Buzón
El Sr. Néstor Pinky González, corredor de seguros y político, escribió un artículo que apareció en este diario el 23 de agosto de 2003 con el título “El IFARHU: algo más que becas”. En el tercer párrafo comenta acerca del “origen de una idea que se concretó el 11 de febrero de 1965 en Ley de la República y cuyo resultado fue la creación del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (IFARHU) con el noble propósito...”. Por medio del directorio telefónico lo ubiqué y le expliqué el motivo de mi llamada, la cual fue ponerle de manifiesto que en aquella época se me había ocurrido “una idea” de ayudar a los muchachos graduados y graduandos mediante préstamos y becas (además de trabajos temporales durante las vacaciones). Se les aseguraba así una vida fructífera y profesional.
Conocía en aquel tiempo al Sr. John C. Neely, con contactos políticos, a quien le gustó la idea y la puso en práctica, pues el gobierno norteamericano donó un millón de dólares como capital semilla (inicial) para tan loable empresa. Habré sido el gestor, pero él fue el ejecutor de tan encomiable obra educacional que tantos émulos ha tenido internacionalmente. ¿Merece mi amigo una distinción nacional por el gobierno panameño? Claro que sí, ya que honrar honra.
Demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Estoy seguro que el Sr. Gónzalez sabrá tomar nota de lo expuesto y me excluya, por principio, de tan benévola y justa retribución.
Repito, necesitamos una revolución y un proceso disímiles al instaurado por los líderes milicos perredistas para salir del marasmo en que nos metieron dirigentes providenciales, el más notorio de los cuales está preso en Miami.
Muchas veces la reacción de los padres es de aceptación y comprensión; aunque hay quienes se reparten entre la cólera y la rabia hasta propinarle un severo puñetazo o gaznatada al sujeto. Para muchos este golpe de suerte ha sido la “cura”, objetivo primordial para el progenitor y práctica muy usada en épocas pasadas y en algunos casos con buenos resultados.
Opino que existen desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres. La igualdad de la dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. La homosexualidad en hombres y mujeres sufre los efectos de esa desigualdad. Situación que necesita atención. Sólo un esfuerzo solidario puede acabar con esa realidad que se vive hoy día.
Ciertamente hay diferencias entre los hombres y mujeres en lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, psicológicas y sexuales, a las aptitudes intelectuales y morales.
Aquí hablamos del hombre y de la mujer, no de objetos o de animales irracionales. Unicamente se necesita ser solidarios para vencer los difíciles problemas que aquejan a la humanidad y que sólo requiere del amor, el único que cura, protege y nos acepta tal cual somos.
NOTA: Los datos son extraídos de distintas investigaciones y de la consulta con mis pacientes homosexuales. La primera parte de este artículo se publicó el lunes 25 de agosto de 2003.
(gemiliani@cwpanama.net)
Conocía en aquel tiempo al Sr. John C. Neely, con contactos políticos, a quien le gustó la idea y la puso en práctica, pues el gobierno norteamericano donó un millón de dólares como capital semilla (inicial) para tan loable empresa. Habré sido el gestor, pero él fue el ejecutor de tan encomiable obra educacional que tantos émulos ha tenido internacionalmente. ¿Merece mi amigo una distinción nacional por el gobierno panameño? Claro que sí, ya que honrar honra.
Demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Estoy seguro que el Sr. Gónzalez sabrá tomar nota de lo expuesto y me excluya, por principio, de tan benévola y justa retribución.
Repito, necesitamos una revolución y un proceso disímiles al instaurado por los líderes milicos perredistas para salir del marasmo en que nos metieron dirigentes providenciales, el más notorio de los cuales está preso en Miami.
Muchas veces la reacción de los padres es de aceptación y comprensión; aunque hay quienes se reparten entre la cólera y la rabia hasta propinarle un severo puñetazo o gaznatada al sujeto. Para muchos este golpe de suerte ha sido la “cura”, objetivo primordial para el progenitor y práctica muy usada en épocas pasadas y en algunos casos con buenos resultados.
Opino que existen desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres. La igualdad de la dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. La homosexualidad en hombres y mujeres sufre los efectos de esa desigualdad. Situación que necesita atención. Sólo un esfuerzo solidario puede acabar con esa realidad que se vive hoy día.
Ciertamente hay diferencias entre los hombres y mujeres en lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, psicológicas y sexuales, a las aptitudes intelectuales y morales.
Aquí hablamos del hombre y de la mujer, no de objetos o de animales irracionales. Unicamente se necesita ser solidarios para vencer los difíciles problemas que aquejan a la humanidad y que sólo requiere del amor, el único que cura, protege y nos acepta tal cual somos.
NOTA: Los datos son extraídos de distintas investigaciones y de la consulta con mis pacientes homosexuales. La primera parte de este artículo se publicó el lunes 25 de agosto de 2003.
(gemiliani@cwpanama.net)