Carta abierta al señor Torrijos
A DIECINUEVE días del referendo que usted, su gobierno y sus aliados coyunturales (los diputados de la oposición que "ingenuamente" dieron su voto para convocarlo y de lo que, seguramente, deben arrepentirse), estimo oportuno dirigirle esta carta pública. No espero que le haga cambiar de parecer; pero creo que es importante hacerle conocer la manera en que pensamos muchos más panameños de los que usted pueda imaginar, que votaremos No el 22 de octubre.
En primer lugar, queremos dejar expresa constancia de que respetamos a todos aquellos compatriotas, que de buena fe y sinceramente creen que deben votar Sí; pero, también exigimos que se nos guarde igual respeto a todos los que votaremos No. Por tanto, usted debiera, primero, hacer un llamado en ese sentido y, segundo, tomar medidas apropiadas para frenar la campaña de satanización que, desde las esferas oficiales se ha orquestado contra quienes, con legítimo derecho, y razones válidas, nos oponemos al proyecto.
Con un mínimo objetividad, deberá usted reconocer que los medios oficiales y privados al servicio del Sí, han sido descomunalmente desproporcionados, en comparación con las oportunidades dadas a los promotores del No. Y si a esa desproporción, ya de por sí antidemocrática, se agrega el abuso y el ataque abierto y solapado de algunos de sus aliados, sin que se les llame al orden, pero de verdad, no se sorprenda usted de que aumente la duda sobre sus convicciones democráticas.
Personalmente, nunca creí que fuera usted la persona indicada para dirigir los destinos de nuestra Nación. Los que así pensamos y lo manifestamos en las elecciones pasadas, fuimos la mayoría de los votantes. El 53% de los panameños que acudió a las urnas no votó por usted y, además, 28% de nuestros compatriotas se abstuvo de ejercer el sufragio. Unos porque no creen en las elecciones; otros porque no creen en los partidos, incluido el suyo; otros porque no creían en ninguno de los candidatos, incluido usted; pero todos somos panameños a quienes afectan las decisiones de su gobierno. Eso es bueno no olvidarlo.
En el referendo de 1977, según los resultados divulgados, casi el setenta por ciento (70%) de los panameños aprobamos los tratados Torrijos-Carter. Y si ese porcentaje no fue mayor, se debió a que muchos de nuestros compatriotas, que votaron en contra, objetaban que tuviéramos que esperar otros 23 años para recobrar la soberanía sobre nuestro territorio y asumir el control del Canal; pero, principalmente, porque, con justificada razón, rechazaban el llamado Tratado de Neutralidad que, como es sabido, nos mantiene "bajo el paraguas del Pentágono".
A pesar de lo anterior, al día de hoy, cualquier encuesta revelaría que, como mínimo, el noventa y cinco por ciento (95%) de los panameños sentimos que nuestra causa histórica, "la religión que unió a todos los panameños", fue reivindicada. El Canal es nuestro y todos queremos para él lo mejor. Su funcionamiento eficiente, seguro y, sobre todo, rentable es bueno para el país. Por tanto, su futuro, es también asunto de todos y, en principio, no debiera provocar divisiones entre los panameños. Sin embargo, esa no es la realidad que vivimos. El proyecto de ampliación, que impulsa su gobierno, ha dividido a los panameños, y mucho más profundamente de lo que miden las encuestas.
Hubiera sido ideal que al referendo para decidir el futuro del Canal hubiéramos podido llegar, convencida, la amplia mayoría del país, de que es bueno para la Nación panameña. Pero no es así. Los sondeos más recientes nos indican que si el Sí llega a ganar no sería por muy poco margen. Tal vez, usted y sus seguidores, si eso llegara a ocurrir, consideren que han triunfado y se han salido con la suya. Pero, se han preguntado: ¿sobre quién o a costa de qué?
Creo que usted, como gobernante, desde el comienzo debió adoptar una posición completamente diferente: El objetivo nunca debió ser ganar el referendo a como diera lugar sino convencer al pueblo panameño de que la ampliación, ahora, en este momento, es conveniente para el país.
La verdad, es un hecho comprobado, se impone por su propia fuerza y valor intrínseco. Si requiere de mucho maquillaje y de ponerle mucho flecos y arandelas, es que no es tan verdad. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con el proyecto de la ampliación. Primero fue el ocultamiento y el retraso amañado para presentar la propuesta; después vino la pifia monumental de los famosos estudios sin traducir y la arrogancia estúpida de presentarlos en idioma extranjero; le siguió la propaganda de costo multimillonario, más propia de una campaña publicitaria comercial, saturada de mensajes inocuos y hasta ofensivos para cualquier inteligencia promedio; le siguió la evasión y la falta de respuestas, todavía están pendientes, a preguntas concretas sobre los supuestos miles de empleos, que han resultado castillos en el aire, la falta de sustentación tanto de las estimaciones financieras como de los cálculos de la futura demanda de tránsitos; y, finalmente, la constatación de que el proyecto de ampliación es sólo eso: una visión conceptual, sin diseños específicos y, por tanto, de costos inciertos.
El Canal debe seguir siendo (no repetiré que una religión que nos una, pues esa frase no sería la adecuada en este momento) causa de unión y no de separación, que es en lo que se ha convertido. Un resultado del referendo que no refleje una aceptación ampliamente mayoritaria es un fracaso. Y así debe vérsele. Lo apropiado y sensato hubiera sido darnos más tiempo y haber avanzado en la preparación de una propuesta debidamente fundamentada, que no dejara lugar a dudas y que generara un verdadero consenso nacional. Más importante que una aprobación apresurada, es que la Nación, la amplia mayoría de ella, esté convencida, y ahora no lo está, de que está preparada para tomar una decisión tan trascendental. Por último, en un afán por encontrar explicaciones o justificaciones o para desacreditar las serias y justificadas objeciones que existen sobre el proyecto, recientemente se ha puesto a rodar la especie de que los que votaremos por el No estamos animados del deseo de castigar su gestión de gobierno. Ese argumento, aparte de pueril, evidencia miopía política, en un intento inútil por desmerecer las motivaciones de quienes objetamos el proyecto, por razones objetivas.
El proyecto de ampliación del Canal lo rechazamos, por la debilidad de los estudios de sustentación; porque es conceptual y no específico, pues no existen diseños concretos y los correspondientes cálculos de precios; porque carece de sustentaciones financieras confiables sobre sus costos finales; y porque no se ha demostrado que sea urgente que debamos tomar la decisión que se nos quiere forzar a tomar, en un plazo tan perentorio. Si la mesa sólo tiene cuatro patas, ¿a que viene buscarle una quinta?
El pasado jueves en San Miguelito se recolectó chatarra en todos los centros de salud, con la finalidad de eliminar posibles criaderos del mosquito, pues en el área ésta se acumula y se vuelve un criadero potencial del mosquito Aedes aegypti, con un 7.2 % de positividad.
Los tanques representan la mayor amenaza con un 29%, seguido de los envases plásticos con un 18.2%.
A un 7.9%, aumentó el índice de infestación de mosquito en el distrito, según estadísticas del Ministerio de Salud, hasta el viernes 22 de septiembre.
Entre tanto, hasta la semana del 16 de septiembre se registraba un 4.6%.
La directora de la regional, Bellatriz Berrocal, dijo que el operativo "Tumba el Dengue", lanzado recientemente, se extenderá hasta el mes de marzo, buscando reducir los índices de infestación en un 1%, mediante limpiezas programadas.
En las etapas 1, 2, 3, 4 y 8 de Santa Librada, del corregimiento Omar Torrijos, hay infestaciones de dengue que mantienen a las autoridades alarmadas.
Recientemente Cinthia Gallardo, de la etapa 2, contó la preocupación que sentía porque ya su hija y su nieta habían pasado por esto.
En primer lugar, queremos dejar expresa constancia de que respetamos a todos aquellos compatriotas, que de buena fe y sinceramente creen que deben votar Sí; pero, también exigimos que se nos guarde igual respeto a todos los que votaremos No. Por tanto, usted debiera, primero, hacer un llamado en ese sentido y, segundo, tomar medidas apropiadas para frenar la campaña de satanización que, desde las esferas oficiales se ha orquestado contra quienes, con legítimo derecho, y razones válidas, nos oponemos al proyecto.
Con un mínimo objetividad, deberá usted reconocer que los medios oficiales y privados al servicio del Sí, han sido descomunalmente desproporcionados, en comparación con las oportunidades dadas a los promotores del No. Y si a esa desproporción, ya de por sí antidemocrática, se agrega el abuso y el ataque abierto y solapado de algunos de sus aliados, sin que se les llame al orden, pero de verdad, no se sorprenda usted de que aumente la duda sobre sus convicciones democráticas.
Personalmente, nunca creí que fuera usted la persona indicada para dirigir los destinos de nuestra Nación. Los que así pensamos y lo manifestamos en las elecciones pasadas, fuimos la mayoría de los votantes. El 53% de los panameños que acudió a las urnas no votó por usted y, además, 28% de nuestros compatriotas se abstuvo de ejercer el sufragio. Unos porque no creen en las elecciones; otros porque no creen en los partidos, incluido el suyo; otros porque no creían en ninguno de los candidatos, incluido usted; pero todos somos panameños a quienes afectan las decisiones de su gobierno. Eso es bueno no olvidarlo.
En el referendo de 1977, según los resultados divulgados, casi el setenta por ciento (70%) de los panameños aprobamos los tratados Torrijos-Carter. Y si ese porcentaje no fue mayor, se debió a que muchos de nuestros compatriotas, que votaron en contra, objetaban que tuviéramos que esperar otros 23 años para recobrar la soberanía sobre nuestro territorio y asumir el control del Canal; pero, principalmente, porque, con justificada razón, rechazaban el llamado Tratado de Neutralidad que, como es sabido, nos mantiene "bajo el paraguas del Pentágono".
A pesar de lo anterior, al día de hoy, cualquier encuesta revelaría que, como mínimo, el noventa y cinco por ciento (95%) de los panameños sentimos que nuestra causa histórica, "la religión que unió a todos los panameños", fue reivindicada. El Canal es nuestro y todos queremos para él lo mejor. Su funcionamiento eficiente, seguro y, sobre todo, rentable es bueno para el país. Por tanto, su futuro, es también asunto de todos y, en principio, no debiera provocar divisiones entre los panameños. Sin embargo, esa no es la realidad que vivimos. El proyecto de ampliación, que impulsa su gobierno, ha dividido a los panameños, y mucho más profundamente de lo que miden las encuestas.
Hubiera sido ideal que al referendo para decidir el futuro del Canal hubiéramos podido llegar, convencida, la amplia mayoría del país, de que es bueno para la Nación panameña. Pero no es así. Los sondeos más recientes nos indican que si el Sí llega a ganar no sería por muy poco margen. Tal vez, usted y sus seguidores, si eso llegara a ocurrir, consideren que han triunfado y se han salido con la suya. Pero, se han preguntado: ¿sobre quién o a costa de qué?
Creo que usted, como gobernante, desde el comienzo debió adoptar una posición completamente diferente: El objetivo nunca debió ser ganar el referendo a como diera lugar sino convencer al pueblo panameño de que la ampliación, ahora, en este momento, es conveniente para el país.
La verdad, es un hecho comprobado, se impone por su propia fuerza y valor intrínseco. Si requiere de mucho maquillaje y de ponerle mucho flecos y arandelas, es que no es tan verdad. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con el proyecto de la ampliación. Primero fue el ocultamiento y el retraso amañado para presentar la propuesta; después vino la pifia monumental de los famosos estudios sin traducir y la arrogancia estúpida de presentarlos en idioma extranjero; le siguió la propaganda de costo multimillonario, más propia de una campaña publicitaria comercial, saturada de mensajes inocuos y hasta ofensivos para cualquier inteligencia promedio; le siguió la evasión y la falta de respuestas, todavía están pendientes, a preguntas concretas sobre los supuestos miles de empleos, que han resultado castillos en el aire, la falta de sustentación tanto de las estimaciones financieras como de los cálculos de la futura demanda de tránsitos; y, finalmente, la constatación de que el proyecto de ampliación es sólo eso: una visión conceptual, sin diseños específicos y, por tanto, de costos inciertos.
El Canal debe seguir siendo (no repetiré que una religión que nos una, pues esa frase no sería la adecuada en este momento) causa de unión y no de separación, que es en lo que se ha convertido. Un resultado del referendo que no refleje una aceptación ampliamente mayoritaria es un fracaso. Y así debe vérsele. Lo apropiado y sensato hubiera sido darnos más tiempo y haber avanzado en la preparación de una propuesta debidamente fundamentada, que no dejara lugar a dudas y que generara un verdadero consenso nacional. Más importante que una aprobación apresurada, es que la Nación, la amplia mayoría de ella, esté convencida, y ahora no lo está, de que está preparada para tomar una decisión tan trascendental. Por último, en un afán por encontrar explicaciones o justificaciones o para desacreditar las serias y justificadas objeciones que existen sobre el proyecto, recientemente se ha puesto a rodar la especie de que los que votaremos por el No estamos animados del deseo de castigar su gestión de gobierno. Ese argumento, aparte de pueril, evidencia miopía política, en un intento inútil por desmerecer las motivaciones de quienes objetamos el proyecto, por razones objetivas.
El proyecto de ampliación del Canal lo rechazamos, por la debilidad de los estudios de sustentación; porque es conceptual y no específico, pues no existen diseños concretos y los correspondientes cálculos de precios; porque carece de sustentaciones financieras confiables sobre sus costos finales; y porque no se ha demostrado que sea urgente que debamos tomar la decisión que se nos quiere forzar a tomar, en un plazo tan perentorio. Si la mesa sólo tiene cuatro patas, ¿a que viene buscarle una quinta?
El pasado jueves en San Miguelito se recolectó chatarra en todos los centros de salud, con la finalidad de eliminar posibles criaderos del mosquito, pues en el área ésta se acumula y se vuelve un criadero potencial del mosquito Aedes aegypti, con un 7.2 % de positividad.
Los tanques representan la mayor amenaza con un 29%, seguido de los envases plásticos con un 18.2%.
A un 7.9%, aumentó el índice de infestación de mosquito en el distrito, según estadísticas del Ministerio de Salud, hasta el viernes 22 de septiembre.
Entre tanto, hasta la semana del 16 de septiembre se registraba un 4.6%.
La directora de la regional, Bellatriz Berrocal, dijo que el operativo "Tumba el Dengue", lanzado recientemente, se extenderá hasta el mes de marzo, buscando reducir los índices de infestación en un 1%, mediante limpiezas programadas.
En las etapas 1, 2, 3, 4 y 8 de Santa Librada, del corregimiento Omar Torrijos, hay infestaciones de dengue que mantienen a las autoridades alarmadas.
Recientemente Cinthia Gallardo, de la etapa 2, contó la preocupación que sentía porque ya su hija y su nieta habían pasado por esto.