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Cambiar para que nada cambie


Según los adlátares del Ejecutivo el tema de la corrupción ha estado presente en todos los gobiernos. Según la mayoría de los panameños, la corrupción ha llegado a niveles sin precedente en el gobierno de Mireya Moscoso, copando los espacios en los medios noticiosos y en la percepción ciudadana.
Desde que explotó el caso Afú, desbordando un vaso que se venía llenando desde el inicio de esta administración, han sido obvios los esfuerzos del Ejecutivo para evitar que afloren las conexiones entre los actos de corrupción y el Palacio de Las Garzas.
111Si fuese real la intención de corregir y sanear la sociedad panameña, Mireya Moscoso nombraría a personas totalmente independientes para acometer esa misión, castigaría ejemplarmente a aquéllos allegados que constantemente se ven involucrados en negocios turbios periódicamente denunciados...
Ante la presión ciudadana, la presidenta ha pasado por diversas etapas. Al principio se dedicó retadoramente a exigir pruebas de corrupción y a mirar en la otra dirección cuando éstas surgían. Luego, ante la indignación de la opinión pública, corrió a sancionar la ley de transparencia, consciente de que mientras no se reglamente, no tiene utilidad práctica. Cuando el Ministerio Público inició y avanzó las investigaciones sobre malos manejos en la Asamblea, bien asesorados por expertos en estos menesteres, los legisladores oficialistas se negaron a levantarse la inmunidad aduciendo legalismos injustificados. Buscan así obstaculizar las investigaciones y evitar el contagio que eventualmente se produciría al aclararse la participación del oficialismo en el caso de los CEMIS y en las irregularidades en torno al nombramiento de los dos últimos magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
Ante la creciente exasperación popular, la Presidenta conformó una comisión de personas allegadas a ella, para que le hiciesen recomendaciones. El hecho de que algunos de sus integrantes tuviesen familiares cercanos empleados en altos puestos del gobierno, arrojó desde el inicio dudas sobre su desempeño. Esta comisión se limitó a entrevistar a gremios y asociaciones y levantó un inventario variado y desordenado de cincuenta puntos en áreas en donde la comunidad percibe intensamente el problema de la corrupción, satisfaciendo a unos más que a otros.
Después de cuarenta días de silencio transcurridos desde que recibió el informe, la Presidenta anunció hace poco la designación de un funcionario de su entera confianza, cuyo despacho está ubicado en el palacio presidencial y cuyo trabajo es escribir los discursos de la dignataria, para que éste conforme una nueva comisión que traduzca en medidas legales la ensalada de recomendaciones. Mientras tanto, las investigaciones de la Procuraduría están semi paralizadas, los ánimos del pueblo han vuelto a su cauce y todo indica que éste acabará siendo un episodio más en el desesperante drama que viven los panameños.
La manipulación ha sido evidente y su objetivo es sortear el tema cuidándose de no afectar las nauseabundas interioridades del laberinto oficialista. Si fuese real la intención de corregir y sanear la sociedad panameña, Mireya Moscoso nombraría a personas totalmente independientes para acometer esa misión, castigaría ejemplarmente a aquéllos allegados que constantemente se ven involucrados en negocios turbios periódicamente denunciados en los medios y debería entender que hay que gobernar con el ejemplo. Pero eso nunca ocurrirá, porque se destaparía una caja de Pandora que haría temblar los cimientos del mismísimo gobierno.
El Ejecutivo está aplicando el principio del gatopardo: hacer cambios para que nada cambie, pero no está engañando a nadie.
(jjherreram@hotmail.com)

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