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Carta de Dios para ti


Tú vales, no te pongas en venta, obsérvate a ti mismo. Valora lo maravilloso que eres. Estás hecho a imagen y semejanza mía. Tú eres el rasgo más delicado que he hecho en toda la creación. Acepta hoy que tu vida es el regalo más precioso que has recibido de parte mía. Nunca dejes de reeducarte. Disponte a comenzar siempre. Tú eres el artífice de tu propio destino. Te he imaginado para el éxito, no para la derrota. Tú serás lo que pienses en tu corazón, por eso procura lanzar pensamientos positivos, hermosos y correctos. Vigila todo lo que entra en tu cuerpo, mente y corazón. Estás en este mundo con un propósito: ¡ser feliz!.
Disfruta de todo lo que eres. Aprende a reírte de ti mismo porque tú serás el más cómico cuando te tomas demasiado en serio. Pinta todos los días con una sonrisa y tú envejecerás al ritmo que tú mismo desees. Proponte alcanzar el equilibrio y procura no perder el control. Acoge tus no equilibrios; ellos son parte de su nobleza. Entra en armonía contigo mismo y acéptate como eres. Nunca dejes de buscar quién eres tú. Constrúyete a ti mismo con bases sólidas y fuertes, así no serás esclavo de tus propias debilidades. Procura ser y no sólo parecer. Reconcíliate siempre contigo mismo. Vive sin miedo, ama sin fronteras, cree sin límites y vive más allá del tiempo. He querido que seas permanente y eterno; no pierdas nunca la certeza de tu inmortalidad.
Deja a un lado los conceptos inmaduros; nunca te degrades, respeta lo que eres. El amor es el resultado de un total auto respeto. Yo te respeto y te valoro, y tu existencia justifica mi amor por ti. Desarrolla al máximo tus potencialidades; cultívalas para que las dupliques. Acepta tus potencialidades negativas; sería anormalidad no tenerlas. Si fueras incapaz de infelicidad, no sabrías lo que sería la felicidad. Pero mantén bajo control tus potencialidades negativas. Refínalas para que no te quiten vida.
Nada exterior a ti te puede dañar si tú no lo permites.
Procura encontrarte, reconocerte y reevaluarte a ti mismo. No te disculpes de tus insuficiencias. Tú te comportas de acuerdo con tus valores. Lo importante no son los problemas, sino la manera como reaccionas ante ellos: por eso decídete a mirar el mundo de otra manera. Proponte crear un nuevo patrono de actitudes para que puedas superar tus dudas, frustraciones y miedos e incluso tus culpabilidades. Crea cada pensamiento, cada emoción, cada deseo, cada necesidad. No te contentes con vegetar, tú no eres limitado. Reencuentra tu propia identidad proponiéndote metas que sean el reflejo de tu autovaloración. No seas del clan de los sonámbulos satisfechos de la sociedad moderna. Supera la pobre actitud que muchos tienen ante el dolor.
Aprende a vivir. Con cada pensamiento que tú produzcas te atas a ti mismo; determinas tu éxito o tu fracaso. Cultiva tu interioridad, porque ella es tan valiosa y tan hermosa como la vasta y personal inteligencia que se encuentra en el universo.
Desarrolla la capacidad de amar que te he dado. No reduzcas nunca tu horizonte de bondad. Haz del amor tu arma más poderosa; encuentra el poder del amor y no caigas en la tentación del amor al poder. Ama a toda la humanidad; que sólo tengas tiempo para amar. Tú miras a los demás de la misma manera como te miras a ti mismo. No niegues los dones de desarrollo y expansión. Piensa en que vas a invertir tu energía en todos los maravillosos años que te quedan por vivir. Guía tu mente porque si no la orientas, otros lo harán por ti. No aceptes ser sumiso al ambiente; ten juicio crítico. Te he dado un instrumental maravilloso, la fe; con ella buscarás cuál es mi voluntad. Yo quiero que tú presumas que eres uno conmigo. Yo estoy más cerca de ti que tus manos y tus pies. Asume tu fuerza interior, en ella se encuentra el perfecto hombre que eres tú.
Eres mi hijo. Yo te engendré; desde la eternidad pensé en ti y te di vida en el tiempo y en el espacio concreto. Tú eres porque yo te amo. Te llamo por tu nombre y te entiendo; leo tus pensamientos y deseos. Te conozco de pies a cabezas, desde que tus huesos tomaron forma. Oigo tu voz, los latidos de tu corazón y tu respiración. Yo te amo por lo que tú eres, y eres ¡Maravilloso!
Lee el Evangelio porque ahí mi hijo te está hablando. El es el camino, la verdad y la vida. El es el buen pastor que dio la vida por las ovejas. El es el tronco y tú la rama que necesitas de El para vivir. El es quien conmigo dirige los destinos del mundo y juntos hemos enviado el Espíritu Santo, para que todos mis hijos se encuentren y sean uno. El es mi hijo amado; escúchalo porque El tiene palabras de vida eterna. Haz oración todos los días, comunícate conmigo que quiero hablarte. El Universo lo hice para ti, el aire que respiras, el sol que te ilumina, los ríos y los campos, y como mi hijo Amado yo te quiero, te perdono y te comprendo. Tú eres mi hijo y recuerda siempre que ¡conmigo eres... invencible!

101 años de Panamá América

 
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