Casa Grande, daño y sanción
Nuestras autoridades acaban de allanar una de las denominadas Casa Grande. Se trata de un consorcio de familia. Se encontró una alta suma de dinero y una lista de 500 vendedores de chances clandestinos de la Lotería Nacional de Beneficencia (LNB).
Este delito no es solamente contra la institución, sino también contra el país. Los beneficios que recibe Panamá a través de lo que recauda la Lotería son amplios y para fines nobles.
Lo que nuestra Lotería representa para el país hace de la venta de chances clandestinos, un crimen de lesa patria.
Los familiares dueños de la Casa Grande allanada, deberán explicar y demostrar con qué fondos adquirieron las propiedades que hoy tienen. Se impone verificar sus cuentas bancarias y sus montos, y de no poder comprobar cómo se enriquecieron, que se les decomise cuanto tengan y se haga de ello total entrega a la LNB.
Más aún, por crudo y doloroso que resulte, no importa cuán pobres y humildes sean los de la lista de vendedores, hay que castigarlos también, conforme señale la ley. Lamentamos que las autoridades no hayan hecho allanamientos simultáneos en las llamadas Casa Grande y que se les trate tal como hemos esbozado aquí. No obstante, debe ser muy fácil saber cuáles son, dónde están y quiénes operan desde ellas.
Hasta podría negociarse rebaja de pena con los vendedores para que indiquen a quiénes les entregaban el producto de las ventas.
Este delito no es solamente contra la institución, sino también contra el país. Los beneficios que recibe Panamá a través de lo que recauda la Lotería son amplios y para fines nobles.
Lo que nuestra Lotería representa para el país hace de la venta de chances clandestinos, un crimen de lesa patria.
Los familiares dueños de la Casa Grande allanada, deberán explicar y demostrar con qué fondos adquirieron las propiedades que hoy tienen. Se impone verificar sus cuentas bancarias y sus montos, y de no poder comprobar cómo se enriquecieron, que se les decomise cuanto tengan y se haga de ello total entrega a la LNB.
Más aún, por crudo y doloroso que resulte, no importa cuán pobres y humildes sean los de la lista de vendedores, hay que castigarlos también, conforme señale la ley. Lamentamos que las autoridades no hayan hecho allanamientos simultáneos en las llamadas Casa Grande y que se les trate tal como hemos esbozado aquí. No obstante, debe ser muy fácil saber cuáles son, dónde están y quiénes operan desde ellas.
Hasta podría negociarse rebaja de pena con los vendedores para que indiquen a quiénes les entregaban el producto de las ventas.