Casas brujas en Villa Rosario
Capira es un distrito privilegiado por su geografía donde se alternan llanuras fértiles, suaves colinas y una región montañosa de clima templado, bañado por un entramado de ríos y quebradas que son su excepcional fuente vital. El único problema, que a la vez es una ventaja, es su cercanía a la capital.
Igual que La Chorrera, Capira viene padeciendo de una incesante presión migratoria campesina que avanza hacia el área canalera, en busca de las oportunidades que el sistema le deniega en su lugar de origen. Nadie, que no esté en situación desesperada, abandona su hogar y el de sus ancestros, a la buena de Dios.
Dolorosamente, es algo que veníamos advirtiendo en esta columna desde que observamos las primeras medidas que estaban golpeando el agro. Más temprano que tarde, dijimos, los campesinos privados de sus mercados, desplazados por las importaciones extranjeras, terminarán invadiendo y devastando los bosques canaleros, sin que haya entonces base militar alguna para contenerlos.
Ello a su vez, contaminará las fuentes de agua potable, incrementará la sedimentación en la vía acuática, amenazará el ecosistema y biodiversidad y empeorará la calidad de vida en el área metropolitana, con el aumento de la delincuencia, la marginación y la pobreza.
Primero, la punta de lanza de esa corriente, fue Loma Cobá. Ahora es Villa Rosario de Capira. No menos de 80 precarias viviendas de reciente construcción han sido levantadas en valiosos terrenos privados, situados a la orilla de la Interamericana. Las colinas dedicadas antes a la ganadería, están ahora tapizadas de caprichosas casitas de zinc, madera y cartón, en las que difícilmente puede caber una persona, salvo que duerma sentada.
La indiferencia gubernamental es proverbial y su ineptitud mucho peor. Nadie parece percatarse que detrás de esas primeras viviendas, vienen cientos y miles más; hasta que, llegado el momento, nadie esté a salvo. Volvemos a repetirlo: el canal, el lago Gatún y la cuenca canalera, serán las próxima víctimas. Hay veces que odiamos tener la razón.
Obviamente, quizás sólo un tercio de la migración sea legítima, si es que juzgamos por tal la precariedad social como detonante, pero el resto está formado por invasores profesionales e intermediarios que comercializan lo invadido. Eso es así en todo el país, incluyendo "La Zona" de La Villa de Los Santos.
Las autoridades del Ministerio de Vivienda, y de la Mujer, el Niño y la Familia, deben dejar de hacer menos relaciones públicas y realizar más trabajo de campo. Hay que levantar un urgente inventario social de los involucrados y adoptar soluciones prontas, antes que el problema se agrave y extienda.
Igual que La Chorrera, Capira viene padeciendo de una incesante presión migratoria campesina que avanza hacia el área canalera, en busca de las oportunidades que el sistema le deniega en su lugar de origen. Nadie, que no esté en situación desesperada, abandona su hogar y el de sus ancestros, a la buena de Dios.
Dolorosamente, es algo que veníamos advirtiendo en esta columna desde que observamos las primeras medidas que estaban golpeando el agro. Más temprano que tarde, dijimos, los campesinos privados de sus mercados, desplazados por las importaciones extranjeras, terminarán invadiendo y devastando los bosques canaleros, sin que haya entonces base militar alguna para contenerlos.
Ello a su vez, contaminará las fuentes de agua potable, incrementará la sedimentación en la vía acuática, amenazará el ecosistema y biodiversidad y empeorará la calidad de vida en el área metropolitana, con el aumento de la delincuencia, la marginación y la pobreza.
Primero, la punta de lanza de esa corriente, fue Loma Cobá. Ahora es Villa Rosario de Capira. No menos de 80 precarias viviendas de reciente construcción han sido levantadas en valiosos terrenos privados, situados a la orilla de la Interamericana. Las colinas dedicadas antes a la ganadería, están ahora tapizadas de caprichosas casitas de zinc, madera y cartón, en las que difícilmente puede caber una persona, salvo que duerma sentada.
La indiferencia gubernamental es proverbial y su ineptitud mucho peor. Nadie parece percatarse que detrás de esas primeras viviendas, vienen cientos y miles más; hasta que, llegado el momento, nadie esté a salvo. Volvemos a repetirlo: el canal, el lago Gatún y la cuenca canalera, serán las próxima víctimas. Hay veces que odiamos tener la razón.
Obviamente, quizás sólo un tercio de la migración sea legítima, si es que juzgamos por tal la precariedad social como detonante, pero el resto está formado por invasores profesionales e intermediarios que comercializan lo invadido. Eso es así en todo el país, incluyendo "La Zona" de La Villa de Los Santos.
Las autoridades del Ministerio de Vivienda, y de la Mujer, el Niño y la Familia, deben dejar de hacer menos relaciones públicas y realizar más trabajo de campo. Hay que levantar un urgente inventario social de los involucrados y adoptar soluciones prontas, antes que el problema se agrave y extienda.