Cambio de Gabinete
Parece que al presidente Torrijos más fácilmente le cambian el nombre que el Gabinete. A pesar del bienestar económico y la estabilidad política, que seguramente se debe en parte a su gestión y en parte a circunstancias internacionales propicias, hay cierto hastío con algunas figuras de su Gobierno, cuyo reemplazo no sólo sería bienvenido por la opinión pública, sino que le daría un nuevo aire en el trayecto final de su administración.
Las áreas de Seguridad, Educación, Salud y del Transporte Público Metropolitano, por ejemplo, reclaman cambios profundos; pero quienes las encabezan han agotado su credibilidad, su iniciativa, sus ideas, o todo lo anterior, y ya no son capaces de producir soluciones sino nuevos problemas.
Cuando esos problemas se vuelven crónicos y quien puede y debe hacer los cambios no lo hace, asume por su omisión la responsabilidad de la situación.
No ayuda que, ante los problemas que el país enfrenta en esos sectores, las decisiones del Presidente se compliquen con consideraciones propias de las elecciones internas de su partido y de las elecciones del 2009. Por algo la Constitución Política prohíbe la reelección inmediata al cargo de Presidente de la República y en otros países hasta se acostumbra que el Primer Mandatario sea liberado de obligaciones partidistas, esto es para que se dedique sólo a cumplir el mandato popular que lo llevó al solio presidencial.
Lo que los panameños esperamos del presidente Torrijos es que tome decisiones, tanto de las fáciles como de las difíciles, y que corrija el rumbo de aquella parte de su administración que se ha extraviado de sus promesas electorales. Nadie reclama cambios en lo que anda bien, como el Comercio Exterior y las Relaciones Exteriores, pero hacia adentro las cosas no andan igual.
El presidente Torrijos inició su mandato con un envidiable apoyo popular y hasta ahora ha logrado mantenerse en un buen nivel de simpatía a su persona; pero su Gabinete está cada vez más desgastado. Es hora que haga los cambios necesarios, no sea que se le pegue el nuevo nombre con que le llamó su colega brasileño y siga la suerte de quien sería entonces su nuevo tocayo peruano.