¿Cambio de qué? (I)
A lo largo de mi vida, me he considerado, y así lo demuestran mis actuaciones, un libre pensador sin ataduras de índole política, religiosa o ideológica. Esto me ha permitido mantener mi independencia de criterio y expresarme sin tapujos de ninguna clase.
Durante el recién terminado torneo electoral que culminó con la elección de Ricardo Martinelli, como nuevo Presidente de Panamá, éste nos prometió un cambio total e integral en el país. Sin embargo, los acontecimientos posteriores al 3 de mayo, nos están demostrando un sesgo contrario a sus postulados de campaña, ya que en la designación de su equipo de trabajo se observa nepotismo, favoritismos, repartición del pastel gubernamental entre sus aliados y deseos de imponer funcionarios, contraviniendo las leyes vigentes y su espíritu, utilizando falsas premisas y subterfugios típicos de nuestro recién pasado político, como son los claros ejemplos del IPAT y ANAM.
Por otra parte, se ha designado un nuevo regente de la política económica panameña, que tiene mucho que explicarnos en materia fiscal y, en particular, la manera cuestionada en la cual fue aprobada una ley que favorecía sus intereses financieros, mientras el resto de los panameños sufríamos los embates de una reforma tributaria injusta, inequitativa, con un claro sesgo en contra de la clase media; y, de manera particular, hacia el sector de los servicios profesionales. Además, este señor propugna por una dudosa política de baja tasa impositiva sin que existan las condiciones para tal medida, anteponiendo los intereses comerciales de corto plazo en detrimento a las necesidades de las personas.
Con incredulidad y asombro, nos informan de la designación ministerial de una persona que se caracteriza por la traición, el oportunismo, la diatriba y la mediocridad de su actual gestión gubernamental, con lo que no sólo nos abofetea moralmente, sino, que le envía un mensaje negativo a la juventud: que los antivalores tienen su recompensa en este país.
Nuevos Ministros de Estado, uno de ellos con claro conflicto de intereses, a pesar de que nos diga que ha traspasado o subrogado un contrato con el ente gubernamental en donde ha sido designado y el cual tendrá que supervisar y dirimir futuras desavenencias. El otro, un médico que, de acuerdo con los comentarios de sus propios colegas, no se caracteriza por su entrega al trabajo, con un segundo de abordo influenciado por su formación religiosa; lo positivo, en esta área, es el buen equipo que están reuniendo en torno a ellos y que ojalá les permita trabajar, hacer las recomendaciones del caso y que se implementen.
Un designado con poca o nula experiencia en materia urbanística y de políticas de vivienda, cuya trayectoria profesional presagia magros resultados y cambios positivos reales. Una abogada, con experiencia y nutrido verbo, pero conflictiva y confrontativa, que deberá conducir las relaciones laborales, en especial las negociaciones con los sindicatos y centrales obreras más beligerantes, como SUNTRACS, CONATO Y FRENADESO.
Días aciagos nos esperan si no hay una pronta y seria rectificación de lo actuado a la fecha, pero dada las características muy particulares del Presidente electo, son pocas las esperanzas de un “verdadero cambio” en sus decisiones.