Cambios anunciados en Salud
Hace unos días el Presidente de la República prometió que esta semana anunciaría lo que llamó "ajustes significativos" en materia de salud, y el país está a la espera de pronunciamientos sustanciales.
El mandatario señaló que dichos "ajustes" estarían encaminados a "corregir deficiencias detectadas y evitar que se repitan acontecimientos como los que causaron la muerte de varias personas". Ojalá así sea.
Anhelamos que esos correctivos de los que habla el presidente incluyan una reforma integral de los servicios médicos en el país, sin olvidar las cambios radicales en las prestaciones del Seguro Social. Martín Torrijos debe comprender que el país también espera sanciones administrativas que le competen a él y a nadie más por las muertes acaecidas.
Ahora bien, no puede ser que existan por un lado centros de atención de primer mundo, pero sin personal para que preste el servicio o, por otro costado, especialistas con toda la intención, pero sin instalaciones propicias para curar.
Si el Gobierno cumple con su palabra de garantizar un máximo de salud para todos los panameños, estaría enviando la señal correcta de que respeta la dignidad y el valor de cada persona, la igualdad de derechos así como de obligaciones, y estaría fomentando un valor que hoy es universal: en lo que se refiere a la salud, la responsabilidad es compartida.
Conceptos éticos como la equidad, solidaridad y justicia social deben ser ejes rectores de los ajustes advertidos. Sin salud para todo el pueblo, es utópico pensar en desarrollo. También es cierto que si no se reducen las desigualdades sociales y económicas, no mejorará la salud de toda la población.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), hace casi una década invitó a todos los países miembros, y Panamá es uno de ellos, a adaptar y reformar los sistemas de salud, incluidas las funciones y servicios esenciales, a fin de asegurar el acceso de todos. Como vemos, la integración es inevitable. Aunque haya resistencia (sobre todo de gremios egoístas y desprovistos de una adecuada visión de país), hay que dar el paso.
El mandatario señaló que dichos "ajustes" estarían encaminados a "corregir deficiencias detectadas y evitar que se repitan acontecimientos como los que causaron la muerte de varias personas". Ojalá así sea.
Anhelamos que esos correctivos de los que habla el presidente incluyan una reforma integral de los servicios médicos en el país, sin olvidar las cambios radicales en las prestaciones del Seguro Social. Martín Torrijos debe comprender que el país también espera sanciones administrativas que le competen a él y a nadie más por las muertes acaecidas.
Ahora bien, no puede ser que existan por un lado centros de atención de primer mundo, pero sin personal para que preste el servicio o, por otro costado, especialistas con toda la intención, pero sin instalaciones propicias para curar.
Si el Gobierno cumple con su palabra de garantizar un máximo de salud para todos los panameños, estaría enviando la señal correcta de que respeta la dignidad y el valor de cada persona, la igualdad de derechos así como de obligaciones, y estaría fomentando un valor que hoy es universal: en lo que se refiere a la salud, la responsabilidad es compartida.
Conceptos éticos como la equidad, solidaridad y justicia social deben ser ejes rectores de los ajustes advertidos. Sin salud para todo el pueblo, es utópico pensar en desarrollo. También es cierto que si no se reducen las desigualdades sociales y económicas, no mejorará la salud de toda la población.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), hace casi una década invitó a todos los países miembros, y Panamá es uno de ellos, a adaptar y reformar los sistemas de salud, incluidas las funciones y servicios esenciales, a fin de asegurar el acceso de todos. Como vemos, la integración es inevitable. Aunque haya resistencia (sobre todo de gremios egoístas y desprovistos de una adecuada visión de país), hay que dar el paso.