Carta libre por la Tierra
Ciudadano (a): Le escribo esta carta aprovechando que celebramos el Día de la Tierra. Es un momento que podemos y debemos aprovechar, para pensarnos no sólo como humanos, sino como parte de la naturaleza en la que estamos inmersos.
Si usted pensó que la ecología era una moda inofensiva que se refería a la situación de las selvas lejanas o recónditas áreas rurales, o que tenía que ver solamente con la bucólica alusión a especies exóticas en extinción, es posible que ya a estas alturas del partido ya visualice la verdad: El tema del ambiente está ligado a toda acción humana, y es un componente fundamental de cualquier proceso de desarrollo que se precie como tal.
Por si alguien se lo asegura, el interés por el medio ambiente no nace sólo del exterior. Por el contrario, han sido precisamente los pueblos indígenas los que han dado el mejor ejemplo de su relación armoniosa con la naturaleza, acción que algunos han confundido, afirmando que los aborígenes eran flojos, y que había que desplazarlos para hacer producir la tierra, producción que en muchos casos se convirtió en devastación. Tampoco usted puede dejarse confundir, por los que quieren oponer progreso económico, con la promoción de un medio ambiente adecuado para todos. Esa es una falsa oposición. Los proyectos económicos que no posean el ingrediente ambiental, son contrarios al progreso, pues cuando el ambiente no es tomado en cuenta es algo así como un cañón cargado, que se vuelve y dispara contra nosotros mismos. Sino recuerde cómo la deforestación llega a nuestra mesa convertida en agua turbia, o la contaminación puede visitarnos vestida en forma de diversas enfermedades, algunas mortales. O cómo el sol se ha convertido en una amenaza letal, gracias al agujero de la capa de ozono. Siempre debe ser posible conciliar los proyectos de desarrollo con el ambiente, si se quiere que esos proyectos sean sostenibles.
En definitiva parece ser que los modelos actuales de desarrollo, no parecen tener capacidad de responder a "un desarrollo que satisfaga las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de futuras generaciones" como enuncia el Informe Bruntland.
Nuestro país ha firmado innumerables convenios internacionales sobre el tema del ambiente, y los partidos políticos se comprometieron antes de las elecciones, a proteger y promover el ambiente firmando un pacto ambientalista. ¡Qué fácil es decir y que difícil es hacer! Esperemos que las declaraciones no se conviertan en letra muerta, cuando se impongan los intereses creados.
Somos parte de América Latina, la porción del planeta con más presencia forestal, con mayor diversidad biológica y mayor humedad. Pero es fácil encontrar las huellas visibles del deterioro ambiental, y la pobreza por todas partes, así, en este subcontinente sufrimos una de las mayores tasas de deforestación del mundo, casi 6 millones de hectáreas anuales (80 mil hectáreas en Panamá.)
Estos y otros elementos nos demuestran el agotamiento de un estilo de crecimiento, que se ha mostrado ecológicamente depredador, socialmente perverso y políticamente injusto. La relación entre ambiente y desarrollo pasa por un nudo crítico, por la presencia de pobreza que azota a un millón de personas en este país, que posee una de las perores distribuciones del ingreso del mundo. Esto apunta al hecho, de que la degradación ambiental es producto de los extremos: La ausencia de desarrollo socioeconómico (que produce miseria y desigualdad); y los "excesos" del crecimiento (que producen contaminación, consumismo, derroche de recursos). Pero en "situaciones de extrema pobreza, el individuo marginado de la sociedad y de la economía nacional no posee ningún compromiso para evitar la degradación ambiental, si es que la sociedad no logra impedir su degradación como persona"(Roberto Guimaraes: 1992)
Déjame decirte una cosa, el ambiente siempre fue un factor clave en la realidad humana, pero es la conciencia de ello la que hoy nos alcanza. Entender esto es fundamental. Se trata de leer cada proyecto socioeconómico a través de cómo impacta a las personas, y su entorno, pues son en sí, uno mismo.
Es cosa de vida o muerte. Tenemos que construir una estrategia de desarrollo que sea territorialmente descentralizada, económicamente influyente, socialmente equitativa, políticamente participativa y ambientalmente sana, donde las personas -la gente- sean sujetos de todo el proceso.
En una de los relatos de Borges, un prisionero encerrado junto a un jaguar trata de comprender el significado del ser y de la vida, descifrando la piel de la fiera iluminada por un rayito de luz que entra en su celda, sólo una vez al día. La verdad no sólo está dibujada en la piel del jaguar esperando rayos de luz que la descifren, sino en los desafíos de construir sociedades más justas, basadas en la ternura y la esperanza de nuestra comunión con la tierra, con la madre tierra.
Si usted pensó que la ecología era una moda inofensiva que se refería a la situación de las selvas lejanas o recónditas áreas rurales, o que tenía que ver solamente con la bucólica alusión a especies exóticas en extinción, es posible que ya a estas alturas del partido ya visualice la verdad: El tema del ambiente está ligado a toda acción humana, y es un componente fundamental de cualquier proceso de desarrollo que se precie como tal.
Por si alguien se lo asegura, el interés por el medio ambiente no nace sólo del exterior. Por el contrario, han sido precisamente los pueblos indígenas los que han dado el mejor ejemplo de su relación armoniosa con la naturaleza, acción que algunos han confundido, afirmando que los aborígenes eran flojos, y que había que desplazarlos para hacer producir la tierra, producción que en muchos casos se convirtió en devastación. Tampoco usted puede dejarse confundir, por los que quieren oponer progreso económico, con la promoción de un medio ambiente adecuado para todos. Esa es una falsa oposición. Los proyectos económicos que no posean el ingrediente ambiental, son contrarios al progreso, pues cuando el ambiente no es tomado en cuenta es algo así como un cañón cargado, que se vuelve y dispara contra nosotros mismos. Sino recuerde cómo la deforestación llega a nuestra mesa convertida en agua turbia, o la contaminación puede visitarnos vestida en forma de diversas enfermedades, algunas mortales. O cómo el sol se ha convertido en una amenaza letal, gracias al agujero de la capa de ozono. Siempre debe ser posible conciliar los proyectos de desarrollo con el ambiente, si se quiere que esos proyectos sean sostenibles.
En definitiva parece ser que los modelos actuales de desarrollo, no parecen tener capacidad de responder a "un desarrollo que satisfaga las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de futuras generaciones" como enuncia el Informe Bruntland.
Nuestro país ha firmado innumerables convenios internacionales sobre el tema del ambiente, y los partidos políticos se comprometieron antes de las elecciones, a proteger y promover el ambiente firmando un pacto ambientalista. ¡Qué fácil es decir y que difícil es hacer! Esperemos que las declaraciones no se conviertan en letra muerta, cuando se impongan los intereses creados.
Somos parte de América Latina, la porción del planeta con más presencia forestal, con mayor diversidad biológica y mayor humedad. Pero es fácil encontrar las huellas visibles del deterioro ambiental, y la pobreza por todas partes, así, en este subcontinente sufrimos una de las mayores tasas de deforestación del mundo, casi 6 millones de hectáreas anuales (80 mil hectáreas en Panamá.)
Estos y otros elementos nos demuestran el agotamiento de un estilo de crecimiento, que se ha mostrado ecológicamente depredador, socialmente perverso y políticamente injusto. La relación entre ambiente y desarrollo pasa por un nudo crítico, por la presencia de pobreza que azota a un millón de personas en este país, que posee una de las perores distribuciones del ingreso del mundo. Esto apunta al hecho, de que la degradación ambiental es producto de los extremos: La ausencia de desarrollo socioeconómico (que produce miseria y desigualdad); y los "excesos" del crecimiento (que producen contaminación, consumismo, derroche de recursos). Pero en "situaciones de extrema pobreza, el individuo marginado de la sociedad y de la economía nacional no posee ningún compromiso para evitar la degradación ambiental, si es que la sociedad no logra impedir su degradación como persona"(Roberto Guimaraes: 1992)
Déjame decirte una cosa, el ambiente siempre fue un factor clave en la realidad humana, pero es la conciencia de ello la que hoy nos alcanza. Entender esto es fundamental. Se trata de leer cada proyecto socioeconómico a través de cómo impacta a las personas, y su entorno, pues son en sí, uno mismo.
Es cosa de vida o muerte. Tenemos que construir una estrategia de desarrollo que sea territorialmente descentralizada, económicamente influyente, socialmente equitativa, políticamente participativa y ambientalmente sana, donde las personas -la gente- sean sujetos de todo el proceso.
En una de los relatos de Borges, un prisionero encerrado junto a un jaguar trata de comprender el significado del ser y de la vida, descifrando la piel de la fiera iluminada por un rayito de luz que entra en su celda, sólo una vez al día. La verdad no sólo está dibujada en la piel del jaguar esperando rayos de luz que la descifren, sino en los desafíos de construir sociedades más justas, basadas en la ternura y la esperanza de nuestra comunión con la tierra, con la madre tierra.