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Campañas insípidas


Hace cuatro meses dejé de trabajar en los medios y, recientemente, un amigo me preguntó si no lo extrañaba. ¡Viene la política!, me dijo, con cierto tono de entusiasmo, pero yo rápidamente le dije que eso de la cobertura política-electoral era lo último que echaría de menos de mi trabajo como reportero.

Me preguntó mi amigo por qué, y yo le contesté: “no estoy dispuesto a aguantarme las largas peroratas demagógicas” de personas que son capaces de decir lo que sea, como sea, con tal de hacerse atractivas a los votantes, apelando a los recursos más cursis y nimios en su objetivo.

Y es que el discurso político panameño está vacío. Lo que hemos visto hasta ahora con los precandidatos presidenciales lo pone en evidencia. Los partidos han sido incapaces de sacar a flote a líderes naturales con ideología y sueños, dispuestos a debatir los temas importantes y a dejar claras sus posiciones.

Salvo el caso de Marco Ameglio, quien ha presentado un plan que hasta ahora nadie ha desmenuzado, los demás aspirantes a la Presidencia de la República prefieren hablar de obras civiles. Algunos hilvanan su legado: La construcción de un gran arca, como la de Noé y después, como sus hijos, construir una Torre de Babel.

Pero no hay sueños, no hay visión, no hay inspiración, no existe la voz poderosa de un líder aglutinador. La oferta electoral se reduce al materialismo, a las mezcladoras de concreto, a los bloques, al hierro, al sonido de las cajas registradoras.

Todos los precandidatos se parecen, no hay ideologías, no hay grandes diferencias. Lo único que los separa es que unos están gobernando y el resto no. En juego sólo está la administración del gobierno, lo demás sigue igual. Allá vienen cinco años más para alimentar el clientelismo y sentirnos poderosos.

Necesitamos debate. ¿Cuál es la posición que tienen frente al tema educativo? ¿Cuál es la posición que tienen frente al tema de salud pública? ¿El combate al narcotráfico sólo debe darse en la esfera internacional, qué hay de los traficantes locales? ¿Debemos permanecer con un sistema de transporte caótico? ¿Es justo el sistema de mercado que tenemos actualmente, quiénes son los beneficiarios? ¿Por qué sólo desarrollamos la zona de tránsito, cuándo nos enfocaremos en el interior y bajaremos la inmigración al área metropolitana?

Al ver por televisión la reciente campaña electoral española contrasté irremediablemente el matiz de esa experiencia con la de Panamá; allá los políticos son capaces de articular un discurso inteligente en donde los temas sensibles de esa nación son tratados responsablemente y con seriedad.

Acá, en cambio, hay varios buscando la manera de destruir a su adversario para conseguir un camino más despejado hacia la Presidencia.

101 años de Panamá América

 
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