default

Carnaval o Navidad


Falta una semana para Navidad y la ciudad ha enloquecido para este carnaval adelantado en el que no han faltado carrozas y disfraces; y desde almacenes, parques y calles, mansiones y maltrechas barracas, en brillante despliegue y demencial confusión, brincan y saltan rechonchos Santas, los enanos de Blancanieves, bastones de caramelo y algún que otro Niño Jesús.

Hay en el aire un ambiente de agitación y prisa, fomentado por anuncios que a todo grito, en un barullo ininteligible, se nos mete en casa a través de las pantallas de televisión y de los periódicos, convertidos en catálogos que ofrecen desde el modesto juguete hasta la joya más extravagante o el automóvil más lujoso.

Hay que comprar y botar. Poco importa que el juguete se vuelva un cachivache inútil a las pocas horas de estrenado y con él se vayan a la basura varias jornadas de la madre trabajadora, ni que la joya haya que guardarla en una caja de seguridad para evitar que la dueña sea asaltada, ni que el carro se reviente en cualquier hueco. Tampoco parece ser motivo de preocupación que los que mucho tienen ofendan con su abundancia a los marginados de ésta, ni que los que poco tienen tiren los ahorros del año sin pensar en el mañana.

Ahora bien, si todo este frenesí fuera un ensayo para las fiestas carnestoléndicas de febrero, me parecería una actividad que valdría la pena promover, pues, ciertamente, es más sano y seguro pasear por un centro comercial o ver un desfile navideño que meterse en una murga callejera o una comparsa donde lo mismo se pesca un resfriado que una puñalada y, a fin de cuentas, da lo mismo derrochar y malgastar en una época que en otra del año

Pero todo esta gritería no es un anticipo de la parranda del Carnaval, sino la suplantación de una fiesta sagrada y entrañable por un ritual pagano y hueco, un espectáculo visual y sonoro poblado de figuras irreales y ridículas, que nos va alejando cada vez más del sentido profundo de la fiesta navideña que no es otro que el nacimiento de Jesús de Nazareth, nuestro Salvador, el hijo de Dios que se hace gente como nosotros y nos anuncia que todos estamos llamados a construir su reino desde aquí y para la eternidad.

Misterio profundo que cimenta nuestra fe y que nos abre a la esperanza a través del amor mediante la promesa de salvación y paz para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, de manera particular para los pobres y olvidados, así como para quienes no siendo cristianos han hecho norma de sus vidas la preocupación por los que menos tienen.

Eso es Navidad.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América