Candidatos(as): ¿Leyeron la encuesta?
Las encuestas se han convertido en una clave fundamental para la toma de decisiones en la sociedad que vivimos.
Un caso específico es el tema de la continuación de la presencia militar estadounidense en Panamá. Tanto por parte del gobierno nacional como de la contraparte norteamericana se justificó las negociaciones en torno al CMA, con la excusa que las encuestas arrojaban que más del 70% de los (as) panameños (as) estaban de acuerdo con dicha presencia militar. Afortunadamente la derrota de la reelección en el referéndum del 30 de agosto de 1998, arrastró consigo las posibilidades del CMA sumado a la oposición ciudadana contraria al intento de continuar militarizando el país después del año 2000. Vale la pena mencionar que muchas veces no se han tomado en cuenta las encuestas cuando señalan rechazo a determinadas políticas como es el caso de la privatización del INTEL, de la ruta del Corredor Sur a través del Parque Natural Metropolitano y otros.
La versión vigésimo octava de la encuesta CID-Gallup que promueve El Panamá América y TVN, revela que ha descendido significativamente el número de personas que estaban de acuerdo con la presencia militar norteamericana del 66% (noviembre 1998) al 48% (enero 1999). Los que no están de acuerdo con esa presencia han aumentado del 27% al 37%. La diferencia entre los que están de acuerdo con esa presencia y los que no están de acuerdo es de apenas un 11%. Las personas que más se oponen a esa presencia son los que tienen 24 y menos años de edad y que poseen estudios superiores.
También en otras encuestas que se han realizado se confirma este decrecimiento del apoyo a la presencia militar y el aumento de los que la niegan. Es llamativo que sean los jóvenes con más educación, es decir, el futuro educado del país, los que tengan más conciencia de la situación.
Pero mientras, se reciben toda clase de informaciones por parte de diversos sectores de los EE.UU. en el sentido de que sería posible renegociar el CMA con el nuevo gobierno que surgirá el primero de septiembre como producto de las elecciones de mayo de este año. No sé cuál de los candidatos presidenciales y partidos políticos tienen en su agenda abierta o encubierta la prolongación de esa presencia militar, pero considero que las encuestas le darían una frágil base de legitimidad para lanzarse a esa aventura, pues una diferencia de sólo el 11% no es justificación para reiniciar negociaciones.
Además, ¿cómo justificaría Mireya Moscoso abrir un capítulo que ya declaró cerrado (el CMA), y además respaldar la continuación del militarismo en Panamá cuando el arnulfismo es de declarado carácter civilista? ¿Cómo justificaría Martín Torrijos el atentar contra el programa de descolonización que su padre levantó? ¿Se imaginan un joven y educado Torrijos firmando la continuación de esa presencia militar? ¿ Con qué cara se presentaría Alberto Vallarino, cuando ha afirmado enfáticamente desde las primarias arnulfistas su decisión de no apoyar la continuación de bases militares, y cuando partidos que lo apoyan como el PDC y el PNP mantienen ese mismo principio?
¿Saben los candidatos lo que significaría políticamente perder un referéndum sobre el CMA al inicio de un nuevo gobierno? Y si se hace sin referéndum el nuevo gobierno tendría que enfrentar la oposición firme de los sectores más beligerantes, lúcidos y militantes del país sumergiéndose por gusto en la ingobernabilidad.
¿Por qué no entrar al siglo XXI sin militarismo de afuera o de adentro, sin bases ni cuarteles, sin generales de cuatro estrellas ni rangers, reconstruyendo una relación más sana con los EE.UU. basada en el mutuo respeto?
Cada día más gente capta que vivimos más que una época de cambios un cambio de época, y que ya es hora de sacar la cédula como país mayor de edad. Ya no caben las subordinaciones y las tutelas, sino nuestro contradictorio caminar hacia constituirnos por fin en un país hecho y derecho.
Muchos adultos no creen en la juventud y la menosprecian, pero es esa juventud la que nos está dando lecciones a su manera y estilo, como en los carnavales del año pasado en Las Tablas cuando cientos de jóvenes crearon en medio de la algarabía fiestera el coro de ¡Colonia Americana No!, que cantaban Los Rabanes.
Un caso específico es el tema de la continuación de la presencia militar estadounidense en Panamá. Tanto por parte del gobierno nacional como de la contraparte norteamericana se justificó las negociaciones en torno al CMA, con la excusa que las encuestas arrojaban que más del 70% de los (as) panameños (as) estaban de acuerdo con dicha presencia militar. Afortunadamente la derrota de la reelección en el referéndum del 30 de agosto de 1998, arrastró consigo las posibilidades del CMA sumado a la oposición ciudadana contraria al intento de continuar militarizando el país después del año 2000. Vale la pena mencionar que muchas veces no se han tomado en cuenta las encuestas cuando señalan rechazo a determinadas políticas como es el caso de la privatización del INTEL, de la ruta del Corredor Sur a través del Parque Natural Metropolitano y otros.
La versión vigésimo octava de la encuesta CID-Gallup que promueve El Panamá América y TVN, revela que ha descendido significativamente el número de personas que estaban de acuerdo con la presencia militar norteamericana del 66% (noviembre 1998) al 48% (enero 1999). Los que no están de acuerdo con esa presencia han aumentado del 27% al 37%. La diferencia entre los que están de acuerdo con esa presencia y los que no están de acuerdo es de apenas un 11%. Las personas que más se oponen a esa presencia son los que tienen 24 y menos años de edad y que poseen estudios superiores.
También en otras encuestas que se han realizado se confirma este decrecimiento del apoyo a la presencia militar y el aumento de los que la niegan. Es llamativo que sean los jóvenes con más educación, es decir, el futuro educado del país, los que tengan más conciencia de la situación.
Pero mientras, se reciben toda clase de informaciones por parte de diversos sectores de los EE.UU. en el sentido de que sería posible renegociar el CMA con el nuevo gobierno que surgirá el primero de septiembre como producto de las elecciones de mayo de este año. No sé cuál de los candidatos presidenciales y partidos políticos tienen en su agenda abierta o encubierta la prolongación de esa presencia militar, pero considero que las encuestas le darían una frágil base de legitimidad para lanzarse a esa aventura, pues una diferencia de sólo el 11% no es justificación para reiniciar negociaciones.
Además, ¿cómo justificaría Mireya Moscoso abrir un capítulo que ya declaró cerrado (el CMA), y además respaldar la continuación del militarismo en Panamá cuando el arnulfismo es de declarado carácter civilista? ¿Cómo justificaría Martín Torrijos el atentar contra el programa de descolonización que su padre levantó? ¿Se imaginan un joven y educado Torrijos firmando la continuación de esa presencia militar? ¿ Con qué cara se presentaría Alberto Vallarino, cuando ha afirmado enfáticamente desde las primarias arnulfistas su decisión de no apoyar la continuación de bases militares, y cuando partidos que lo apoyan como el PDC y el PNP mantienen ese mismo principio?
¿Saben los candidatos lo que significaría políticamente perder un referéndum sobre el CMA al inicio de un nuevo gobierno? Y si se hace sin referéndum el nuevo gobierno tendría que enfrentar la oposición firme de los sectores más beligerantes, lúcidos y militantes del país sumergiéndose por gusto en la ingobernabilidad.
¿Por qué no entrar al siglo XXI sin militarismo de afuera o de adentro, sin bases ni cuarteles, sin generales de cuatro estrellas ni rangers, reconstruyendo una relación más sana con los EE.UU. basada en el mutuo respeto?
Cada día más gente capta que vivimos más que una época de cambios un cambio de época, y que ya es hora de sacar la cédula como país mayor de edad. Ya no caben las subordinaciones y las tutelas, sino nuestro contradictorio caminar hacia constituirnos por fin en un país hecho y derecho.
Muchos adultos no creen en la juventud y la menosprecian, pero es esa juventud la que nos está dando lecciones a su manera y estilo, como en los carnavales del año pasado en Las Tablas cuando cientos de jóvenes crearon en medio de la algarabía fiestera el coro de ¡Colonia Americana No!, que cantaban Los Rabanes.