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Camino equivocado


Hasta ahora los pasos dados por el gobierno de turno para sanear las finanzas públicas y llevar el país supuestamente hacia una mejor distribución de la riqueza y un crecimiento económico sostenible, no parecen conducirnos en esa dirección. Al contrario, los duros golpes asestados al sector empresarial y a la clase media trabajadora originan serias dudas sobre la estrategia que se está ensayando, a nuestro juicio, sin un norte bien trazado.
Se sabe que una de las recetas más exitosas para el logro del crecimiento económico en un sistema capitalista fundamentado en actividades del sector terciario (servicios y comercio), es la que promueve el consumo de la población y la inversión de capitales. Esto se logra ejecutando medidas para incrementar el poder adquisitivo de los consumidores y atraer inversiones. Pues bien, nuestros gobernantes han hecho exactamente lo contrario. A través de las reformas tributarias y de la seguridad social se han elevado significativamente los costos de operación de las empresas, y se ha golpeado duramente el bolsillo de la clase media trabajadora. Algunos de los efectos perjudiciales ya los estamos palpando. El alza en el costo de los artículos de primera necesidad y la caída en los niveles de ventas de ciertos bienes y servicios, constituyen una clara evidencia. Falta por verse el impacto que tendrá el modelo implantado, en nuestra principal generadora de empleos, la pequeña empresa.
El argumento esgrimido para fundamentar esta estrategia, parece más salido de un libro de aventuras del famoso personaje Robin Hood (aquél que robaba a ricos para dar a los pobres), que de un análisis serio. Se dice que con estas medidas, el gobierno logrará obtener importantes sumas de dinero para atender las necesidades del 40% de la población nacional calificada como pobre. Es precisamente en este punto donde surgen mis dudas. ¿Es que acaso en la actualidad no se hace inversión social? Estudios recientes del Banco Mundial y otras dependencias como la OMS, indican que Panamá es uno de los países de América Latina que más invierte en salud y educación, y que incluso, estas inversiones superan las recomendadas. Esto nos indica que el problema no está enfocado correctamente. Más parece un asunto de falta de calidad en la gestión de estos importantes sectores, que falta de recursos.
Recordemos que nuestro principal problema es el desempleo, y que éste sólo puede ser resuelto a través de la prosperidad de la actividad del sector empresarial, a quien le corresponde generar la mayoría de los puestos de trabajo requeridos.
En el mundo actual, la pobreza hay que combatirla dotando al país de un escenario en el cual no pueden faltar las siguientes condiciones: seguridad jurídica, transparencia en la gestión gubernamental, seguridad pública, atractivos para inversiones, fuerza laboral competitiva, e infraestructura para el transporte y las comunicaciones. Poco se ha hecho para lograr este entorno propicio. En el país, la crisis del sistema judicial, la persistente corrupción, el encarecimiento de los costos de nuestras empresas, los altos índices de delincuencia, la baja productividad y preparación de la fuerza laboral, y el estado deplorable de la red vial, nos permiten llegar a esta conclusión.
De nada servirá que el Estado introduzca la mano en el bolsillo de los que más tienen, si estos fondos no son administrados en base a un plan debidamente diseñado para conducir a la nación por los senderos del progreso. Con el panorama actual, el riesgo del despilfarro o del paternalismo excesivo e improductivo, sigue presente.
Busquemos el camino correcto y hagamos de Panamá lo que se merece. Países con menos recursos lo han logrado.
Imitemos esos buenos ejemplos y demos un giro total a la actual situación, sino nuestra condición de nación tercermundista será una condena a perpetuidad.
El remozamiento del centro turístico requiere una inversión de B/.26,000 y su funcionamiento anual es de B/.300,000 por año. Los servicios y tuberías han desaparecido.

101 años de Panamá América

 
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