Cambios de estructura en la Caja de Seguro Social
Las medidas propuestas sobre crédito extraordinario o transferencia de partidas internas de la Caja de Seguro Social son estrictamente coyunturales y no modifican el problema de fondo, que persiste y se agrava, llevándola ineluctablemente a su extinción. La CSS requiere un cambio estructural, la sustitución de las raíces ideológicas y económicas su modelo actual, porque el maquillaje esbozado en el Diálogo sólo posterga la crisis, pero a la larga no la disipa. Así lo demuestran las variables calculadas sobre la base del aumento de las aportaciones y el incremento de la edad de jubilación de las aseguradas del sexo femenino.
La CSS está en el quirófano y hay que operarla de urgencia para extirpar los tumores malignos del modelo que la aniquilan.
La concepción de la seguridad social internacional partió de la plataforma ideológica del Estado Beneficencia. Primero, el Canciller prusiano Otto Bismarck, que la impulsó para ganarle la iniciativa a los socialistas, y sobre todo, los laboristas ingleses afiliados a la Segunda Internacional concibieron el concepto de seguridad social que arribó a Panamá hacia los cuarenta. Sin embargo, Panamá fue más lejos que los precursores y estableció la universalidad de los servicios médicos, es decir no sólo a los aportantes sino a sus familiares. La disparidad entre ingresos por concepto de aportaciones - alrededor de 700 mil -y el universo de clientes - aproximadamente dos millones de personas, es decir una gran parte de la población, reflejan una de las causas del colapso de la institución.
La seguridad social panameña reposa en tres mitos: la atención médica universal; la exclusividad de la banca estatal en el manejo de los fondos; y la obligatoriedad de las cuotas.
En numerosos países la atención médica la recibe el aportante y, en casos de maternidad, su esposa. Los familiares se atienden en los hospitales estatales. España por ejemplo, la seguridad social sólo atiende pensiones de jubilación y la cobertura médica es en hospitales públicos o privados, pagados por el sistema. Por otro lado, existe una baja rentabilidad de los depósitos en el Banco Nacional y la Caja de Ahorros cuando pudiera mejorarse en inversiones en obras de garantizada rentabilidad - hidroeléctricas etc. - o en depósitos bancarios privados que acrediten mejores dividendos. Es inconcebible que en medio de la crisis, la ley orgánica de la CSS restrinja la creatividad financiera para optimizar sus recursos.
Un tercer mito es la obligación del aporte, cuando debiera ser optativo. Gran parte de los asegurados paga cuotas pero no usa a la CSS por la dilación y precariedad de la atención médica y contrata para él y su familia servicios de compañías de seguros. La solidaridad empieza por casa, pero el aporte es ahora un subsidio: se paga por una contraprestación que no se recibe. La real solidaridad se concreta con el pago de impuestos. El gigantismo mastodóntico de la CSS la ha hecho inmanejable para la actual o cualquier administración. Reconfigurada en sus proporciones reales, la administración podrá cumplir sus fines con una administración manejable. Lo demás es demagogia cruda y silvestre.
La CSS está en el quirófano y hay que operarla de urgencia para extirpar los tumores malignos del modelo que la aniquilan.
La concepción de la seguridad social internacional partió de la plataforma ideológica del Estado Beneficencia. Primero, el Canciller prusiano Otto Bismarck, que la impulsó para ganarle la iniciativa a los socialistas, y sobre todo, los laboristas ingleses afiliados a la Segunda Internacional concibieron el concepto de seguridad social que arribó a Panamá hacia los cuarenta. Sin embargo, Panamá fue más lejos que los precursores y estableció la universalidad de los servicios médicos, es decir no sólo a los aportantes sino a sus familiares. La disparidad entre ingresos por concepto de aportaciones - alrededor de 700 mil -y el universo de clientes - aproximadamente dos millones de personas, es decir una gran parte de la población, reflejan una de las causas del colapso de la institución.
La seguridad social panameña reposa en tres mitos: la atención médica universal; la exclusividad de la banca estatal en el manejo de los fondos; y la obligatoriedad de las cuotas.
En numerosos países la atención médica la recibe el aportante y, en casos de maternidad, su esposa. Los familiares se atienden en los hospitales estatales. España por ejemplo, la seguridad social sólo atiende pensiones de jubilación y la cobertura médica es en hospitales públicos o privados, pagados por el sistema. Por otro lado, existe una baja rentabilidad de los depósitos en el Banco Nacional y la Caja de Ahorros cuando pudiera mejorarse en inversiones en obras de garantizada rentabilidad - hidroeléctricas etc. - o en depósitos bancarios privados que acrediten mejores dividendos. Es inconcebible que en medio de la crisis, la ley orgánica de la CSS restrinja la creatividad financiera para optimizar sus recursos.
Un tercer mito es la obligación del aporte, cuando debiera ser optativo. Gran parte de los asegurados paga cuotas pero no usa a la CSS por la dilación y precariedad de la atención médica y contrata para él y su familia servicios de compañías de seguros. La solidaridad empieza por casa, pero el aporte es ahora un subsidio: se paga por una contraprestación que no se recibe. La real solidaridad se concreta con el pago de impuestos. El gigantismo mastodóntico de la CSS la ha hecho inmanejable para la actual o cualquier administración. Reconfigurada en sus proporciones reales, la administración podrá cumplir sus fines con una administración manejable. Lo demás es demagogia cruda y silvestre.