Canal de Panamá como Patrimonio de la Humanidad
Se ha vuelto famosa ya la respuesta que dio el gobierno brasileño a Pascal Lamy, director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), quien proclamaba a los cuatro vientos que en tanto que la selva amazónica era Patrimonio de la Humanidad entonces había que trasformarla en zona internacional, aduciendo la realización de los intereses de las empresas transnacionales de los países "desarrollados" en ese portentoso recurso natural del planeta. El tema aún es todo un debate de derecho internacional. "Como brasileño, estoy contra la internacionalización de la Amazonia, a pesar de la degradación ambiental de ese patrimonio. Como humanista, sin embargo, puedo imaginarla. Pero entonces, que se internacionalicen también todas las reservas de petróleo del mundo, todos los museos y toda la infancia para que deje de pasar hambre y tenga derecho a la educación" dijo Celso Amorin, ministro del Exterior Brasileño. Esa misma respuesta, en el contexto local, daría yo a quien hace unos días dijo que el Canal de Panamá "..más pronto que tarde, será también un Patrimonio de la Humanidad, y las decisiones sobre su suerte seguirán tomándose allende nuestras fronteras" aduciendo que los debates entre el SI y el NO son estériles, pues igual, la ampliación del Canal hay que hacerla, quiera o no los panameños, y punto. Esta opinión que viene de un supuesto "demócrata" de nuestro sistema político vigente no extraña a quienes hemos tenido por fortuna estudiar detenidamente la historia ambiental de Panamá y sus relaciones con la política. Lo que me que me resulta extraño es ver cómo es posible que quienes se reivindican ser herederos de la gesta patriótica de nacionalización del Canal de Panamá ahora esgrimen estos argumentos para justificar el proyecto de Ampliación del Canal de Panamá con esa misma filosofía unilateral, que bien describe el ex-presidente Illueca en uno de sus artículos; la cual se ha hecho religión de los ya harto conocidos defensores del megaproyecto, la que tampoco dejó de reinar en sus acciones y palabras en conflictos sociales anteriores.
Esta peligrosa filosofía es la que ha provocado un baño de sangre tanto para el pueblo iraquí como para el de E.U., y puesto en entredicho el sistema de derecho internacional. No sea que tras ella se esconda, como denuncia el doctor Manfredo, y tantos otros profesionales críticos de la "ampliación", las oscuras intenciones de convertir al Canal de Panamá en Patrimonio de un cartel exclusivo de negocios en nombre del concepto de Patrimonio de la Humanidad, que nada tiene que ver con los unilateralismos de moda.
(*) El autor es miembro de Oilwatch Internacional
José es un hombre luchador y quiere dar la batalla, pero lo que le ha tocado vivir es difícil.
En la herida de uno de los costados de su abdomen, tiene colocadas unas bolsas plásticas donde se observa gran cantidad de heces.
Su salud empeora con el paso de los días, manifiesta su hija.
"No puede comer, sólo se alimenta con líquidos y el hipo que tiene, casi no lo deja hablar".
Lo único que pudimos escucharle al entrevistarlo es que antes trabajaba como obrero de la construcción.
Con rostro de angustia, Ilsa cuenta que "no quiere que su padre se muera", por lo que se ha dirigido a la dirección médica, en donde tampoco ha logrado obtener respuesta alguna, mientras su padre sigue debatiéndose "entre la vida y la muerte".
Panamá América visitó la dirección de Relaciones Públicas de la CSS para que explicaran el caso de González, pero lo único que se pudo conocer es que sólo a los familiares le dan información del enfermo.
Lo cierto es que Ilsa afirmó que hasta la fecha nadie se le ha acercado para darle una respuesta.
La apendicitis es la inflamación del apéndice, una estructura en forma de gusano que sobresale del tramo inicial del intestino grueso o colon.
El apéndice, que mide entre 6 a 8 cm, no tiene función en los seres humanos, y puede inflamarse, hincharse y llenarse de pus.
De llegarse a perforar, el apéndice infectado puede producir una grave infección en la cavidad abdominal (peritonitis).
Los síntomas más frecuentes son dolor abdominal, casi siempre en la zona cercana al ombligo, acompañado de fiebre, náuseas, vómitos, pérdida de apetito y la necesidad de defecar o expulsar gases.
La apendicitis puede considerarse como una afección benigna, de no presentarse complicaciones graves como peritonitis, insuficiencia respiratoria o renal, las cuales se dan más en los mayores, siendo el pronóstico más oscuro.
González nunca se imaginó que una apendicitis lo dejaría postrado en la cama de un hospital, y su hija tampoco.
Ilsa pide que por humanidad se les explique cuál es exactamente el padecimiento de su padre.
Cuando Panamá América estuvo en el lugar, comprobó lo lamentable del caso.
José se veía triste y el estado en que se encuentra justifica su estado de ánimo. El es un hombre lleno de fe, pero ésta también se agota.
Esta peligrosa filosofía es la que ha provocado un baño de sangre tanto para el pueblo iraquí como para el de E.U., y puesto en entredicho el sistema de derecho internacional. No sea que tras ella se esconda, como denuncia el doctor Manfredo, y tantos otros profesionales críticos de la "ampliación", las oscuras intenciones de convertir al Canal de Panamá en Patrimonio de un cartel exclusivo de negocios en nombre del concepto de Patrimonio de la Humanidad, que nada tiene que ver con los unilateralismos de moda.
(*) El autor es miembro de Oilwatch Internacional
José es un hombre luchador y quiere dar la batalla, pero lo que le ha tocado vivir es difícil.
En la herida de uno de los costados de su abdomen, tiene colocadas unas bolsas plásticas donde se observa gran cantidad de heces.
Su salud empeora con el paso de los días, manifiesta su hija.
"No puede comer, sólo se alimenta con líquidos y el hipo que tiene, casi no lo deja hablar".
Lo único que pudimos escucharle al entrevistarlo es que antes trabajaba como obrero de la construcción.
Con rostro de angustia, Ilsa cuenta que "no quiere que su padre se muera", por lo que se ha dirigido a la dirección médica, en donde tampoco ha logrado obtener respuesta alguna, mientras su padre sigue debatiéndose "entre la vida y la muerte".
Panamá América visitó la dirección de Relaciones Públicas de la CSS para que explicaran el caso de González, pero lo único que se pudo conocer es que sólo a los familiares le dan información del enfermo.
Lo cierto es que Ilsa afirmó que hasta la fecha nadie se le ha acercado para darle una respuesta.
La apendicitis es la inflamación del apéndice, una estructura en forma de gusano que sobresale del tramo inicial del intestino grueso o colon.
El apéndice, que mide entre 6 a 8 cm, no tiene función en los seres humanos, y puede inflamarse, hincharse y llenarse de pus.
De llegarse a perforar, el apéndice infectado puede producir una grave infección en la cavidad abdominal (peritonitis).
Los síntomas más frecuentes son dolor abdominal, casi siempre en la zona cercana al ombligo, acompañado de fiebre, náuseas, vómitos, pérdida de apetito y la necesidad de defecar o expulsar gases.
La apendicitis puede considerarse como una afección benigna, de no presentarse complicaciones graves como peritonitis, insuficiencia respiratoria o renal, las cuales se dan más en los mayores, siendo el pronóstico más oscuro.
González nunca se imaginó que una apendicitis lo dejaría postrado en la cama de un hospital, y su hija tampoco.
Ilsa pide que por humanidad se les explique cuál es exactamente el padecimiento de su padre.
Cuando Panamá América estuvo en el lugar, comprobó lo lamentable del caso.
José se veía triste y el estado en que se encuentra justifica su estado de ánimo. El es un hombre lleno de fe, pero ésta también se agota.
Los familiares de José González han hecho múltiples intentos por conocer detalles de su salud, sin embargo, ha sido imposible.
José ya casi no habla y cuando lo hace, apenas se le escucha.