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Cambios políticos en Israel


La significativa victoria del candidato laborista Ehud Barak en las elecciones de Israel renovó dentro y fuera del Estado la esperanza de que en breve se reanuden las conversaciones de paz con la Autoridad Nacional Palestina y de esa manera hebreos y palestinos convivan como buenos vecinos, sin los recelos y enfrentamientos violentos del pasado. Con estas elecciones, al parecer, concluyó la era del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien, luego de reconocer el triunfo de su contrincante laborista, dimitió a la presidencia del Likud, dejando al partido derechista en el dilema de encontrar un dirigente que reagrupe la coalición de los sectores de derecha, extrema derecha y partidos religiosos que lo respaldaron en el Knesset.
Militar de carrera, condecorado varias veces por su desempeño valeroso, Barak invertirá como político su rol profesional, reasumiendo la línea de Yitzak Rabin y Simon Peres en instrumentar los Acuerdos de Oslo para alcanzar la paz con los palestinos. En sus primeros discursos ha insistido en el tema de la paz, pero recalcando que ésta no provendrá de la debilidad sino del poderío y la seguridad.
A diferencia de lo que aconteció a Rabin y otros ministros laboristas en el pasado, Barak gobernará con el cómodo respaldo de las formaciones de centro izquierda, pacifistas, centristas, liberales y la etnia árabe que suman alrededor de setenta diputados. La estabilidad política le permitirá reanudar las conversaciones con la Autoridad Nacional Palestina, sin prisa y sin pausa, y extraerlas del estancamiento y del clima de confrontación legados por Netanyahu.
La comunidad internacional recibe con tranquilidad y satisfacción el retorno del laborismo al poder. En los últimos tiempos fue perceptible el desentendimiento entre Bill Clinton y Netanyahu y la reaproximación de los países de la Unión Europea al bloque árabe, situación que aprovechó Yasser Arafat para moverse por el mundo buscando respaldo a la postura palestina. Se dice que Barak tiene el propósito de cumplir hasta el final la misión que truncó la muerte de Rabin, vale decir consolidar el statu quo entre Israel y Palestina sobre la base de garantías sólidas de una vecindad pacífica y amistosa.

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