Cárceles otra vez
El alto costo social que representa el infernal hacinamiento en nuestras cárceles, irremediablemente impone la inaplazable necesidad de establecer más de ellas.
La atmósfera asfixiante y la limitación de movimiento de los detenidos propician el quebrantamiento de su salud y el contagio de enfermedades; crean desesperación que conduce a riñas constantes y hasta fatales entre reclusos; obligan a nuestras autoridades a dar casa por cárcel a mucha gente y a que se les señale custodios; alientan las fugas y contribuyen, por ende, a la corrupción de funcionarios y obligan a reducir penas y devolver a las calles a sujetos que constituyen una amenaza social.
El índice de delitos en el mundo entero es creciente y en nuestro país particularmente por haberse convertido en puente apetecido para el trasiego de armas y drogas en grandes cargamentos; a ello se suma a diario un creciente número de nuevos detenidos que pasan a aumentar la población carcelaria. La situación es tan grave y alarmante que se ha hecho insoportable. No nos engañemos más. Es inevitable e impostergable desarrollar un programa para construir nuevas cárceles. Debemos aceptar la cruda y espantosa realidad y devanarnos los sesos para descubrir cómo financiarlo. No hay otra salida.
La atmósfera asfixiante y la limitación de movimiento de los detenidos propician el quebrantamiento de su salud y el contagio de enfermedades; crean desesperación que conduce a riñas constantes y hasta fatales entre reclusos; obligan a nuestras autoridades a dar casa por cárcel a mucha gente y a que se les señale custodios; alientan las fugas y contribuyen, por ende, a la corrupción de funcionarios y obligan a reducir penas y devolver a las calles a sujetos que constituyen una amenaza social.
El índice de delitos en el mundo entero es creciente y en nuestro país particularmente por haberse convertido en puente apetecido para el trasiego de armas y drogas en grandes cargamentos; a ello se suma a diario un creciente número de nuevos detenidos que pasan a aumentar la población carcelaria. La situación es tan grave y alarmante que se ha hecho insoportable. No nos engañemos más. Es inevitable e impostergable desarrollar un programa para construir nuevas cárceles. Debemos aceptar la cruda y espantosa realidad y devanarnos los sesos para descubrir cómo financiarlo. No hay otra salida.