Buseros y policías
Hoy no escribiré sobre política, lo haré sobre un tema de actualidad que atañe a todos. Nos quejamos los panameños de la irresponsabilidad de los conductores de buses que, de paso, deben muchas vidas.
Hablamos del mal estado de los buses y, por lo tanto, no hay forma mecánica de prevenir accidentes. Pero lo que viví el viernes 7 de noviembre de este año; no puedo creerlo y por esto lo escribo.
Eran aproximadamente las 5:30 de la tarde cuando decidí ver a un amigo en la Clínica San Fernando. Estaba parada en vía España con mi luz direccional esperando que el policía que dirigía el tránsito me diera paso. Repentinamente sentí este golpe por detrás que me hizo estremecer el cuello y me tiró el carro hacia delante hasta hacer que el policía saliera huyendo hasta que reaccioné y frené. Fue tan grande el golpe que no podía creerlo. Cuando pensé y me bajé del carro, me di cuenta de que detrás de mi había un carro tipo sedan, cuatro puertas, desmadrado completamente y un bus dentro de esa vía que le pegó al carro y luego a mí.
Desde un principio nos apartaron de la vía y el conductor del bus comenzó a darnos explicaciones de las diferentes causas del accidente y reconociendo su responsabilidad en el mismo. Después de media hora llegó un policía del tránsito para hacer el parte. Primero a mí para que pudiera irme y luego al conductor del carro. Sin embargo, me quedé porque algo me decía que lo hiciera.
Noté una discusión entre el policía que dirigía el tránsito cuando sucedió el accidente y el conductor del auto que estaba detrás de mí. ¿Qué creen? El policía decía que el caballero se había salido de su vía, lo que hizo que el bus lo chocara. Le respondí que tuviera la bondad de ser honesto y decir la verdad porque eso era falso. Si mi carro es alto -le dije- cómo pudo ver usted lo que sucedió. Me respondió con altanería, pero sólo le respondí: sea honesto señor. Es decir, quería salvar al busero.
Luego, el agente de tránsito que hacía el parte me comentó que el carro me chocó a mí a lo que le respondí que si fuera así, dónde estaba el choque del carro en la parte delantera; me respondió que lo hizo con el guardafango lateral; le dije que por lógica eso no era posible y que, además, si el carro me hubiera chocado, hubiera sido abajo y mi golpe era alto. Me respondió: bueno sí fue el bus.
Sentí una impotencia y una frustración al ver que el busero aceptaba su culpa y los dos policías querían salvarlo. ¿Qué sucede? ¿Es que no hay confianza en las autoridades o hasta cuándo se va a acabar la sinvergüenzura?
Considero que es conveniente que mis lectores conozcan lo que sucede cuando tienen un accidente en el cual está involucrado un bus. ¿Habrá coima o es sólo contemplación? Sinceramente no considero correcto lo que hicieron estos dos policías, sobre todo el que dirigía el tránsito. Le pedí al busero que tuviera la delicadeza de presentarse el día del juicio; pero lo dudo, porque ellos son así.
Quiero pensar que en algún rincón de la policía quedan unidades honestas, porque de lo contrario estamos ante una corrupción que envuelve a quienes tienen la obligación de cuidarnos y no de ir contra la gente decente. Quiero pensar que, en algún momento, esto que escribo llegue a conocimiento del Jefe de la Policía o del Director del Tránsito que es mi ex paciente, y que investiguen los nombres de estos dos individuos policiales que atendieron un choque frente a la Clínica San Fernando el 7 de noviembre a las 5:30 de la tarde y sabrán de quiénes se trata.
Ojalá que cuando llegue al Tránsito, el 17 de diciembre, encontremos un o una juez honesto y que comprenda que quien perdió el control del bus fue el busero y no nosotros, porque no me extrañaría que el parte policivo diga que yo di hacia atrás y choqué el bus. Dios nos coja confesados con estos buseros en contubernio con la policía. Ya les contaré el resto.
Hablamos del mal estado de los buses y, por lo tanto, no hay forma mecánica de prevenir accidentes. Pero lo que viví el viernes 7 de noviembre de este año; no puedo creerlo y por esto lo escribo.
Eran aproximadamente las 5:30 de la tarde cuando decidí ver a un amigo en la Clínica San Fernando. Estaba parada en vía España con mi luz direccional esperando que el policía que dirigía el tránsito me diera paso. Repentinamente sentí este golpe por detrás que me hizo estremecer el cuello y me tiró el carro hacia delante hasta hacer que el policía saliera huyendo hasta que reaccioné y frené. Fue tan grande el golpe que no podía creerlo. Cuando pensé y me bajé del carro, me di cuenta de que detrás de mi había un carro tipo sedan, cuatro puertas, desmadrado completamente y un bus dentro de esa vía que le pegó al carro y luego a mí.
Desde un principio nos apartaron de la vía y el conductor del bus comenzó a darnos explicaciones de las diferentes causas del accidente y reconociendo su responsabilidad en el mismo. Después de media hora llegó un policía del tránsito para hacer el parte. Primero a mí para que pudiera irme y luego al conductor del carro. Sin embargo, me quedé porque algo me decía que lo hiciera.
Noté una discusión entre el policía que dirigía el tránsito cuando sucedió el accidente y el conductor del auto que estaba detrás de mí. ¿Qué creen? El policía decía que el caballero se había salido de su vía, lo que hizo que el bus lo chocara. Le respondí que tuviera la bondad de ser honesto y decir la verdad porque eso era falso. Si mi carro es alto -le dije- cómo pudo ver usted lo que sucedió. Me respondió con altanería, pero sólo le respondí: sea honesto señor. Es decir, quería salvar al busero.
Luego, el agente de tránsito que hacía el parte me comentó que el carro me chocó a mí a lo que le respondí que si fuera así, dónde estaba el choque del carro en la parte delantera; me respondió que lo hizo con el guardafango lateral; le dije que por lógica eso no era posible y que, además, si el carro me hubiera chocado, hubiera sido abajo y mi golpe era alto. Me respondió: bueno sí fue el bus.
Sentí una impotencia y una frustración al ver que el busero aceptaba su culpa y los dos policías querían salvarlo. ¿Qué sucede? ¿Es que no hay confianza en las autoridades o hasta cuándo se va a acabar la sinvergüenzura?
Considero que es conveniente que mis lectores conozcan lo que sucede cuando tienen un accidente en el cual está involucrado un bus. ¿Habrá coima o es sólo contemplación? Sinceramente no considero correcto lo que hicieron estos dos policías, sobre todo el que dirigía el tránsito. Le pedí al busero que tuviera la delicadeza de presentarse el día del juicio; pero lo dudo, porque ellos son así.
Quiero pensar que en algún rincón de la policía quedan unidades honestas, porque de lo contrario estamos ante una corrupción que envuelve a quienes tienen la obligación de cuidarnos y no de ir contra la gente decente. Quiero pensar que, en algún momento, esto que escribo llegue a conocimiento del Jefe de la Policía o del Director del Tránsito que es mi ex paciente, y que investiguen los nombres de estos dos individuos policiales que atendieron un choque frente a la Clínica San Fernando el 7 de noviembre a las 5:30 de la tarde y sabrán de quiénes se trata.
Ojalá que cuando llegue al Tránsito, el 17 de diciembre, encontremos un o una juez honesto y que comprenda que quien perdió el control del bus fue el busero y no nosotros, porque no me extrañaría que el parte policivo diga que yo di hacia atrás y choqué el bus. Dios nos coja confesados con estos buseros en contubernio con la policía. Ya les contaré el resto.