los pronósticos de tránsito de 1997, que ellos conocieron durante la Celebración del Congreso Universal del Canal de Panamá de ese año, la vía acuática tendrá capacidad en ese momento. De esa manera evitamos que empiecen a hacer planes para desviar el uso del Canal por otras rutas o medios de transporte. El éxito de la construcción y en la consiguiente operación del canal ampliado con el Tercer Juego de Esclusas, tendrá efectos beneficiosos en cuanto a que dará a nuestro país una fuente estable de ingresos durante el siglo que acaba de iniciarse".
Al final de su intervención afirmo el Licdo. Manfredo con mucha sensatez: "Para la toma de decisión el Gobierno Nacional deberá establecer políticas claramente definidas y formular un consenso nacional entre las instituciones sociales y la gente, en apoyo a la decisión de construir el Tercer Juego de Esclusas antes de la fase final del diseño o el inicio de la construcción".
Es una pena, que en vez de ayudar a estructurar ese consenso nacional, el Licdo. Manfredo haya afirmado con otras personas documentos marcadamente negativos con respecto a la propuesta que ha hecho la Autoridad del Canal de Panamá, ha aprobado el Presidente y el Consejo de Gabinete y ha llevado a que se convoque a un referéndum con el aval de 75 Diputados, es decir, todos los que se encontraban en el hemiciclo.

101 años de Panamá América

 
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