Campaña sucia
Si alguna muestra hay de lo que es en verdad una campaña política sucia, bordeando pero sin llegar a la calumnia y la injuria, es la que se está empezando a llevar a cabo contra el favorito de la nominación demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, John Kerry. Se publicaron los primeros detalles de un supuesto amorío extramarital del aspirante, luego se añadieron viejas imágenes suyas protestando contra la guerra de Vietnam y, por último, se divulgan videos relacionándolo con poderosos sectores comerciales e industriales que contrastan con su aureola liberal.
Si esas publicaciones se hubieran hecho aquí, ya habrían sido prohibidas por el Tribunal Electoral u objetadas por Justicia y Paz. Seguramente, el primero habría alegado el derecho exclusivo del candidato a su propia imagen, negando que nadie ajeno a él o sin su autorización pudiera usarla en propaganda o información política. El segundo, seguramente, habría condenado su publicación por atentar contra la vida privada y la tranquilidad familiar de un candidato.
Bien o mal, lo destacamos como una notable diferencia entre el sistema de propaganda de amplio radio permisivo que se lleva a cabo en Estados Unidos, y el sumamente cerrado y restrictivo que impera en nuestro medio, sin abogar por ninguno de los dos. No obstante, no podemos menos que preguntarnos, ¿qué votante irá a las urnas mejor informado sobre la persona de sus candidatos, el estadounidense o el panameño? ¿A qué perfil de candidato beneficia la mordaza propagandística?
Pese a las citadas publicaciones, John Kerry sigue exitosamente su campaña, como si la campaña sucia no le hiciera mella. Apenas si se ha ocupado de desmentir lo de sus amoríos extraconyugales. Se informa que la joven involucrada viajó al exterior, pero ya deben estar las grandes cadenas tras ella con una bolsa de millones en mano para comprar los derechos de sus declaraciones en exclusiva. Kerry es un héroe laureado de la guerra de Vietnam, aunque por principio se haya opuesto a ella. De por sí ese detalle habla muy bien de su personalidad.
Es un hombre de apariencia serena, inteligente, coherente y moderna. Todo lo contrario a lo que proyecta el presidente George Bush, a quien aventaja ligeramente en todas las encuestas. El mandatario empieza a lucir rígido, monotemático, alterado, anticuado y bruto. Hace tres semanas, durante una breve audiencia en el Congreso, empezó una breve intervención diciendo "Soy el presidente de la guerra...", dejando a todo el mundo atónito. Sus actitudes mesiánicas y alusiones al "Eje del Mal", empiezan a recordar al enemigo radical que combate. Como reza el dicho: "Uno no puede pelear largamente con un enemigo sin terminar pareciéndose a él". Y Bush luce hoy como un Khomeini cualquiera.
Si esas publicaciones se hubieran hecho aquí, ya habrían sido prohibidas por el Tribunal Electoral u objetadas por Justicia y Paz. Seguramente, el primero habría alegado el derecho exclusivo del candidato a su propia imagen, negando que nadie ajeno a él o sin su autorización pudiera usarla en propaganda o información política. El segundo, seguramente, habría condenado su publicación por atentar contra la vida privada y la tranquilidad familiar de un candidato.
Bien o mal, lo destacamos como una notable diferencia entre el sistema de propaganda de amplio radio permisivo que se lleva a cabo en Estados Unidos, y el sumamente cerrado y restrictivo que impera en nuestro medio, sin abogar por ninguno de los dos. No obstante, no podemos menos que preguntarnos, ¿qué votante irá a las urnas mejor informado sobre la persona de sus candidatos, el estadounidense o el panameño? ¿A qué perfil de candidato beneficia la mordaza propagandística?
Pese a las citadas publicaciones, John Kerry sigue exitosamente su campaña, como si la campaña sucia no le hiciera mella. Apenas si se ha ocupado de desmentir lo de sus amoríos extraconyugales. Se informa que la joven involucrada viajó al exterior, pero ya deben estar las grandes cadenas tras ella con una bolsa de millones en mano para comprar los derechos de sus declaraciones en exclusiva. Kerry es un héroe laureado de la guerra de Vietnam, aunque por principio se haya opuesto a ella. De por sí ese detalle habla muy bien de su personalidad.
Es un hombre de apariencia serena, inteligente, coherente y moderna. Todo lo contrario a lo que proyecta el presidente George Bush, a quien aventaja ligeramente en todas las encuestas. El mandatario empieza a lucir rígido, monotemático, alterado, anticuado y bruto. Hace tres semanas, durante una breve audiencia en el Congreso, empezó una breve intervención diciendo "Soy el presidente de la guerra...", dejando a todo el mundo atónito. Sus actitudes mesiánicas y alusiones al "Eje del Mal", empiezan a recordar al enemigo radical que combate. Como reza el dicho: "Uno no puede pelear largamente con un enemigo sin terminar pareciéndose a él". Y Bush luce hoy como un Khomeini cualquiera.