Campaña sucia
A unque en el marco del Código Etico Electoral suscrito por los partidos políticos, los candidatos a la presidencia y los medios de comunicación, no hay lugar para campañas políticas sucias, no nos queda duda que ello se va a dar en cuestión de días o semanas, si es que ya no ha empezado, teniendo por blanco principal a quien encabeza las preferencias en todas las encuestas, el opositor Martín Torrijos, de la alianza PRD - Partido Popular (ex demócrata cristiano). Sabemos que hay equipos de gente dedicados a escudriñar información de vieja data, empezando por los sitios web de los periódicos locales. El nuestro, por ejemplo, es de los más visitados; mientras que otro diario, intuyendo lo que viene, ha bloqueado aparentemente sus buscadores hasta el año 2000. Viejos documentos y expedientes están siendo examinados y desempolvados, en frenética búsqueda de material que incomode o desprestigie al adversario.
Quizás la primera señal del inicio de la campaña sucia lo sean las renovadas alusiones al caso CEMIS, cuyo archivo fuera ordenado por la Corte Suprema, aunque esa decisión haya sido recurrida por la Procuradora Grimaldo y esté pendiente de fallo. El único seguro con que cuentan los involucrados por este caso es el hecho de que el mismo salpique por igual a oficialistas y gobiernistas, forzando a un "pacto de no agresión", al menos en ese tema. A cambio, pueden lanzar una cerrada descarga de último momento - como la que se hiciera en las últimas dos semanas contra Rubén Blades, su esposa y su madre durante la campaña de 1994.
La proximidad de la elección dificultaría cualquier réplica y reacción, incluso de las entidades llamadas a prevenirlo.
Otra señal de lo que se acerca es el empeño de algunos voceros de candidatos de distinguir entre campaña "sucia" y campaña "negativa". Para ellos la primera se basa en embustes y la segunda en verdades incómodas. Y al hacer la diferenciación terminan justificando anticipadamente lo que viene. ¿Es bueno o es malo este tipo de práctica? En Estados Unidos, con todo lo bajo y condenable que se la juzgue, la campaña "sucia" o "negativa", ese recurso es ya una tradición que se incorpora a las reglas de juego de todo torneo electoral, sin mayores cuestionamientos. Hay obviamente extremos inadmisibles como el de Watergate, que condujo al fin la última presidencia de Richard Nixon; y otros aceptables, como el de espiar y publicar las fotos del candidato Gary Hart disfrutando en un yate de la compañía de damas con poca ropa y menor reputación.
Ese mismo día renunció. Y bajo ese sistema, el votante norteamericano, siente que tiene derecho a saberlo todo de sus candidatos y es por tanto tolerante a ese tipo de campaña. ¿Y en Panamá?
En cuanto a nosotros, hemos opinado que no es permisible ni tolerable campaña política alguna que tienda a entrometerse en la vida privada e intimidad de los candidatos, ni que tienda a ofender su honra, ni la de su familia, ni a imputarles faltas o delitos que no cometió. Ninguna reserva, en cambio, nos merece las alusiones e interpretaciones históricas, que es parte del derecho de opinión de cada cual.
Quizás la primera señal del inicio de la campaña sucia lo sean las renovadas alusiones al caso CEMIS, cuyo archivo fuera ordenado por la Corte Suprema, aunque esa decisión haya sido recurrida por la Procuradora Grimaldo y esté pendiente de fallo. El único seguro con que cuentan los involucrados por este caso es el hecho de que el mismo salpique por igual a oficialistas y gobiernistas, forzando a un "pacto de no agresión", al menos en ese tema. A cambio, pueden lanzar una cerrada descarga de último momento - como la que se hiciera en las últimas dos semanas contra Rubén Blades, su esposa y su madre durante la campaña de 1994.
La proximidad de la elección dificultaría cualquier réplica y reacción, incluso de las entidades llamadas a prevenirlo.
Otra señal de lo que se acerca es el empeño de algunos voceros de candidatos de distinguir entre campaña "sucia" y campaña "negativa". Para ellos la primera se basa en embustes y la segunda en verdades incómodas. Y al hacer la diferenciación terminan justificando anticipadamente lo que viene. ¿Es bueno o es malo este tipo de práctica? En Estados Unidos, con todo lo bajo y condenable que se la juzgue, la campaña "sucia" o "negativa", ese recurso es ya una tradición que se incorpora a las reglas de juego de todo torneo electoral, sin mayores cuestionamientos. Hay obviamente extremos inadmisibles como el de Watergate, que condujo al fin la última presidencia de Richard Nixon; y otros aceptables, como el de espiar y publicar las fotos del candidato Gary Hart disfrutando en un yate de la compañía de damas con poca ropa y menor reputación.
Ese mismo día renunció. Y bajo ese sistema, el votante norteamericano, siente que tiene derecho a saberlo todo de sus candidatos y es por tanto tolerante a ese tipo de campaña. ¿Y en Panamá?
En cuanto a nosotros, hemos opinado que no es permisible ni tolerable campaña política alguna que tienda a entrometerse en la vida privada e intimidad de los candidatos, ni que tienda a ofender su honra, ni la de su familia, ni a imputarles faltas o delitos que no cometió. Ninguna reserva, en cambio, nos merece las alusiones e interpretaciones históricas, que es parte del derecho de opinión de cada cual.