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Carnaval o desenfreno


Eso es el carnaval tableño que otrora fuera el mejor de la República. No pretendo culpar a nadie del desastre que resultó parte del carnaval. Sin embargo, es importante que cada cual se responsabilice de su parte que le cor responde. Las tunas trabajan denodadamente durante el año para colectar fondos y pagar el lujo que despliegan durante los días de fiesta; no es fácil lograrlo pero, con la ayuda de tanta gente, lo consiguen y es un año de decisiones, de elección, de vestuario, carros y adornos, para que una gente indeseable se apodere de dicha fiesta. Lo peor de todo es que, cuando los carros desfilan con los disfraces hermosos, esos foráneos no les importa absolutamente con lo que sucede.
Lamentablemente, esa gente sólo va al desenfreno de los Pub con una música insoportable y que jamás debiera tocarse en Las Tablas, cuna del folclor.
Lo que sucede es que predomina el comercio, el interés monetario olvidando el significado de la presentación carnestolenda tableña. No había visto tantas personas "chusméricas" y peligrosas como este año. Lo sucedido es que los Pub pagan a las tunas sumas que desconozco, no obstante que no guardan relación con el daño que han hecho al carnaval. Ya no se escucha lo típico, ya no se siente la tranquilidad de estar en una fiesta nuestra.
Por otro lado, las televisoras que tienen los contratos de trasmitir, enfocan el desenfreno de los culecos con las vulgaridades que se ven y poco muestran los carros alegóricos y las reinas. Pareciera como si se olvidaran de sus problemas y los desahogaran en esa orgía. Los robos están a la orden del día, a nadie le importan los carros ni la reina, sólo piensan en el licor y la droga. Los vecinos no podemos dormir por el elevado volumen de la música. Los empleados del ministerio para control del ruido pasan, miden los decibeles y, cuando desaparecen, los dueños del baile suben el volumen desmesuradamente.
Conversaba con diferentes personas y coincidimos en que, para rescatar nuestro carnaval y hacerlo nuevamente decente y sin gente indeseable, necesitamos un alcalde con pantalones y que decida sacar un decreto en donde se obligue a los dueños de los bailes a contratar músicos típicos sin esos reggae espantosos e indecentes que sólo traen desenfreno.
Como a la gente que va de acá no le agrada lo típico, pues que ni se presenten y la gente decente gozará el carnaval. Este año hubo hasta un crimen que se produjo entre pandillas.
Sin embargo, los medios de comunicación dedicaron un buen tiempo a mostrar el entierro del muerto que era miembro de una banda. Pienso que los medios deben tener un poco más de respeto por la decencia y colaborar con lo que debe ser lo moral.
Mientras continúen los bailes tableños en manos de discotecas desbocadas, aupando la inmoralidad con el sólo objeto de ganar dinero, aunque queme las manos por su origen, no valdrá la pena trabajar más por el carnaval. O los tableños nos ponemos los pantalones y recuperamos el carnaval o mejor los suspendemos porque no vale la pena trabajar más.
Como tableña digo que no estamos interesados en la presencia de tanta mala gente como había este año. Bajemos el tono del lujo, si es necesario; pero no aceptemos la imposición de los Pub que no me interesa su nombre, pero que han venido a trastornar lo hermoso de nuestro carnaval. Si quieren disgustarse, no me interesa porque digo la verdad que arde. Es lastimoso ver los espectáculos inmorales y los dueños de los bailes permanecen inmutables.
Ojalá los tableños sepan elegir un alcalde que tenga suficiente carácter para prohibir la porquería que presentan los bailes y recuperemos el verdadero carnaval tableño que desapareció desde que las tunas dejaron de ser las dueñas de los bailes. Ojo tableños, el espectáculo que presencié este año fue deprimente. Ese es nuestro pueblo, ese es nuestro carnaval; no lo dejemos a los foráneos por unos reales y tengamos dignidad para que nuevamente sean nuestros carnavales.

101 años de Panamá América

 
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