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Buscando título para un film


"La vida es sueño" Calderón de La Barca. Anoche soñé que me habían encomendado la ardua tarea de escribir el guión para un film internacional de largo metraje, cuyos productores eran Gregory Peck y Walt Disney Productions. Resabios del subconsciente, porque en la vida real yo sí trabajé con ellos cuando ejecutaron rodajes en Panamá para sus películas "Dove" y "Herbie goes banana", respectivamente. En ese entonces yo desempeñaba el cargo de Directora de Promoción en el Instituto Panameño de Turismo (IPAT). Pero estas experiencias no fueron de ayuda efectiva en mis sueños. El tema elegido era para destacar la importancia de EXPORTAR el producto turismo y de EXPLOTAR el mismo, como medio eficaz para combatir el desempleo. No se había seleccionado aún el título y era mi responsabilidad hacerlo.
Pero no sé qué sucedió cuando mis sueños se estaban llevando a cabo con serenidad y profesionalismo en la ciudad capital. Con gran pericia se filmaron escenas en la Avenida Balboa, los nuevos hoteles modernos, el centro bancario, los restaurantes y la vida nocturna. Inesperadamente, como por encanto y sin que nadie los hubiera contratado, aparecieron dos grupos antagónicos a quienes un hombre extranjero que tenía una pequeña fábrica de ropa masculina había engañado, ya que se hacía pasar como agente secreto de grandes organizaciones mundiales. En realidad, él era un espía de un país que compite en turismo con Panamá.
En mis sueños se creó el caos, porque el grupo "A", cuyo código secreto era www.exportar.com quería acabar con los hoteles cercanos a las playas, hundiéndolos al excavar arena. El grupo "B", con código secreto www.explotar.com pretendía destruir los de montaña con avalanchas provocadas por explosiones en las minas.
Ni uno ni otro, ni nadie, se ocupaba del Casco Viejo, porque ese sector lo estaban destruyendo miles de locas: locas verdaderas, locas profesionales y locos vestidos de locas. Andaban como "sueltas de madrina", al garete, caminando de acá para allá y de allá para acá. Las unas llevaban el cabello alborotado o con rollos, pero los "unos-unas-locos-locas", lucían cabelleras largas multicolores salpicadas con escarcha brillante.
De pronto aparecían, desaparecían y volvían a verse vagas figuras de políticos, economistas, banqueros, empresarios, funcionarios del gobierno y otros personajes a quienes se podía más o menos reconocer. Estaban en una tarima enorme que tenía por fondo las luces del Panamá moderno. No me explico adónde estaban ubicados, a menos que ya se hubiera acabado de rellenar toda la bahía, y podría ser así porque había carreteras por muchos lados y nada de agua por ninguno.
Siguió llenándose la tarima con gente desconocida y se dividieron en dos grupos. El primero gritaba: "¡Hay que EXPORTAR!". El segundo clamaba: "¡Hay que EXPLOTAR!". Se formó un violento yo digo que tú me dices y dime que yo te dije. Entonces apareció una figura gigantesca de mi YO. No sé qué hacía allí, porque yo, definitivamente, no era del elenco. Pero tenía una voz muy fuerte que dominó todo el tumulto, y como si fuera un profeta que no clama en el desierto, mi YO exclamó: ¡TURISMO! ¡TURISMO es la solución! ¡Hay que EXPORTAR el turismo! ¡Hay que EXPLOTAR el turismo! Pero ellos como que no querían soluciones, sino seguir peleando, porque todos se abalanzaron sobre mí, y yo, como cobarde de pura cepa, salí corriendo. Por suerte me desperté porque me caí de la cama. Pero no me importó porque me volví a quedar dormida y soñé muy placenteramente que ya tenía el título. No, el film no se llamaría "El Otro Sastre de Panamá". El título sería "EL DESASTRE DE PANAM¡".

101 años de Panamá América

 
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