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Campañas vs. conciencia


El diccionario de la lengua española define campaña como un conjunto de actos o esfuerzos de índole diversa que se aplican a conseguir un fin determinado, y la conciencia, como el conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios.

Todos los años, organizaciones públicas y privadas lanzan diferentes campañas de concienciación para la prevención de enfermedades y cuidado del medio ambiente, como: Campaña de la Cinta Rosada y la Cinta Celeste para la prevención del cáncer de seno y de próstata; campaña contra el VIH/sida, como las realizadas por la organización sin fines de lucro AID for AIDS, siendo estas de las más mediáticas y conocidas, y otras enfocadas en temas como no botar basura en los ríos y calles; reforestación de terrenos, ahorro de energía eléctrica y agua, entre otras.

Pero, qué pasa con los diferentes mensajes de estas y otras campañas que no logran cambios de conducta en la población en general, ¿por qué el mensaje no llega a la conciencia de la población?, a pesar de los decesos que se han dado por no vacunarse contra el A(H1N1), aumento de inundaciones en las diferentes barriadas producto del mal manejo de la basura, deforestación y sequía en general por la tala indiscriminada de árboles. Una respuesta tentativa sería la falta de efectividad en la comunicación de la campaña.

Verbigracia destacamos las campañas de reciclaje y recolección de basura. Las empresas e instituciones invierten cuantiosas sumas en estas campañas, sin lograr sus objetivos, ya que el mensaje no convence al receptor por fallas en la estrategia utilizada; aunado a la pésima logística en el manejo y recolección de la basura en donde con pequeños cambios como la instalación de grandes tinaqueras con clasificación de la basura para evitar los mal llamados "pataconcitos", aumento en la frecuencia de la recolección y mayor inversión privada en el procesamiento de desechos que gestionen un reciclaje satisfactorio.

Las campañas deben ser evaluadas para conocer los logros alcanzados versus los objetivos establecidos, determinar qué tácticas funcionaron y cuáles no cumplieron su cometido, al igual que las razones para el éxito y fracaso de cada una. Hay fallas en este aspecto, por lo tanto, es hora de hacer un alto y evaluar a todas las campañas para lograr mayor efectividad en los mensajes y cambios de conductas.

Concluimos que las campañas son una excelente herramienta de concientización, pero deben redefinirse con mejores estrategias y programas más adecuados a sus características para que funcionen con la mayor eficacia y despierten la conciencia en general.

Docente universitaria

101 años de Panamá América

 
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