Carta abierta al presidente electo de Venezuela
Miami, capital del exilio.- Armado con la mejor buena fe, aunque ello sólo parezca vacío a muchos políticos tradicionales, me permito las siguientes reflexiones sobre su próxima gestión presidencial y el futuro mismo de Venezuela. Y lo hago con esa autoridad que me brinda haber sido uno de esos cientos de profesionales latinoamericanos víctimas de las dictaduras y cuasi dictaduras civiles y militares que nos han asolado por ya casi doscientos años. Además, por el hecho circunstancial de haber vivido exiliado en Venezuela en la década del 80.
Ante todo, y para equilibrar el amenazante efecto nocivo de la adulación diaria proveniente más que nunca de civiles interesados, le recomendaría que escuche sobre todo a su padre y procure activamente el consejo y la crítica de quienes se atreven a decirle incluso las verdades que duelen.
Tengo entendido que su padre se dedicó a la enseñanza de la juventud de su país y ello pudiese constituir justamente un invaluable activo en su caso. Simplemente porque no es, no puede ser, una persona que haya vivido del delito, la apropiación del despojo ni el crimen, ni tampoco un hedonista oportunista que llena sus arcas a base del engaño a sus semejantes.
Cabría también empezar por recordar que, mucho antes de nuestras independencias, en Europa se planteó el debate (producto de la inestabilidad política hija de la Reforma y la Contrarreforma) de si el hombre era incapaz de gobernarse racionalmente o si, por el contrario, podía vivir bajo un Estado de Derecho, de Leyes, en lugar de bajo un cesarismo de mano fuerte. Desafortunadamente para nosotros, España continuó, aún después de la invasión napoleónica, bajo el absolutismo de Fernando VII y hasta nuestra separación de la metrópoli.
Esa herencia aún no la hemos superado, y muchos piensan que la solución de nuestros problemas está providencialmente en manos de especie de semidioses iluminados.
En cambio, pienso que nuestros males endémicos, y ciertamente los de Venezuela y mi país, Panamá, no son intrínsecamente económicos sino políticos. No hay mayor misterio telúrico que los cubra. Se trata simplemente de la corrupción. Con el oleoducto de petrodólares que ingresa diariamente a Venezuela, la explicación de sus gravísimos males está en la descomposición moral y la desorientación política de sus dirigentes, tanto civiles como militares.
Naturalmente que la compra de armamento de guerra francés de segunda mano (reconstruido) pero pagado como de primera, fue una acusación de lo más seria hecha a las Fuerzas Armadas y que hasta donde conozco, jamás fue aclarada y ni siquiera investigada por los propios tribunales militares. Idem la denuncia hecha hace varios años por el pago del 100 % de facturas por compras de municiones yugoslavas, cuando el país sólo había recibido el 10% de las mismas. Si estos fuesen ejemplos de acusaciones infundadas, de cara al futuro del país, tampoco deberían ellas quedar en la impunidad que nos ahoga.
¿Y qué decir de la falta y el distorsionamiento de las licitaciones públicas y los concursos de precios que deben regir las compras del Estado y sus instituciones autónomas y semiautónomas? ¿Cómo justificar la triplicación de la burocracia administrativa, para no aludir siquiera a quienes cobran sus cheques sin siquiera presentarse a laborar? ¿ Puede alguien atribuir esos males a nuestras Constituciones ...o más bien cabe decirse que la fiebre no está en la manta, como dice la sabiduría popular?
Con semejantes experiencias, no debe sorprender que la mayoría de los ciudadanos haya perdido su fe en la democracia. Pero... ¿es acaso democracia lo que hemos vivido durante la mayor parte de los años de vida independiente? ¿Podemos seguir culpando a España por nuestra conducta política actual? ¿O acaso a los Estados Unidos por nuestro incumplimiento de la ley y/o la falta del debido proceso judicial? ¿Será que los civiles lo han hecho tan mal, que lo necesario sean los militares bien intencionados? O...que los hombres, en general, lo hemos hecho de tal manera, que, como dicen otros (as)... ¿o que se impone son las mujeres en el Gobierno nacional y local?
Señor Presidente Electo: Precisa que Ud. no repita la vieja historia, no se apresure en hacerse General y más bien se quite el uniforme de fatiga y refleje en sus actos, la grandeza del alma que esperan sus conciudadanos. Ud. y el país deberán exigir la indispensable separación de los tres poderes del Estado y el total respeto a ese cuarto poder que es la prensa verdaderamente libre. Su condición a partir del próximo mes deberá ser, ni más ni menos, la de Jefe del Poder Ejecutivo y no la de ningún Comandante, pues los países no se pueden gobernar como si fuesen un gran cuartel.
Eso sí, la oportunidad que Venezuela le ofrece es única, especialísima y no debe ser comprometida. Llega Ud. a la Presidencia en hombros de ciudadanos deseosos de verse reflejados en el espejo de su persona. Por amor a Dios, y a lo mejor de Ud. mismo, no los traicione.
Es autor del libro Los Estados Unidos del Norte y los desunidos del Sur.
Ante todo, y para equilibrar el amenazante efecto nocivo de la adulación diaria proveniente más que nunca de civiles interesados, le recomendaría que escuche sobre todo a su padre y procure activamente el consejo y la crítica de quienes se atreven a decirle incluso las verdades que duelen.
Tengo entendido que su padre se dedicó a la enseñanza de la juventud de su país y ello pudiese constituir justamente un invaluable activo en su caso. Simplemente porque no es, no puede ser, una persona que haya vivido del delito, la apropiación del despojo ni el crimen, ni tampoco un hedonista oportunista que llena sus arcas a base del engaño a sus semejantes.
Cabría también empezar por recordar que, mucho antes de nuestras independencias, en Europa se planteó el debate (producto de la inestabilidad política hija de la Reforma y la Contrarreforma) de si el hombre era incapaz de gobernarse racionalmente o si, por el contrario, podía vivir bajo un Estado de Derecho, de Leyes, en lugar de bajo un cesarismo de mano fuerte. Desafortunadamente para nosotros, España continuó, aún después de la invasión napoleónica, bajo el absolutismo de Fernando VII y hasta nuestra separación de la metrópoli.
Esa herencia aún no la hemos superado, y muchos piensan que la solución de nuestros problemas está providencialmente en manos de especie de semidioses iluminados.
En cambio, pienso que nuestros males endémicos, y ciertamente los de Venezuela y mi país, Panamá, no son intrínsecamente económicos sino políticos. No hay mayor misterio telúrico que los cubra. Se trata simplemente de la corrupción. Con el oleoducto de petrodólares que ingresa diariamente a Venezuela, la explicación de sus gravísimos males está en la descomposición moral y la desorientación política de sus dirigentes, tanto civiles como militares.
Naturalmente que la compra de armamento de guerra francés de segunda mano (reconstruido) pero pagado como de primera, fue una acusación de lo más seria hecha a las Fuerzas Armadas y que hasta donde conozco, jamás fue aclarada y ni siquiera investigada por los propios tribunales militares. Idem la denuncia hecha hace varios años por el pago del 100 % de facturas por compras de municiones yugoslavas, cuando el país sólo había recibido el 10% de las mismas. Si estos fuesen ejemplos de acusaciones infundadas, de cara al futuro del país, tampoco deberían ellas quedar en la impunidad que nos ahoga.
¿Y qué decir de la falta y el distorsionamiento de las licitaciones públicas y los concursos de precios que deben regir las compras del Estado y sus instituciones autónomas y semiautónomas? ¿Cómo justificar la triplicación de la burocracia administrativa, para no aludir siquiera a quienes cobran sus cheques sin siquiera presentarse a laborar? ¿ Puede alguien atribuir esos males a nuestras Constituciones ...o más bien cabe decirse que la fiebre no está en la manta, como dice la sabiduría popular?
Con semejantes experiencias, no debe sorprender que la mayoría de los ciudadanos haya perdido su fe en la democracia. Pero... ¿es acaso democracia lo que hemos vivido durante la mayor parte de los años de vida independiente? ¿Podemos seguir culpando a España por nuestra conducta política actual? ¿O acaso a los Estados Unidos por nuestro incumplimiento de la ley y/o la falta del debido proceso judicial? ¿Será que los civiles lo han hecho tan mal, que lo necesario sean los militares bien intencionados? O...que los hombres, en general, lo hemos hecho de tal manera, que, como dicen otros (as)... ¿o que se impone son las mujeres en el Gobierno nacional y local?
Señor Presidente Electo: Precisa que Ud. no repita la vieja historia, no se apresure en hacerse General y más bien se quite el uniforme de fatiga y refleje en sus actos, la grandeza del alma que esperan sus conciudadanos. Ud. y el país deberán exigir la indispensable separación de los tres poderes del Estado y el total respeto a ese cuarto poder que es la prensa verdaderamente libre. Su condición a partir del próximo mes deberá ser, ni más ni menos, la de Jefe del Poder Ejecutivo y no la de ningún Comandante, pues los países no se pueden gobernar como si fuesen un gran cuartel.
Eso sí, la oportunidad que Venezuela le ofrece es única, especialísima y no debe ser comprometida. Llega Ud. a la Presidencia en hombros de ciudadanos deseosos de verse reflejados en el espejo de su persona. Por amor a Dios, y a lo mejor de Ud. mismo, no los traicione.
Es autor del libro Los Estados Unidos del Norte y los desunidos del Sur.