Castro pierde vigencia
Dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Esa es la impresión que dejó el líder cubano Fidel Castro ante la primera cumbre de la Unión Europea (UE) y los países de Latinoamérica y el Caribe que se celebró esta semana en Río de Janeiro.
Según los comentarios de diplomáticos y observadores que asistieron a la reunión, pareciera que Castro ha dejado de tener vigencia en los grandes debates sobre los efectos de la globalización y otros fenómenos de fin de siglo, para convertirse, en la frase de un canciller sudamericano, en "una figura folclórica".
"Esta no es una observación de orden política sino más bien generacional," señaló el diplomático en una conversación telefónica con este corresponsal. "No hay duda de que una vez fue una gran figura carismática, pero con el tiempo fue rebasado por una nueva configuración política mundial de la posguerra fría y ahora ha quedado fuera del diálogo de la realidad actual".
Sin embargo políticos europeos que se encontraron con el legendario líder cubano por primera vez no ocultaron su admiración.
"Piensen lo que quieran de él," exclamó el canciller alemán Gerhard Schroeder después de una reunión privada con Castro, "nadie puede negar que es una gran figura histórica".
Pero los que quizás quedaron más frustrados con el último de los grandes caudillos del hemisferio son algunos de los jefes de Estado y políticos que más defendieron a Castro y más enfáticos fueron en condenar al boicot económico de Estados Unidos, como Brasil, Canadá y algunas de las ex colonias británicas del Caribe.
Estos descubrieron, al igual que Felipe González, el ex jefe de Gobierno de España, lo hizo hace años durante las cumbres iberoamericanas, que Castro no cede ni ante ruegos ni amenaza cuando hasta sus más apegados defensores le instaron que abra su gobierno a la democracia y adopte una política más tolerante hacia la crítica.
Las esperanzas que animaban a estos "friends of Fidel" que el viaje del Papa Juan Pablo II el pasado año serviría de marco para una amnistía general para los presos políticos y una mayor libertad de expresión en Cuba, se desvanecieron este año con la adopción de medidas aún más severas para reprimir la oposición.
"Lo extraordinario es que Fidel Castro considera que él es el único que tiene la razón y que todo el resto del continente está equivocado," apuntó el diplomático que conversó con este corresponsal. "Eso se nota porque apenas uno toca un tema que no es de su agrado, frunce el ceño y ya deja de escuchar".
Quizás el cambio más dramático ha sido el de Canadá, un gobierno que viene ayudando al gobierno cubano económicamente durante más de 37 años, pero cuyo jefe de Estado y canciller han decidido abortar unas próximas reuniones de alto nivel a causa del endurecimiento político interno en Cuba.
El análisis del papel de Castro en la cumbre de Río por parte de altos funcionarios también tiende a enfatizar la pérdida de vigencia política del líder cubano en los grandes foros internacionales.
"Río se presentó como una gran oportunidad para Castro entrar en sus filípicas contra el "imperialismo yanqui", pero esta vez no le pegó ni una, quizás porque se dio cuenta que el ambiente ya no estaba para esto," dijo uno de los principales asesores de Clinton en política hemisférica.
"Con lo complejo y agonizante que fue la intervención de Kosovo,
Según los comentarios de diplomáticos y observadores que asistieron a la reunión, pareciera que Castro ha dejado de tener vigencia en los grandes debates sobre los efectos de la globalización y otros fenómenos de fin de siglo, para convertirse, en la frase de un canciller sudamericano, en "una figura folclórica".
"Esta no es una observación de orden política sino más bien generacional," señaló el diplomático en una conversación telefónica con este corresponsal. "No hay duda de que una vez fue una gran figura carismática, pero con el tiempo fue rebasado por una nueva configuración política mundial de la posguerra fría y ahora ha quedado fuera del diálogo de la realidad actual".
Sin embargo políticos europeos que se encontraron con el legendario líder cubano por primera vez no ocultaron su admiración.
"Piensen lo que quieran de él," exclamó el canciller alemán Gerhard Schroeder después de una reunión privada con Castro, "nadie puede negar que es una gran figura histórica".
Pero los que quizás quedaron más frustrados con el último de los grandes caudillos del hemisferio son algunos de los jefes de Estado y políticos que más defendieron a Castro y más enfáticos fueron en condenar al boicot económico de Estados Unidos, como Brasil, Canadá y algunas de las ex colonias británicas del Caribe.
Estos descubrieron, al igual que Felipe González, el ex jefe de Gobierno de España, lo hizo hace años durante las cumbres iberoamericanas, que Castro no cede ni ante ruegos ni amenaza cuando hasta sus más apegados defensores le instaron que abra su gobierno a la democracia y adopte una política más tolerante hacia la crítica.
Las esperanzas que animaban a estos "friends of Fidel" que el viaje del Papa Juan Pablo II el pasado año serviría de marco para una amnistía general para los presos políticos y una mayor libertad de expresión en Cuba, se desvanecieron este año con la adopción de medidas aún más severas para reprimir la oposición.
"Lo extraordinario es que Fidel Castro considera que él es el único que tiene la razón y que todo el resto del continente está equivocado," apuntó el diplomático que conversó con este corresponsal. "Eso se nota porque apenas uno toca un tema que no es de su agrado, frunce el ceño y ya deja de escuchar".
Quizás el cambio más dramático ha sido el de Canadá, un gobierno que viene ayudando al gobierno cubano económicamente durante más de 37 años, pero cuyo jefe de Estado y canciller han decidido abortar unas próximas reuniones de alto nivel a causa del endurecimiento político interno en Cuba.
El análisis del papel de Castro en la cumbre de Río por parte de altos funcionarios también tiende a enfatizar la pérdida de vigencia política del líder cubano en los grandes foros internacionales.
"Río se presentó como una gran oportunidad para Castro entrar en sus filípicas contra el "imperialismo yanqui", pero esta vez no le pegó ni una, quizás porque se dio cuenta que el ambiente ya no estaba para esto," dijo uno de los principales asesores de Clinton en política hemisférica.
"Con lo complejo y agonizante que fue la intervención de Kosovo,