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Calificaciones escolares: primer bimestre "5", segundo bimestre "A"


Con mucho detenimiento he leído en el diario " El Panamá América", fechado el miércoles 5 de mayo de 1999, una noticia en la página C-1,en donde se informa sobre las reacciones de los educadores en la provincia de Chiriquí, ante el nuevo método de calificación anunciado por el Ministerio de Educación, el cual se implementará a partir del segundo semestre académico de 1999.
Dicho método consiste en aplicar en las calificaciones, ya no los números ordinales acostumbrados (5-4-3-2-1-), sino las letras (A-B-C-D-F-), tal cual se utiliza en las entidades de educación superior. A decir verdad aún no conozco el documento normativo de dichas instrucciones, y menos, qué aspectos cualitativos son los que justifican para efectos el cambio formal de los métodos de calificación o evaluación al estudiante, así como si existe una correlación numérica que permita medir dónde empieza una nota con la letra "B" y dónde termina.
El debate originado a nivel de todos los educadores por tales instrucciones, va mucho más allá del pretendido formalismo que busca el Ministerio de Educación. Ante la ausencia de mecanismos de comunicación previa, de preparación, de acciones de prueba y diagnóstico sobre esta acción, los educadores en general se inclinan en criticar tales medidas. Y dichas reacciones son justificadas si se toma en cuenta que a nivel del Ministerio de Educación, no se han planificado o programado seminarios o actividades de perfeccionamiento docente frente a la evaluación o referidas a las propuestas de cambios en los métodos de calificación.
Teniendo este contexto educativo de fondo y argumentando a nuestro favor la existencia real de mecanismos de evaluación tradicional, en todos los planteles de la república, nos es obligatorio señalar algunas apreciaciones al respecto.
El Ministerio de Educación no ha realizado el menor esfuerzo para vender la idea de cambiar los métodos de calificación (entiéndase evaluación sumativa) de orden numérico, hacia la utilización de |letras para los mismos efectos. Este cambio abrirá más lagunas sobre la evaluación a nivel del profesorado acostumbrado a evaluar sólo en la forma tradicional. Es obvio que al implementarse un cambio, producto de la modernización, enfrentará inicialmente una reticencia al mismo, situación que se podría mejorar con acciones de perfeccionamiento y educación al respecto.
Por otro lado habrá que ver lo que surge a nivel de los otros componentes de la comunidad educativa, por un lado los estudiantes a quiénes se va a calificar y se les asignará no un número sino una letra, como nota. Igualmente ocurrirá con la apreciación de un trabajo, un ejercicio, o cualquiera otra actividad del alumno. ¿Hasta qué punto nuestros estudiantes de básica general y media están preparados para dichos métodos de evaluación?- La pregunta es: ¿ Entenderán mejor lo que es un 4 como nota, o una letra B, como resultado de sus calificaciones?
¿Cuál será la opinión del otro componente de la comunidad educativa, los padres de familia? ¿Estarán preparados para estos cambios que se avecinan? Entenderán qué cosas suponen que su hijo sea evaluado con una letra D o F, y ¿qué criterios son los que utilizó el profesor al hacer juicios sobre la calificación del mismo? O será que dentro de los niveles burocráticos del Ministerio de Educación se pretende, de forma imperativa, implementar dicha actividad, para medir las reacciones y luego entonces tomar decisiones correctivas, como ocurrió cuando se ordenó realizar exámenes a los reprobados una y otra vez, en un intento por esconder los altos niveles de fracasos escolares.
Entendemos la necesidad de que el aprendizaje sea evaluado. Para el alumno son muy importantes las evaluaciones escolares desde un punto de vista social, académico y personal. Esta significación dada por el estudiante a su evaluación muchas veces contrasta con la simplicidad de los procesos que llevan a dichas evaluaciones y que provienen, como en este caso, de la institución rectora de la educación nacional, y en otros, en juicios y toma de decisiones de parte del profesor.
Antes de implementar dicho método, el Ministerio de Educación debe dotar a los profesores de instrumentos y conceptos críticos que le permitan hacer un análisis objetivo del contenido de dicho método de evaluación y cómo será ejecutado e implementado el mismo. Sólo en la confrontación de ideas podremos caminar hacia los objetivos liberadores de la modernización de la educación, tan retrasada y demorada, en perjuicio de las grandes mayorías nacionales.

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