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Casas e inversión


Cuando construir casas se convierte en un negocio rentable, todo el mundo piensa en hacerlas. Hasta hace unos cuatro años el subsector de la construcción se vio favorecido con la reducción de un tope mínimo del 10% sobre el arancel de importación de los materiales y otras edificaciones. Esto se logró mediante los decretos leyes que se promulgaban y que permitían la adhesión de Panamá a las normativas de la OMC, la Organización Mundial de Comercio. Otra ley que vino a favorecer a la industria de la construcción fue la prórroga (hasta el 2004), a la ley de intereses preferenciales, por el cual los ciudadanos podían accesar a la adquisición de nuevas viviendas con tasas de intereses, sobre financiamiento, no tan leoninas.
Muchos de los proyectos de viviendas que hoy se construyen resultan prohibitivos para algunos sectores de la población. Para adquirir una vivienda, de no ser el contado, se requiere de una permanencia en el empleo y del suficiente ingreso para hacer frente al pago mensual de la misma. Se considera que en los actuales momentos las cosas no están para adquirir viviendas o para asumir nuevos gastos. Mas un examen exhaustivo de la situación a la postre demostraría otra cosa. Esa es una hipótesis que se formula a raíz de la situación.
En Panamá hay una buena cantidad de población que habita en inmuebles ya desgastados; en otro caso desahuciados o condenadas. En San Miguelito desde hace más de diez años se inició un proceso de reubicación de los pobladores que empezaban a buscar nuevos albergues; el distrito de Arraiján, por ejemplo. Por otro lado, está otro contingente de pobladores (los más jóvenes) que al separarse de la familia, necesitan nuevas tierras o barriadas para así crear allí una nueva familia.
Si realizamos una encuesta en la población, podríamos ubicar y sumar este total de la población que está en la búsqueda de nuevas viviendas y, por consiguiente, obtendríamos también el precio o cantidad de dinero que podrían pagar por estas nuevas viviendas. Es más, podríamos consultar este dato en el último censo de población y vivienda de la Contraloría General de la República.
En este país, hemos observado que algunos sectores industriales están construyendo locales que darán lugar a nuevas fábricas u otros negocios. El problema con la inversión es que ésta se asusta ante nuevos acontecimientos o ante los presagios de un futuro incierto. Pero hay una realidad, la población sigue aumentando, (1.7% aproximadamente) y se requieren casas para que la gente viva. A veces la inversión toma la forma de un conejo que no sale de su madriguera hasta que deja de escuchar los latidos del perro. Esto pasa en Panamá, la inversión está asustada, y hay tantos lugares en donde se necesita.
Le paso la mano a cualquier proyectista que en estos momentos tenga ocioso un par de milloncitos para invertirlos en viviendas para un sector de la población que está dispuesta a pagar un justo precio.
Es así como se hizo de un estilo propio con el fuego. "Los primeros días me quemaba los vellos y hasta las pestañas, así que practiqué y practiqué hasta lograrlo".
Luego de unos tres meses Jesús estaba en la calle. "Me costaba porque después de haber tenido mi propio restaurante y que la gente lo supiera ahora me verían haciendo esto. Pero no me importó, tenía que ganarme algo".
Al llegar a Panamá Jesús mantuvo aquel ímpetu. De hecho "aquí no conocía a la gente, así que decidí hacer lo mismo". Y es que esta práctica requiere no sólo de habilidad, sino también una combinación de aritmética, dominio y hasta carisma y este cartagenero ha sabido mezclarlos todos como su más famosa receta de cocina con un ingrediente adicional: el aplomo.
"Los semáforos duran unos 90 segundos, yo sé entonces que debo dedicarle unos 50 al show y el resto para poder hacer el recorrido (vehículo por vehículo) para ganarme algo", explica.
Para este momento de la entrevista Jesús ya había echado a su maletita donde llevaba los chacos, la tristeza de su futuro incierto, prefería revelar detalles de su destreza, que refuerza con dos horas diarias de práctica y que dijo estar dispuesto a compartir con otros panameños que quieran aprender.
"Me gusta tu demencia", "ta" pretty", "oye ta" bueno eso", son algunos de los elogios que ha logrado arrancar el acróbata al público capitalino, que en ocasiones ha optado por transitar más de una vez por esa vía sólo para verlo.
"Siempre me gustó la cocina", reitera por lo que por muchos años anduvo de restaurante en restaurante de la costa "aprendiendo de todo un poco".
De mesero pronto llegó a ser administrador, luego de ganarle el prestigio a otro local, gracias a sus recetas y su modo particular de anunciarse. "La gente llegaba y me pedía mis platos porque les explicaba todo lo que llevaban y eso gustó mucho".
Sus penas en los negocios no encontraron refugio ni siquiera en el amor. "No me fue muy bien". Y entre una y otra cosa, Jesús salió de Medellín por donde anduvo casi siete años ganando lo necesario para sobrevivir y en agosto del año pasado sus dotes como chef cedieron ante la falta de recursos y dieron paso a las acrobacias "calientes, con fuego y mucho arte".
Aunque hoy su astucia y creatividad han sido poco en un país en el que la violencia sin cuartel parece gobernar a sus anchas, Jesús no pierde las esperanzas de volver "porque esa es mi tierra y la adoro".
Y mientras se despedía aprovechó para aclarar: "El ambiente no me ha dejado prosperar pero tengo muchas ganas... eso sobra" y rápidamente nos recomendó su filete de pargo a la tosquera que va sudado en leche de coco con tomate, cebolla pimentón y vino blanco... "ah y no olvide su toquecito de pimienta"...

101 años de Panamá América

 
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