Carta abierta a Sebastián Méndez
Me veo en la necesidad de hacerte llegar esta carta en mi condición de integrante de la comisión temporal designada por los depositantes de Providence, para coordinar los esfuerzos de recuperación de los fondos que te confiaron. No somos amigos, ni deposité fondos contigo, pero sabes que desde el inicio me ofrecí a ayudar en la búsqueda de una salida, por el cariño especial que me une a uno de tus depositantes que conoces personalmente. Lo hago en forma de carta abierta, porque desde que saliste del país, incumpliendo con tu promesa personal de estar al frente, y producto, quizás, de un momento de debilidad de tu fuerte carácter cristiano y/o temor por tu seguridad y libertad personal, hemos estado tratando, infructuosamente, de lograr algún grado de comunicación con los interlocutores que has enviado, que sea efectiva y nos lleve a algún tipo de avance en la solución del problema.
Las últimas esperanzas centradas en tu apoderada legal, que hace unas tres semanas apareció, se esfumaron rápidamente cuando no fue capaz de producir ningún gesto real de la seriedad del compromiso ante nuestras peticiones concretas en ese sentido; todo ello a pesar de que personalmente, hace dos semanas en una asamblea general, empeñó su palabra en trabajar, primero, en una solución para los depositantes en Providence Corp.; luego, para sus empleados y finalmente para ti, según sus propias palabras.
Por eso se produjo la necesidad de desenmascararla en la asamblea realizada hace unos días. No entro en detalles, porque asumo que mantienes algún nivel de conversación frecuente, desde donde estés, con ella. Pero si lo deseas, sabes cómo localizarme o hacer llegar un mensaje a través de cualquiera de los afectados, la mayoría de los cuales conoces personalmente. El nivel de ansiedad e impaciencia de los afectados está llegando a niveles que desencadenarán en decisiones y acciones irreversibles e irreparables, por nuestra incapacidad de poder señalar alguna alternativa de solución negociada y viable.
Los sinsabores a que se expuso tu hermana, en la última reunión, en un esfuerzo cristiano de acompañarnos en la tragedia, indican que debes dejar de utilizarla como un gesto o enlace. No es justo ni para ella ni para nosotros que te escudes o refugies de esta manera. Creo que debes enfrentar con sinceridad e hidalguía la decisión de venir, dar la cara y trabajar junto a nosotros en el logro de una solución rápida. Si esto se posterga, después será muy tarde y no tendrá sentido considerarlo, y estarás condenado a continuar viviendo fuera del país, autodesterrado, solo y separado de los amigos y familiares que aún creen en ti.
Las últimas esperanzas centradas en tu apoderada legal, que hace unas tres semanas apareció, se esfumaron rápidamente cuando no fue capaz de producir ningún gesto real de la seriedad del compromiso ante nuestras peticiones concretas en ese sentido; todo ello a pesar de que personalmente, hace dos semanas en una asamblea general, empeñó su palabra en trabajar, primero, en una solución para los depositantes en Providence Corp.; luego, para sus empleados y finalmente para ti, según sus propias palabras.
Por eso se produjo la necesidad de desenmascararla en la asamblea realizada hace unos días. No entro en detalles, porque asumo que mantienes algún nivel de conversación frecuente, desde donde estés, con ella. Pero si lo deseas, sabes cómo localizarme o hacer llegar un mensaje a través de cualquiera de los afectados, la mayoría de los cuales conoces personalmente. El nivel de ansiedad e impaciencia de los afectados está llegando a niveles que desencadenarán en decisiones y acciones irreversibles e irreparables, por nuestra incapacidad de poder señalar alguna alternativa de solución negociada y viable.
Los sinsabores a que se expuso tu hermana, en la última reunión, en un esfuerzo cristiano de acompañarnos en la tragedia, indican que debes dejar de utilizarla como un gesto o enlace. No es justo ni para ella ni para nosotros que te escudes o refugies de esta manera. Creo que debes enfrentar con sinceridad e hidalguía la decisión de venir, dar la cara y trabajar junto a nosotros en el logro de una solución rápida. Si esto se posterga, después será muy tarde y no tendrá sentido considerarlo, y estarás condenado a continuar viviendo fuera del país, autodesterrado, solo y separado de los amigos y familiares que aún creen en ti.