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Canal, enfermedad e impactos ambientales


RECIENTEMENTE las autoridades de salud dieron a conocer el surgimiento de una posible enfermedad con características epidémicas. Esto no es nuevo en Panamá, pero sí su alto nivel de letalidad, sorprendiéndonos además, que aparece como desconocida. Para los centros de investigación oficial ha sido difícil determinar su origen, comportamiento y forma de desarrollo.
Quizá estamos frente a una de las muchas situaciones de este tipo que se han venido presentando en el resto del planeta durante los últimos 40 años. Las enfermedades como la "vaca loca", la gripe aviar, el ébola son uno de los muchos casos de los cuales sólo se han podido controlar su diseminación, pero no dar con la cura.
¿Pero qué produce toda esta nueva oleada de temibles enfermedades desconocidas y también conocidas, pero con mayores niveles de letalidad?
Las enfermedades no aparecen por generación espontánea, o por flogisto, según las ideas medievales, o porque algunos ciudadanos sean desaseados según al teorías médicas decimonónica; hoy día, la ciencia ha demostrado que la mayoría las enfermedades letales y no letales que aparecen en los espacios humanos son producto, como señala la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, de profundos desequilibrios ambientales(CEPIS, OPS/OMS. 1999) que pesan sobre nuestros ecosistemas.
Sólo el ejemplo de África, y Europa "Primer Mundo", basta para dar razones abundantes a estos organismos. En el primer caso, los niveles de empobrecimiento de la población y la ausencia de una sólida institucionalidad en seguridad vital ciudadana ha facilitado la mortandades humanas, contrastando esto con los altos niveles de desequilibrios ambientales producidos por las industrias extractivas y los modelos productivos occidentales instaurados en esos ecosistemas por los conolizadores europeos.
En el segundo caso, de "el primer Mundo", las mortandades no han sido mayores gracia a los altos niveles de seguridad sanitaria, pero las condiciones medio ambientales no son diferentes a las de África, salvo que en sus naciones la organización y movilización ciudadana ha propiciado una creciente conciencia ecológica que ha procurado presión sobre aquellos gobiernos para detener el aumento de los desequilibrios sobre la naturaleza generados por el modelo productivo.
La ecología política, una ciencia de nuestro tiempo, estudia y nos descubre la relación sociedad-naturaleza como una sola realidad interactuante, donde los sistemas de organización económico y social de lo humano construyen y modifican el resto de las formas de vida y naturaleza desde que esta especie aparece sobre el planeta. Ella nos ayuda a descubrir, por ejemplo, cómo el fenómeno del cambio climático es producto de un modelo de desarrollo histórico sobre el planeta que ha nacido un modelo de consumo irracional, productor de sentimientos, gustos y deseos antiecológicos en tanto que complacen y refuerzan los beneficios individuales sobre los colectivos, con unos sustentos jurídicos-políticos sobre los procesos económicos que consideran "mitigables" los impactos ambientales, contradiciendo a la misma ciencia. Este antidemocrático y dominante modelo gobierna los actuales días del planeta, y hacia dentro de los países, y los ecosistemas que regulan los Estados, reproduce las condiciones políticas para la generación de desequilibrios que vienen aumentando los impactos ambientales, de los cuales nacen los problemas de salud pública ya mencionados.
No siempre lo que vemos es lo que parece. No se puede tapar el sol con un dedo, los problemas generados por los impactos ambientales no son mitigables, porque estos no son mitigables (RIECHMANN, "Desarrollo sostenible: la lucha por la interpretación", en VV.AA., De la economía a la ecología, Editorial Trotta y Fundación 1º de mayo, Madrid, 1995).
En Panamá, la construcción del Canal a inicios del siglo XX, hecha para alimentar el modelo económico dominante mundial, transformó profundamente el orden hidrológico del país, y con ello el resto de los ecosistemas, a la vez determinó el ordenamiento del modelo económico y con él, la forma y distribución de los asentamientos humanos, trayendo el hacinamiento en la región de tránsito interoceánico.
Hoy día el resultado ambiental más emblemático de ese modelo es la Bahía de Panamá, y los ríos verdes de contaminación, costas contaminadas por hidrocarburos por encima de los "estándares internacionales", etc.
Con toda esta acumulación de años de impactos ambientales, y por los futuros, aún desconocidos en la Propuesta de Ampliación del Canal, no es de extrañarnos el surgimiento de terribles problemas de salud pública como el que hoy enfrentamos.
De una u otra forma, lay recomienda disminuir la velocidad si hay neblina o está lloviendo, además de utilizar las luces altas si hay poca visibilidad en la vía.
Según Lay, los barandales de este tramo no son muy resistentes al impacto de camiones o vehículos pesados que transiten a más de 100 Km/h.
El puente Centenario conecta a la ciudad de Panamá por medio de la autopista Este, que tiene 11 kilómetros de longitud. Inicia en el estribo Este del segundo puente sobre el Canal y finaliza frente al Estadio Nacional, en la avenida hacia la Universidad Tecnológica.
Los proyectos de acceso a esta autopista los realizó la empresa panameña Constructora Urbana, S.A. (C.U.S.A.), a un costo de B/.48 millones 924 mil, trabajo que incluye el diseño y la confección del Estudio de Impacto Ambiental (EIA).

101 años de Panamá América

 
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