Catástrofe: Signo de los tiempos
SIGNO ES algo que conocido te lleva al conocimiento de otro. La frase "signo de los tiempos" entiendo que es de uso en el campo de la teología. En un sentido extensivo, podemos aplicarla a otros hechos que conocemos y que nos obligan a pensar en otros.
Al terminar un año y comenzar uno nuevo, lo más adecuado es desearnos mutuamente y recíprocamente lo mejor o igual de bueno que el tiempo ya consumido, para el nuevo año que comenzamos. Terminábamos el 2004 a nivel universal, con un signo muy notable de nuestros tiempos.
Gracias a la tecnología del iconoscopio nos hemos enterado visualmente y casi instantáneamente de los destrozos causados por el maremoto en el golfo de Bengala del Mar Indico. Se le conoce como tsunami, palabra de origen japonés conocida desde 1907 y cuya traducción al inglés es "Tidal wave", que para nosotros es maremoto o terremoto marino.
Los datos, las cifras, varían de un día a otro, de un minuto a otro y en último término tienen las dimensiones macro cósmicas que se esperan de tan violenta expresión de la naturaleza. A la fecha hemos variado desde 80,000 a 120,000 muertos. Para los escatologistas, es decir, los que se encuadran y enfocan dentro de las creencias y doctrinas referentes a vida de ultratumba, leerán en este hecho indicaciones de que el final del mundo está cerca. Lo cual nadie lo sabe. Por otro lado, en el mismo evangelio sinóptico en la sección apocalíptica, se anuncian guerras y discordias y cambios violentos de la naturaleza, y el autor eclesiástico pone en labios de Jesús diciendo que todo esto tiene que suceder "pero todavía no es el fin".
Para los fundamentalistas, lógicamente, tienen que decir que llegó el castigo ante tanta corrupción, ante tanto desenfreno sexual y olvido de Dios y sentimos discrepar de ellos porque es tener una visión de un Dios nada misericordioso. Dios no castiga, los que nos castigamos somos nosotros los humanos tratando de abusar de la naturaleza.
Creemos que en este caso no hay que echarle la culpa a nadie, ya que se trata de un fenómeno telúrico ocurrido en las profundidades del mar generando la onda sísmica cargada de energía que activó la masa líquida imprimiéndole una velocidad de 400 a 500 km/hr, velocidad, según entendidos, de un jet. En un radio de 5,000 Kms., como de Panamá hasta más allá de Guatemala, la onda expansiva se propagó destruyendo a su paso todo lo que encontró en las costas de Indonesia, Sri Lanka, Sumatra hacia el sur , y llegando hacia el oeste al litoral de la India, sembrando a su paso muerte y desgracia y llegando hasta las playas africanas.
Se le considera como una de las catástrofes mayores de los últimos tiempos. Refrescando la memoria de estos aciagos eventos han existido huracanes, tifones, ventiscas, tormentas, inundaciones, terremotos, maremotos, incendios forestales, explosiones, accidentes nucleares, y en todos ellos las víctimas se numeran por miles.
Confrontando los registros de catástrofes, sucesos infaustos que han alterado el orden regular de las cosas, nos encontramos que en 1887 en el río Huang He de China perecieron 900,000 y la cifra mayor registrada en ese mismo río en agosto de 1931 murieron 3, 700,000. Por terremotos solos, también en China en 1920, en diciembre 16 y en ese mismo territorio en 1927, en Nan - Shan, 200,000 muertos. Como cifras comparativas. La desgracia reciente, según algunos cálculos de la Cruz Roja Internacional, asumen que sobrepasan los 100,000.
Buscar explicaciones nos lleva a concluir que no hay explicaciones sobre sus causas últimas y que esos hechos nos indican los misterios aún impredecibles energéticos, a pesar de tantos avances de la ciencia y tecnología, de nuestro planeta que en cualquier momento nos sale con estas desagradables sorpresas.
La vida de los hombres está pendiente de un hilo. Contrario a lo que muchos prepotentes se forjan en sus planes y sólo nos queda repetir aquello "de hoy por mí y mañana por ti". Se impone una actitud de humildad y de solidaridad como la que en forma universal y desinteresada se está llevando a cabo, como signos de los tiempos que nos toca vivir y aprender a leer.
Al terminar un año y comenzar uno nuevo, lo más adecuado es desearnos mutuamente y recíprocamente lo mejor o igual de bueno que el tiempo ya consumido, para el nuevo año que comenzamos. Terminábamos el 2004 a nivel universal, con un signo muy notable de nuestros tiempos.
Gracias a la tecnología del iconoscopio nos hemos enterado visualmente y casi instantáneamente de los destrozos causados por el maremoto en el golfo de Bengala del Mar Indico. Se le conoce como tsunami, palabra de origen japonés conocida desde 1907 y cuya traducción al inglés es "Tidal wave", que para nosotros es maremoto o terremoto marino.
Los datos, las cifras, varían de un día a otro, de un minuto a otro y en último término tienen las dimensiones macro cósmicas que se esperan de tan violenta expresión de la naturaleza. A la fecha hemos variado desde 80,000 a 120,000 muertos. Para los escatologistas, es decir, los que se encuadran y enfocan dentro de las creencias y doctrinas referentes a vida de ultratumba, leerán en este hecho indicaciones de que el final del mundo está cerca. Lo cual nadie lo sabe. Por otro lado, en el mismo evangelio sinóptico en la sección apocalíptica, se anuncian guerras y discordias y cambios violentos de la naturaleza, y el autor eclesiástico pone en labios de Jesús diciendo que todo esto tiene que suceder "pero todavía no es el fin".
Para los fundamentalistas, lógicamente, tienen que decir que llegó el castigo ante tanta corrupción, ante tanto desenfreno sexual y olvido de Dios y sentimos discrepar de ellos porque es tener una visión de un Dios nada misericordioso. Dios no castiga, los que nos castigamos somos nosotros los humanos tratando de abusar de la naturaleza.
Creemos que en este caso no hay que echarle la culpa a nadie, ya que se trata de un fenómeno telúrico ocurrido en las profundidades del mar generando la onda sísmica cargada de energía que activó la masa líquida imprimiéndole una velocidad de 400 a 500 km/hr, velocidad, según entendidos, de un jet. En un radio de 5,000 Kms., como de Panamá hasta más allá de Guatemala, la onda expansiva se propagó destruyendo a su paso todo lo que encontró en las costas de Indonesia, Sri Lanka, Sumatra hacia el sur , y llegando hacia el oeste al litoral de la India, sembrando a su paso muerte y desgracia y llegando hasta las playas africanas.
Se le considera como una de las catástrofes mayores de los últimos tiempos. Refrescando la memoria de estos aciagos eventos han existido huracanes, tifones, ventiscas, tormentas, inundaciones, terremotos, maremotos, incendios forestales, explosiones, accidentes nucleares, y en todos ellos las víctimas se numeran por miles.
Confrontando los registros de catástrofes, sucesos infaustos que han alterado el orden regular de las cosas, nos encontramos que en 1887 en el río Huang He de China perecieron 900,000 y la cifra mayor registrada en ese mismo río en agosto de 1931 murieron 3, 700,000. Por terremotos solos, también en China en 1920, en diciembre 16 y en ese mismo territorio en 1927, en Nan - Shan, 200,000 muertos. Como cifras comparativas. La desgracia reciente, según algunos cálculos de la Cruz Roja Internacional, asumen que sobrepasan los 100,000.
Buscar explicaciones nos lleva a concluir que no hay explicaciones sobre sus causas últimas y que esos hechos nos indican los misterios aún impredecibles energéticos, a pesar de tantos avances de la ciencia y tecnología, de nuestro planeta que en cualquier momento nos sale con estas desagradables sorpresas.
La vida de los hombres está pendiente de un hilo. Contrario a lo que muchos prepotentes se forjan en sus planes y sólo nos queda repetir aquello "de hoy por mí y mañana por ti". Se impone una actitud de humildad y de solidaridad como la que en forma universal y desinteresada se está llevando a cabo, como signos de los tiempos que nos toca vivir y aprender a leer.