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Carnaval de cenizas


Si toda la energía que invertimos en preparar y realizar el carnaval la pudiéramos canalizar en otras tareas que este país reclama, les aseguro que muchas cosas cambiarían para bien. Que no se entienda mal, no abogo por clausurar las fiestas de Momo, pues son parte viva del comportamiento de los panameños. Es un espacio de ruptura de lo cotidiano, donde la noche se hace día y el mendigo se hace rey, como canta Juan Manuel Serrat. Es un caldo sociocultural necesario donde se agitan contradictoriamente alienaciones, identidades culturales, imaginarios, trasgresiones, afirmaciones, peligros y certezas.

Nuestros carnavales aún son bicéfalos. Por una parte están las fiestas metropolitanas (Panamá y Colón) de influencia caribeña donde se destaca la monarquía de una sola reina, comparsas autónomas que armonizan pues no se topan o enfrentan, y que en una época correspondió a una elite económica exhibir sus blasones frente a la plebe. Fue por muchos años el carnaval más emblemático del país, producto del centralismo canalero. Hoy, eso pasó a la historia, pues son las chicas de los barrios (y los más populosos por cierto) las que han democratizado el carnaval, que dejó de ser el epicentro del jolgorio declinando ante las fiestas del interior.

Por el contrario, el carnaval interiorano como sabemos se divide en tunas y sendas reinas, enfrentándose simbólicamente en calles arribas y calles abajos, pero sin que la sangre llegue al río. Ante el declive del carnaval metropolitano, dependiente de la ayuda oficial, el país fluye al revés (del centro a la periferia) hacia un carnaval interiorano más autogestionario, pues precisamente es el interior donde existe más capacidad asociativa en la gente.

Sea como sea, en estas fechas los habitantes son los portadores de sus propios carnavales, pues se divierten donde estén y cómo estén. Son parte esencial de nuestra idiosincrasia e identidad. En las fiestas lo ideal es la diversión constructiva que se basa en el buen vivir, donde se abre paso al disfrute sin aniquilar nuestra vida ni la de los demás. Lo contrario, es la diversión destructiva que abre paso a la degradación propia y ajena, y a la violencia. Ojalá siempre tengamos el discernimiento de optar por la primera.

Enterrada la sardina, hagamos brotar algo –ojalá mucho- de esa energía carnavalera para aportar a la construcción de una mejor sociedad, una mejor democracia, y de… mejores personas.

Para los cristianos la Cuaresma comienza hoy con el miércoles de Ceniza, y es un tiempo de reflexión sobre nuestras vidas. Cuarenta días que claman la conversión del corazón. "Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás". Es la dura, pero realista sentencia que nos recuerda que todo lo material que tengamos aquí se acaba, algún día. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma se deben concretizar aquí y ahora, y es lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos iremos con aquello que hayamos hecho por nuestros hermanos, los hombres y mujeres que pueblan esta tierra y esta sociedad desigual e injusta. Para mí, es la esencia del mensaje de Jesús. (raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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