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Buses o carrozas clandestinas


Victoriano Rodríguez S. (diostesalvepanama@yahoo.com)
Una vez más otra víctima inocente es atropellada y, en esta ocasión, muere producto de asesinos al volante. Los conductores de buses, taxis y algunos vehículos particulares atropellan a personas y huyen del lugar, dejando a la víctima a la misericordia divina. Hace un par de meses una supuesta menor atropelló y mató a una criatura de pocos años. Velozmente se dio a la fuga y sus padres, en vez de comunicar tal hecho a la justicia, mandaron a reparar el vehículo. Pero eso no fue todo, también las autoridades responsables y la comunidad permitieron que tal hecho quedara con amargo sabor. Ahora, un conductor de bus comete la misma falta y debe caerle todo el peso de la Ley, quizás por lo horrendo del crimen cometido o por ser un busero, un hijo de Juana.
Que no le confunda el párrafo anterior; en ningún momento defiendo lo indefendible, ni me pesa la pluma para pedir justicia, exigir equidad, un cese a la intervención politiquera en los asuntos legales, fiscales y de justicia, para pedir a Dios que cese la corrupción. El director de Tránsito dice tener las manos atadas, pero ¿atadas para qué? ¿Acaso no cuenta con la infraestructura técnica para conocer y divulgar quiénes son los conductores irresponsables, e independientemente hacer las publicaciones necesarias en los medios, a fin de que quienes no ejercen el oficio, pero que son propietarios de autobuses o taxis conozcan a quiénes entregan sus armas en potencia, sus vehículos?
Siento que la Autoridad del Tránsito puede ser más que una institución recaudadora y convertirse en una entidad activa, reguladora y que garantice la seguridad pública de nuestra sociedad.
Hay quienes sostienen que el transporte es una mafia oficializada o clandestina. Desconozco muchas cosas sobre el transporte (selectivo o colectivo), pero como humanista, estudioso de la colectividad y los problemas socioeconómicos, puedo asegurarles que si los propios transportistas son quienes conservan la hegemonía, en muchas acciones generales de la Autoridad del Tránsito, y mientras algunos dirigentes transportistas o legisladores mantengan injerencia directa en esas decisiones (si éste fuera el caso), ninguna autoridad encontrará la solución a tan álgido problema. Los parientes de los niños muertos y demás atropellados piden a gritos justicia, pero parece que se habla a la roca, se ara en el mar, se siembra en el desierto y se pide queso a la Luna.
Hemos insistido en que en la vía Tumba Muerto o Ricardo J. Alfaro, los buses avanzan desaforados (hacen tres y cuatro filas), incluso frente a los policías, en ambos paños del puente de San Miguelito; en la salida de Cerro Patacón y en el Dorado. Cierran las bocacalles en el mercadito de Calidonia, la parada del parque Porras y la salida de Avenida Perú, entre otros lugares, aún con policías presentes; ellos siguen siendo los dueños de las calles.
Esperamos que estos últimos hechos violentos hagan que las autoridades "competentes" pongan freno a los inconscientes del volante; de lo contrario, que la sociedad juzgue a quienes tienen la responsabilidad de normar las leyes y hacer justicia. Dios te salve Panamá.
(victorianos@hotmail.com)

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