Carnavales, salario mínimo y el centenario del cangrejo
MIS AMABLES lectores recordarán que en varias ocasiones me he referido a las celebraciones del Carnaval en la ciudad de Panamá. Invariablemente he sostenido que, mientras se mantenga el patrón bajo el cual se han venido organizando, la fiesta nunca volverá a tener el esplendor que muchos recuerdan con nostalgia. La razón es simple: Se sigue olvidando que el protagonista principal debe ser el pueblo. Una y otra vez se vuelve a meter la pata, entregándole el control del "ritmo del Carnaval" a una Junta que, año tras año, repite los mismos esquemas de comprobada inutilidad.
Para que el Carnaval vuelva a ser una fiesta del pueblo en las calles todo lo que se necesita son estímulos adecuados. Como estoy seguro que este año volverá a repetirse la frustración de años anteriores, nuevamente propongo que se recurra a dos fórmulas sencillas pero de efectos positivos garantizados.
Las fórmulas que propongo, son las siguientes: Primera: Anunciar, no bien han pasado los próximos carnavales, que el próximo año se otorgarán premios, en efectivo y por montos verdaderamente significativos, a las mejores comparsas, los mejores carros alegóricos y los mejores disfraces; la segunda, organizar un reinado por barrios y que la Reina del Carnaval sea escogida entre todas las que participen en los desfiles de los días sábado y domingo.
La Reina del Carnaval se escogería al final del desfile del domingo y, como tal, presidiría los días lunes y martes. La vencedora debe ser escogida por su alegría y por la calidad de su presentación durante los dos primeros días del Carnaval. El Municipio de Panamá, el IPAT y el sector comercial, especialmente los hoteles, aportarían los fondos para constituir los premios. Piénsese, nada más, lo que ocurriría si se premiaran las 10 mejores comparsas y entre ellas se repartieran premios de 200, 000; 100, 000; 80, 000; 60, 00; y 50, 000 para los cinco primeros lugares y otros cinco premios de entre 40, 000 y 20, 000 para las que ocupen los lugares del sexto al décimo.
Cosa parecida se haría con los carros alegóricos, los disfraces, y las reinas. No hay que ser clarividente para imaginar la respuesta que tendría el otorgamiento de premios como los descritos. Las comparsas comenzarían a organizarse un año antes y las futuras reinas motivarían a sus partidarios para lograr el respaldo que las encumbrara al cetro máximo del Carnaval.
No es la primera vez que presento estas ideas. En años anteriores se las he hecho conocer a las autoridades involucradas. Este año haré lo mismo, después de las recriminaciones y las lamentaciones, que seguirán al Miércoles de Ceniza, pues no pierdo la esperanza de que encuentren mentes más abiertas y receptivas.
En la víspera del Carnaval, "la patria nueva", como es habitual en los actuales detentadores del poder, volvió a las andadas. A los madrugonazos anteriores, ahora sumó el "carnavalazo" del salario mínimo. Con increíble desparpajo, han dado cuenta, mintiéndole nuevamente al país, que el miserable incremento del salario mínimo, que ni siquiera cubre los aumentos en el costo de la vida que se le han impuesto al pueblo panameño, solamente, durante la gestión del "team Martín", fue el producto del consenso entre empresarios y trabajadores. Los sectores verdaderamente representativos del obrero panameño, que no son los dirigentes del CONATO y la FENASEP, no participaron de ese acuerdo.
El salario mínimo de los trabajadores panameños, no alcanza ni para cubrir un presupuesto familiar de subsistencia. Para, a duras penas nadar contra la corriente, un hogar panameño necesita, como mínimo, un ingreso de 600 balboas mensuales. Quienes celebran, como si fuera un avance, que en la zona metropolitana se haya aumentado en 19 balboas el salario mínimo mensual no tienen idea, y si la tienen es mayor su insensibilidad, de lo que cuesta comer, un techo, vestirse, calzarse, comprar medicinas y mantener los hijos en la escuela. Y como si la desfachatez de supuesto consenso fuera poco, han anunciado, como si fuera una gran cosa, que los 20 empleados públicos que no ganan ni siquiera el salario mínimo actual de B/.263.00 mensuales, todavía deberán esperar un año y medio más para que sus paupérrimas remuneraciones se igualen al salario mínimo. Para hacerle justicia a los servidores públicos que no cobran ni el salario mínimo, bastaría con destinar a ese propósito la mitad del vergonzoso subsidio que se le regala a los partidos políticos, que se reduzcan, a los estrictamente necesarios, los viajes oficiales y un pellizco a las "partidas discrecionales". Menos demagogia y un poco más de humanidad es lo único que hace falta. Nuestra "gloriosa" Asamblea, como se ha publicado con gran fanfarria está de cumpleaños, su número 100. Ese órgano del Estado, que perfora el subsuelo cuando se ausculta la opinión que de ella tienen los ciudadanos, se ha convertido en la máxima expresión de la cultura de los cangrejos que nos gobiernan. Después de cien años de vida, en vez de avanzar, cada día se empeña más en copiar a esos bichos en su andar inverso. Incumpliendo sus responsabilidades constitucionales y sin importarles que el pueblo los haya elegido para legislar, decidieron entregarle sus facultades al Organo Ejecutivo. Me parece que esa acción, a todas luces anti democrática, debiera tener su adecuada correspondencia, y que así como estuvieron prestos (la bancada del PRD y su asociado del PP) a renunciar sus deberes constitucionales, si no están justificando el salario que se les paga, no debieran cobrarlo. Como se están desarrollando las cosas, en los tiempos de la "patria nueva", en vez de avanzar, como los cangrejos, estamos caminando para atrás.
Para que el Carnaval vuelva a ser una fiesta del pueblo en las calles todo lo que se necesita son estímulos adecuados. Como estoy seguro que este año volverá a repetirse la frustración de años anteriores, nuevamente propongo que se recurra a dos fórmulas sencillas pero de efectos positivos garantizados.
Las fórmulas que propongo, son las siguientes: Primera: Anunciar, no bien han pasado los próximos carnavales, que el próximo año se otorgarán premios, en efectivo y por montos verdaderamente significativos, a las mejores comparsas, los mejores carros alegóricos y los mejores disfraces; la segunda, organizar un reinado por barrios y que la Reina del Carnaval sea escogida entre todas las que participen en los desfiles de los días sábado y domingo.
La Reina del Carnaval se escogería al final del desfile del domingo y, como tal, presidiría los días lunes y martes. La vencedora debe ser escogida por su alegría y por la calidad de su presentación durante los dos primeros días del Carnaval. El Municipio de Panamá, el IPAT y el sector comercial, especialmente los hoteles, aportarían los fondos para constituir los premios. Piénsese, nada más, lo que ocurriría si se premiaran las 10 mejores comparsas y entre ellas se repartieran premios de 200, 000; 100, 000; 80, 000; 60, 00; y 50, 000 para los cinco primeros lugares y otros cinco premios de entre 40, 000 y 20, 000 para las que ocupen los lugares del sexto al décimo.
Cosa parecida se haría con los carros alegóricos, los disfraces, y las reinas. No hay que ser clarividente para imaginar la respuesta que tendría el otorgamiento de premios como los descritos. Las comparsas comenzarían a organizarse un año antes y las futuras reinas motivarían a sus partidarios para lograr el respaldo que las encumbrara al cetro máximo del Carnaval.
No es la primera vez que presento estas ideas. En años anteriores se las he hecho conocer a las autoridades involucradas. Este año haré lo mismo, después de las recriminaciones y las lamentaciones, que seguirán al Miércoles de Ceniza, pues no pierdo la esperanza de que encuentren mentes más abiertas y receptivas.
En la víspera del Carnaval, "la patria nueva", como es habitual en los actuales detentadores del poder, volvió a las andadas. A los madrugonazos anteriores, ahora sumó el "carnavalazo" del salario mínimo. Con increíble desparpajo, han dado cuenta, mintiéndole nuevamente al país, que el miserable incremento del salario mínimo, que ni siquiera cubre los aumentos en el costo de la vida que se le han impuesto al pueblo panameño, solamente, durante la gestión del "team Martín", fue el producto del consenso entre empresarios y trabajadores. Los sectores verdaderamente representativos del obrero panameño, que no son los dirigentes del CONATO y la FENASEP, no participaron de ese acuerdo.
El salario mínimo de los trabajadores panameños, no alcanza ni para cubrir un presupuesto familiar de subsistencia. Para, a duras penas nadar contra la corriente, un hogar panameño necesita, como mínimo, un ingreso de 600 balboas mensuales. Quienes celebran, como si fuera un avance, que en la zona metropolitana se haya aumentado en 19 balboas el salario mínimo mensual no tienen idea, y si la tienen es mayor su insensibilidad, de lo que cuesta comer, un techo, vestirse, calzarse, comprar medicinas y mantener los hijos en la escuela. Y como si la desfachatez de supuesto consenso fuera poco, han anunciado, como si fuera una gran cosa, que los 20 empleados públicos que no ganan ni siquiera el salario mínimo actual de B/.263.00 mensuales, todavía deberán esperar un año y medio más para que sus paupérrimas remuneraciones se igualen al salario mínimo. Para hacerle justicia a los servidores públicos que no cobran ni el salario mínimo, bastaría con destinar a ese propósito la mitad del vergonzoso subsidio que se le regala a los partidos políticos, que se reduzcan, a los estrictamente necesarios, los viajes oficiales y un pellizco a las "partidas discrecionales". Menos demagogia y un poco más de humanidad es lo único que hace falta. Nuestra "gloriosa" Asamblea, como se ha publicado con gran fanfarria está de cumpleaños, su número 100. Ese órgano del Estado, que perfora el subsuelo cuando se ausculta la opinión que de ella tienen los ciudadanos, se ha convertido en la máxima expresión de la cultura de los cangrejos que nos gobiernan. Después de cien años de vida, en vez de avanzar, cada día se empeña más en copiar a esos bichos en su andar inverso. Incumpliendo sus responsabilidades constitucionales y sin importarles que el pueblo los haya elegido para legislar, decidieron entregarle sus facultades al Organo Ejecutivo. Me parece que esa acción, a todas luces anti democrática, debiera tener su adecuada correspondencia, y que así como estuvieron prestos (la bancada del PRD y su asociado del PP) a renunciar sus deberes constitucionales, si no están justificando el salario que se les paga, no debieran cobrarlo. Como se están desarrollando las cosas, en los tiempos de la "patria nueva", en vez de avanzar, como los cangrejos, estamos caminando para atrás.