Carnaval, carnaval en la Central...
El carnaval es para los panameños, dicen algunos, como la religión, aseveración que dista mucho de definir la significación del mismo.
Tal vez lo que se quiere expresar es que son festividades inherentes a nuestra cultura y a nuestra tradición.
Todos, casi sin excepción, hemos conocido y disfrutado de la alegría carnestoléndica en todas las épocas vividas. Mas, es importante resaltar que el desenfreno que se ha incrementado es tal, que escandaliza y preocupa a quienes como yo creemos tener responsabilidad directa en la formación y acción de nuestros jóvenes.
No contribuyen a una labor altruista, ni educativa, algunas televisoras, emisoras y otros medios de comunicación que exponen fílmicas que incitan, festinan y justifican actitudes negativas.
Es responsabilidad de los padres de familia, de los periodistas, radiocomentaristas y, por supuesto de las autoridades gubernamentales, promover la saludable participación en estas fiestas.
La alegría no debe confundirse, ni se logra a través de los excesos en la bebida y práctica desenfrenada del sexo sin que existan limitantes en el respeto y la dignidad de los hombres y mujeres.
Poblaciones interioranas, que trabajan para darle esplendor y lucidez a sus tradicionales carnavales, tienen que tolerar la presencia de personas que confunden la expresión de la alegría con el abuso y el libertinaje.
Sumado a estos hechos está el aval que públicamente ofrecen ciertas autoridades del gobierno a actos que distorsionan nuestra realidad, haciéndolos parecer como normales y aceptables, ofendiendo la honorabilidad de la mayoría de los hogares panameños.
Ojalá durante estos carnavales podamos disfrutar, holgar un poco y hasta eliminar tensiones haciéndolo con mesura y responsabilidad por nuestra propia satisfacción y beneficio.
Los adultos podemos hacer la diferencia a través de ejemplos edificantes que nuestros muchachos puedan imitar.
Tal vez lo que se quiere expresar es que son festividades inherentes a nuestra cultura y a nuestra tradición.
Todos, casi sin excepción, hemos conocido y disfrutado de la alegría carnestoléndica en todas las épocas vividas. Mas, es importante resaltar que el desenfreno que se ha incrementado es tal, que escandaliza y preocupa a quienes como yo creemos tener responsabilidad directa en la formación y acción de nuestros jóvenes.
No contribuyen a una labor altruista, ni educativa, algunas televisoras, emisoras y otros medios de comunicación que exponen fílmicas que incitan, festinan y justifican actitudes negativas.
Es responsabilidad de los padres de familia, de los periodistas, radiocomentaristas y, por supuesto de las autoridades gubernamentales, promover la saludable participación en estas fiestas.
La alegría no debe confundirse, ni se logra a través de los excesos en la bebida y práctica desenfrenada del sexo sin que existan limitantes en el respeto y la dignidad de los hombres y mujeres.
Poblaciones interioranas, que trabajan para darle esplendor y lucidez a sus tradicionales carnavales, tienen que tolerar la presencia de personas que confunden la expresión de la alegría con el abuso y el libertinaje.
Sumado a estos hechos está el aval que públicamente ofrecen ciertas autoridades del gobierno a actos que distorsionan nuestra realidad, haciéndolos parecer como normales y aceptables, ofendiendo la honorabilidad de la mayoría de los hogares panameños.
Ojalá durante estos carnavales podamos disfrutar, holgar un poco y hasta eliminar tensiones haciéndolo con mesura y responsabilidad por nuestra propia satisfacción y beneficio.
Los adultos podemos hacer la diferencia a través de ejemplos edificantes que nuestros muchachos puedan imitar.