default

Cambios en la retórica de Bush


George W. Bush no entró en la Casa Blanca con la idea de cambiar el mundo. No obstante, al inicio de su mandato elaboró una pintoresca coreografía de “relación especial” con el presidente de México, Vicente Fox, como emblema de su proclamado objetivo de lograr un mayor acercamiento con Latinoamérica durante su gobierno de cuatro años -u ocho si gana la reelección.
No se trata sólo de “conquistar el voto latino”, como argumentan algunos de sus críticos. Como ex gobernador de Texas, el abrazo con los “Mexican-americans” es parte integral de la propia cultura que predomina en el gran estado de Texas. El presidente Lyndon Johnson se jactaba de haber sido maestro en una escuela para niños chicanos; Bush no pretende tales virtudes cívicas, aunque sabe llevarse muy bien con sus conciudadanos de habla española que tradicionalmente votaban a los demócratas..
En uno de los debates electorales, como subraya Michael Elliott, un biógrafo de Bush, el entonces candidato dijo textualmente: “No podemos ir por el mundo diciendo que nosotros lo hacemos de esta manera, así que vosotros también lo deberíais hacer igual”. Por cierto, su primera visita al exterior todavía como presidente-electo fue un viaje muy publicitado a la finca del presidente Fox al país vecino, en la que proclamó la “relación especial” que se proponía a consolidar. Sin embargo, el 11 de septiembre cambió los métodos y la retórica.
Cuando Bush entró en la Casa Blanca parecía ignorar el mundo, como ese veinte por ciento de congresistas estadounidenses que no tiene pasaporte. Pero para ir a Afganistán, primero, y a Irak, posiblemente después, hace falta estar en este mundo; por lo que el presidente ha empezado a organizarse como hizo su padre. George Bush, hace ya más de un decenio, viajó al Golfo bien acompañado, no en solitario. El paralelismo resulta familiar.
Un 11 de septiembre, pero de 1990, George Bush dijo ante el Congreso, después de haber resucitado el idealismo de Woodrow Wilson: “La crisis del Golfo Pérsico es grave, pero ofrece una rara oportunidad de dirigirnos hacia un histórico período de cooperación. De estos tiempos de dificultades puede emerger un nuevo orden internacional, una nueva era libre de la amenaza del terror. Hoy, un nuevo mundo está luchando para nacer, un mundo muy diferente del que hemos conocido. Un mundo donde el imperio de la ley sustituya a la ley de la jungla. Un mundo en el que las naciones reconozcan la necesidad de compartir la responsabilidad de la libertad y de la justicia”.
Doce años después, en junio de 2002, George W. Bush también resucitó a Wilson en West Point, donde afirmó: “La causa de nuestra nación ha sido siempre más amplia que el objetivo de defendernos. Luchamos por una paz justa, a favor de la libertad humana. Defendemos la paz contra las amenazas de terroristas y tiranos.
Preservaremos la paz construyendo buenas relaciones entre los grandes poderes. Y extenderemos la paz favoreciendo la creación de sociedades abiertas y libres en cada continente”. Es decir, la actual crisis del Golfo también es contemplada desde la presidencia como otra oportunidad histórica de crear un nuevo orden internacional, empezando por otro orden en Oriente Medio.
La euforia duró poco después de la guerra del Golfo, pero Bush padre introdujo un nuevo orden en Oriente Medio. Irak fue derrotado, con lo que se eliminó un competidor en la región, y la seguridad de Kuwait, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos pasó a depender, más que nunca, de la presencia militar estadounidense.
El Estado palestino prometido todavía sigue en el seno de Abraham, pero un año después de la guerra del Golfo, Estados Unidos vendió armas por valor de 8,500 millones de dólares a los países de la región, sin incluir las ventas a Israel y Egipto.
Tal vez el hijo sepa más que el padre.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América